rafagas libia ago 2011Phil Greaves / Global Research
Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Un informe de Jake Tapper de CNN ha vuelto a colocar el “Bengasi-Gate” en el primer plano de los medios estadounidenses. El informe afirma que “docenas” de agentes de la CIA se encontraban en el terreno en Bengasi la noche del ataque, y que la CIA hace todo lo posible a fin de evitar que detalles sobre ellos y su paradero sean conocidos. El informe dice que la CIA está involucrada en intentos “sin precedentes” para impedir  filtraciones de sus empleados, y en “intimidación” para mantener ocultos los secretos de Bengasi, llegando supuestamente a cambiar los nombres de los agentes de la CIA, “dispersándolos” por todo el país.

Se sospecha que esto tiene un solo y claro propósito: ocultar la culpabilidad de la CIA en el suministro de armas a conocidos extremistas en Libia y Siria. Además, el informe de CNN alude al suministro por la CIA de “misiles tierra-aire” de Bengasi a rebeldes en Siria, pero esto podría ser solo la punta del iceberg. El informe dice a continuación:

“Algunas fuentes informan ahora a CNN de que docenas de personas que trabajan para la CIA estaban sobre el terreno esa noche, y que la agencia hace todo lo posible que, sea lo que sea lo que estaba haciendo, siga siendo un secreto. CNN se ha enterado de que la CIA está involucrada en lo que una fuente llama un intento sin precedentes para evitar que los secretos de la agencia de espionaje en Bengasi salgan a la luz algún día.

Desde enero, algunos agentes de la CIA involucrados en las misiones de la agencia en Libia han sido sometidos a frecuentes, incluso mensuales, exámenes de polígrafo, según una fuente con un profundo conocimiento interno del funcionamiento de la agencia. El objetivo de los interrogatorios, según las fuentes, es descubrir si alguien está hablando con los medios o el Congreso. Esto se describe como pura intimidación, con la amenaza de que cualquier empleado de la CIA no autorizado que filtre información podría encontrarse ante el fin de su carrera.

La especulación en el Congreso ha incluido la posibilidad de que agencias estadounidenses que actúan en Bengasi hayan estado ayudando en secreto a sacar de Libia misiles tierra-aire, pasando por Turquía, para entregarlos a los rebeldes sirios.”

Aunque Arabia Saudita ha recibido amablemente la “tarjeta siria” de EE. UU. —y el príncipe Bandar ha vuelto a convertirse en el “Príncipe de la Yihad”—, ya es de conocimiento común que desde el principio de la crisis siria, Qatar ha estado a la vanguardia del suministro de armas y fondos a los elementos políticos y combatientes de la llamada “oposición”. Esto incluía indudablemente apoyo tácito a los elementos radicales dominantes en la plétora de brigadas en el terreno en Siria; y Yabhat al-Nusra es el beneficiario obvio de la generosidad qatarí. Antes este año se informó que la CIA había estado en “consultas” directas con la red de contrabandistas de armas de la monarquía qatarí, dirigida primordialmente desde el palacio del Emir en Doha. En consecuencia, parece seguro que tanto la CIA como la inteligencia qatarí estuvieron involucrados en una operación de embarque de existencias de armas de los “rebeldes” en Libia a los “rebeldes” en Siria, dos ramas que están inextricablemente vinculadas a afiliados de al-Qaida y a militantes salafistas-yihadistas radicales.

Un informe del New York Times del 30 de marzo de 2011 revela que la CIA había estado activa en Libia “durante semanas”, a fin de reunir información para ataques aéreos [de la OTAN], y para contactar y “examinar” a los rebeldes que combatían contra las “fuerzas de Gadafi”. El informe del New York Times también señala que Obama había firmado una conclusión presidencial en las semanas anteriores, que autorizaba a la CIA a armar y financiar a los rebeldes. Además, el Independent reveló en marzo de 2011 que Obama había solicitado que Arabia Saudita suministrara armas a los militantes libios. Obama también había dado su acuerdo para que Qatar y los Emiratos Árabes Unidos embarcaran armas hacia Bengasi, instándolos a suministrar armas no fabricadas en EE. UU. para evitar sospechas, en violación de la Zona de Exclusión Aérea y el embargo de armas que había ayudado a imponer; y todo en violación total de la Constitución de EE. UU. y del derecho internacional.

