Padre Gastón Garatea sin licencia ministerial por aprobar unión civil de homosexuales

gaston garatea 1Garatea opinó contra la moral católica precisada por el Vaticano

El Arzobispado de Lima no renovó la liencia ministerial del padre Gastón Garatea por haberse pronunciado contra la moral católica al hablar a favor de la unión civil entre homosexuales.

“No podré oficiar misas, ni tomar confesiones”, admitió Garatea y precisó que cuando vino a Lima le dieron una licencia ministerial con vigencia de dos años.

“Cuando caducó, pedí la renovación”, explicó Garatea a Peru.com y dijo que acatará la decisión del máximo representante de la Iglesia Católica peruana.

Garatea había dicho que si la unión civil entre homosexuales es la voluntad de la gente, “tiene todo el derecho de unirse. Podemos estar en contra de un matrimonio entre personas del mismo sexo, pero una unión civil no hay problema”.

El citado sacerdote fue presidente de la Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza, con la que participó también en el Acuerdo Nacional. Además fue comisionado de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Falta de preparación de los sacerdotes

La posición de la Iglesia Católica sobre el matrimonio o unión civil entre homosexuales fue establecida con claridad por el Vaticano, que precisó su carácter inmoral.

No basta que los sacerdotes se ocupen de los pobres y derechos humanos, deben estudiar lo que la Iglesia enseña y no predicar doctrina contraria.

Tiene razón el Arzobispado en suspender a los religiosos que corroen de esta forma las enseñanzas católicas, pues cuando un sacerdote habla la gente cree que eso es la doctrina de la Iglesia Católica. Deberían estudiar más.

Sobre las uniones entre homosexuales, en junio de 2003, el cardenal Joseph Ratzinger —hoy Benedicto XVI—, en su calidad de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó el documento  Consideraciones acerca de los proyectos sobre reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, que refleja los lineamientos más actualizados de la moral católica sobre esta materia.

El documento señala que la homosexualidad es para la Iglesia inmoral, antinatural y dañina; y la Sagrada Escritura considera a los actos homosexuales graves depravaciones (Rm. 1:24-27, 1 Cor. 6:9, 1 Ti 1:10). La forma más grave es la manifestación pública de esa conducta; así, los actos homosexuales son más graves cuando suceden fuera de los límites de la intimidad y se hacen públicos.

El documento recuerda que el matrimonio ha sido fundado por el Creador para ser núcleo de fecundidad y nuevas familias (Gén. 2:24, 1:28), fue instituido como sacramento por Jesús (Ef. 5:32):

La función de la ley civil es ciertamente más limitada que la de la ley moral,(11) pero aquélla no puede entrar en contradicción con la recta razón sin perder la fuerza de obligar en conciencia.(12) Toda ley propuesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto es conforme con la ley moral natural, reconocida por la recta razón, y respeta los derechos inalienables de cada persona.(13) Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo. Considerando los valores en juego, el Estado no puede legalizar estas uniones sin faltar al deber de promover y tutelar una institución esencial para el bien común como es el matrimonio.

Desenmascarar el uso instrumental o ideológico que se puede hacer de esa tolerancia; afirmar claramente el carácter inmoral de este tipo de uniones; recordar al Estado la necesidad de contener el fenómeno dentro de límites que no pongan en peligro el tejido de la moralidad pública y, sobre todo, que no expongan a las nuevas generaciones a una concepción errónea de la sexualidad y del matrimonio, que las dejaría indefensas y contribuiría, además, a la difusión del fenómeno mismo. A quienes, a partir de esta tolerancia, quieren proceder a la legitimación de derechos específicos para las personas homosexuales conviventes, es necesario recordar que la tolerancia del mal es muy diferente a su aprobación o legalización.

Ante el reconocimiento legal de las uniones homosexuales, o la equiparación legal de éstas al matrimonio con acceso a los derechos propios del mismo, es necesario oponerse en forma clara e incisiva. Hay que abstenerse de cualquier tipo de cooperación formal a la promulgación o aplicación de leyes tan gravemente injustas, y asimismo, en cuanto sea posible, de la cooperación material en el plano aplicativo. En esta materia cada cual puede reivindicar el derecho a la objeción de conciencia.

  

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