Extradición de Alberto Fujimori: Lo que se nos viene
Alberto Fujimori Peru mafiapor Marco Antonio Flores Villanueva
desde Boston, USA


Con la extradición de Alberto Fujimori, declarada procedente por la Segunda Sala Penal de la Corte Suprema de Chile, se abre un nuevo capítulo en la historia de la política nacional. La noticia, que nos satisface enormemente, producirá, sin embargo, un dramático reordenamiento del tablero político del país y con pronóstico reservado.

En primer término, la tácita alianza parlamentaria entre el Aprismo alanista y el fujimorismo está en la mira. Un indicio de lo que pueda suceder en el futuro cercano con esa alianza lo tendremos muy pronto, cuando el Congreso de la República vote la interpelación del Ministro del Interior.

El voto del fujimorismo a favor o en contra de la interpelación del Ministro del Interior será una especie de preaviso en un mismo sentido para el Aprismo alanista en torno a la estrategia que asumirán los corifeos del dictador. Si lo primero, el Ejecutivo puede darse por notificado que la mano dura primará en el fujimorismo parlamentario para forzar una situación que haga más favorable los esfuerzos de los abogados del dictador para salvarlo de una condena judicial. Si lo segundo, un voto en contra de la interpelación al Ministro del Interior, es decir una diplomática y amigable "mano extendida" por el fujimorismo parlamentario al Aprismo alanista, indicará que la alianza continuará, pero condicionada a una sucia correspondencia con su líder por parte del Ejecutivo.

Pero en ambos casos —y como consecuencia directa de los magros resultados parlamentarios obtenidos por la dirigencia del Aprismo alanista en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 2006—, me temo mucho que el alanismo se encuentra maniatado y que la independencia del Poder Judicial para procesar al dictador estará expuesta irremediablemente a las presiones del Ejecutivo. En segundo término, y como producto de la precaria posición parlamentaria del oficialismo, la democracia del Perú podría peligrar. Porque cabe la posibilidad que el presidente decida "patear el tablero" y cerrar un congreso "obstruccionista". No olvidemos las amenazantes palabras del candidato García durante la campaña electoral. No tuvo ningún reparo en señalar, con supuesto argumentos constitucionales, que estaría dispuesto a cerrar el Congreso si encontrara en el parlamento resistencia a la voluntad del pueblo que lo eligió.

En ese caso habrá que recordarle al Presidente García que la solución NO es DISOLVER el Congreso (frase con reminiscencias ahora paradójicas). La solución, señor presidente, recuérdelo bien, se encuentra todavía escrita en blanco y negro en su Plan de Gobierno, específicamente en el rubro "Reforma del Estado" y en cuyo texto se comprometió, en el plazo de 180 días de iniciado su mandato, a establecer la renovación por tercios del congreso de la república a la mitad del período presidencial.

Y esa también sería la solución más apropiada para el pueblo del Perú. Porque permitirá despedir del Congreso de la República, dentro del marco constitucional, a dos fuerzas parlamentarias que están reproduciendo más pobreza y más corrupción en el país: El Aprismo alanista, rendido vergonzosamente a la plutocracia nacional, y el fujimorismo putrefacto y despreciable, asesino de la democracia y los derechos humanos.

Boston, 21 de setiembre del 2007

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