Las autoridades libias han hecho pocos esfuerzos por disociarse de informes de embarques de armas en gran escala enviados a Siria partiendo del puerto de Bengasi. Como dice un informe del Consejo de Seguridad de la ONU, es casi seguro que el tamaño, los requerimientos monetarios y logísticos para organizar una entrega semejante requerirían por lo menos algún conocimiento y ayuda del gobierno local, según ha admitido abiertamente un miembro del congreso libio. Además, en un informe del Telegraph de noviembre de 2011, se señala que el comandante militar libio post-Gadafi Abdel Hakim Belhadj —ampliamente considerado como el exlíder del afiliado de al-Qaida, el Grupo Islámico Libio de Combate (LIFG), y personaje dirigente en el levantamiento combatiente contra Gadafi— visitó en Turquía a miembros del “Ejército Libre Sirio (ELS) de la oposición siria para discutir el envío de “dinero y armas”, y también discutió sobre “combatientes libios para adiestrar a las tropas [sirias]”.

En un informe de Fox News de diciembre de 2012 un “Expedidor Internacional de Carga” reveló que embarques de armas de Libia a Siria comenzaron “casi de inmediato después de la caída de Muamar Gadafi” (octubre de 2011) y que habían continuado semanalmente desde múltiples puertos incluyendo a Misurata y Bengasi. Se informó que algunos de los embarques de las “fuentes” excedían las 600 toneladas. El informe cita a continuación a “fuentes” anónimas en el terreno en Bengasi que afirmaron que: “Las armas y los combatientes iban con seguridad a Siria, y es seguro que EE. UU. estaba totalmente informado al respecto,  aunque la mayoría de los embarques terminaron después del ataque contra el consulado estadounidense.”

Además, un amplio informe de la ONU del grupo de expertos del Consejo de Seguridad, de abril de 2013, también destaca la proliferación ilegal generalizada de armas en toda Libia, y su filtración a través de las fronteras. El informe señaló que las armas alimentaban conflictos de Siria a Malí, y que salían de Libia a un “ritmo alarmante”. Qatar y los Emiratos Árabes Unidos fueron culpados en el informe de la ONU por flagrantes violaciones del embargo de armas durante el “levantamiento” de 2011 contra Gadafi; el informe reveló que se había permitido que múltiples embarques qataríes de armas llegaran a Libia con pleno conocimiento y aquiescencia de la OTAN, de un modo muy semejante a cómo se había permitido que fluyeran a Turquía desde Qatar, con Siria como destino final.

Elementos de la dirigencia “militar” libia tienen indudablemente fuertes vínculos con antiguos afiliados de al-Qaida y llegaron al poder gracias a la generosidad y a las fuerzas especiales qataríes, la coordinación de la CIA y la fuerza aérea de la OTAN. Considerando esto, no es difícil imaginar que los mismos protagonistas estarían dispuestos a hacer la vista gorda ante lo que se ha convertido en una ruta abierta y constante para el contrabando de armas libias hacia Siria, como lo vuelve a demostrar este informe del 18 de junio de 2013 de Reuters, titulado: “Las aventuras de un traficante de armas libio en Siria”:

“Abdul Basit Harún (excomandante de la ‘brigada 17 de febrero’) dice que está detrás de algunos de los mayores embarques de armas de Libia a Siria, que entrega en vuelos chárter a países vecinos y luego pasa de contrabando por la frontera… Un reportero de Reuters fue llevado a un sitio no revelado en Bengasi a fin de que viera un contenedor de armas que era preparado para entrega a Siria. Estaba repleto de cajas de municiones, lanzacohetes y varios tipos de armas ligeras y medianas.”

“Harún dice que recolecta armas en todo el país y organiza que sean entregadas a los rebeldes sirios gracias a sus contactos en Libia y en el exterior. ‘Saben que estamos armando con fusiles a Siria’, dijo Harún. ‘Todos lo saben’. Parece que sus actividades en el tráfico de armas son bien conocidas, por lo menos en el este de Libia. Altos funcionarios en el ejército y el gobierno de Libia dijeron a Reuters que respaldaban el suministro de armas a la oposición siria, mientras un miembro del congreso de Libia dijo que Harún estaba haciendo un excelente trabajo de ayuda a los rebeldes sirios.”

Además, según un reciente informe en el New York Times del 29 de junio de 2013, Qatar ha estado realizando embarques de armas a “rebeldes” en Siria desde Libia, por lo menos desde el mismo tiempo en el que “aumentaron los esfuerzos” por derrocar al coronel Gadafi. En consecuencia, esto sólo puede interpretarse como que Qatar inició los embarques de armas a Siria —desde Bengasi— antes del asesinato de Gadafi, o sea antes de octubre de 2011.

Es muy plausible que Bengasi haya sido realmente un programa de “recuperación” de armas dirigido por la CIA, con la “posible” intención ulterior de enviar esas armas a Siria. Como ha confirmado el Departamento de Estado, asignó 40 millones de dólares para la compra y “recolección” de armas utilizadas durante el conflicto en Libia, incluyendo un arsenal “faltante” de hasta 20.000 misiles portátiles tierra-aire, de los cuales se carece de información de por lo menos 15.000. Un informe escrito por exmiembros de las fuerzas especiales de EE. UU. que sirvieron en Libia, titulado “Bengasi: el informe definitivo”, afirma que el “consulado” y el programa de almacenamiento de armas eran dirigidos enteramente por John Brennan —en aquel entonces Consejero Nacional de Seguridad de Obama y ahora director de la CIA— y fuera de la cadena de comando usual de la CIA con el único propósito de “llevar las armas almacenadas al otro conflicto,  posiblemente Siria”. Además, también habría que señalar que varias destacadas personalidades del gobierno de EE. UU. (Clinton, Brennan, Petraeus, et al) cabildeaban abiertamente a favor de esa política; esto agrega la posibilidad de que ciertos actores dentro del gobierno o las numerosas facciones del Complejo Militar Industrial pueden haber estado actuando sin el consentimiento específico del gobierno de Obama, o preparado la logística para cumplir esa política en el futuro. Por tanto, una posible explicación del ataque contra el “consulado” —que ahora podemos suponer que era un depósito de armas operado por la CIA— era la renuencia pública del gobierno de Obama de suministrar MANPADS u otro armamento pesado específico a los rebeldes que combatían en Siria. Además, los autores de “Bengasi: el informe definitivo” afirman que John Brennan estaba atacando a milicias islamistas de la línea dura en Libia mediante ataques de drones y operaciones especiales, lo que podría haber suministrado otro pretexto para el ataque. Ciertas facciones rebeldes, sus donantes regionales o sus afiliados libios pueden haberse sentido agraviados y decidido actuar contra la CIA e intentar apoderarse de las armas por su propia voluntad.

Es bastante posible que la ruta de armas libias a Siria haya estado funcionando desde que fuerzas especiales qataríes (y occidentales) y sus testaferros libios afiliados de al-Qaida se apoderaron de Bengasi. Por su parte, los embarques a Siria aumentaron gradualmente a medida que se podía disponer de los arsenales de Gadafi y se expandían las posibilidades ilegales dentro de Libia. Estos hechos también podrían explicar el que combatientes de origen libio representen un elevado porcentaje de los combatientes extranjeros dentro de las filas de la oposición; un reciente estudio establece que los combatientes libios representan a más de un veinte por ciento de los muertos extranjeros. Si ciertamente Qatar estaba coordinando los embarques de armas de Libia a Siria durante las primeras etapas de la crisis siria en 2011, y la CIA también ha estado “consultando” los embarques qataríes y sus puntos de tránsito a través de Turquía, vuelven las dudas respecto a la narrativa y la línea de tiempo simplista dominante de que el conflicto en Siria sólo estalló por la represión de manifestantes pacíficos, y posteriormente se convirtió en una guerra civil hecha y derecha.

La revelación de la cadena de eventos que condujeron al ataque contra el “consulado” de EE. UU. y de la variedad de milicias que EE. UU. y sus aliados estaban armando en Libia podría revelar toda la dimensión del apoyo del gobierno de Obama a fuerzas extremistas que actuaban y actúan por encargo en Siria. Lo que podría explicar los acuciosos intentos del gobierno de sofocar todo debate o cuestionamiento serio de los eventos que rodean Bengasi.

Al-Ahednews, 20-08-2013


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