“Falsimedia” peruana: el otro candidato electoral

¿Y así no se requieren leyes de prensa?

José Suárez Danós*

 
Las denuncias formuladas a partir del  1.° de Mayo por el diario peruano “La Primera”, sobre una conspiración mediática llamada “Sábana” y “Sábana II” para demoler al candidato presidencial Ollanta Humala a través de los medios de comunicación, han tenido repercusión en la opinión pública internacional y puesto en tela de juicio, la esencia democrática del gobierno de Alan García.
 

 

En la denuncia del mencionado diario, la autoría y ejecución de esos planes de manipulación mediática es atribuida al Grupo “El Comercio”, integrado por una cadena de diarios, emisoras de TV y de radiodifusión, de propiedad de esa empresa de la comunicación social peruana.
 
Pero aún más trascendente, ha sido conocerse con el paso de los días, que coincidentemente con lo develado con antelación por el diario “La Primera”, cronológicamente y en la praxis, el mencionado Grupo “El Comercio” habría venido cumpliendo hasta ahora a pie litter con la parte de los planes que mediáticamente le correspondería, razón por la que la denuncia del diario “La Primera” al parecer no sería infundada.
 
Esto democráticamente señalaría a los medios pertenecientes al Grupo “El Comercio”, la necesidad de tener que abandonar la actividad empresarial y de la comunicación, solicitando su inscripción en la ONPE para desempeñar el rol asumido por ese mismo grupo —actor político—, cual tercer candidato en la contienda electoral.
 
Pero, ¿por qué razón se produjo la fractura ó divorcio de la ciudadanía peruana, con la que fue “su creación” para la información objetiva?
 
¿Por qué ahora “la creación”, se ha convertido en un semidiós y se siente con derecho de posesión sobre la sociedad misma que la gestó?
 
Además, ¿por qué se atribuye inclusive el derecho a engullirse a su “ente creador”?
 
El periodista chileno Ernesto Carmona —“Los Amos de la Prensa en América Latina”, Santiago, 2007— nos ayuda a conocer el motivo de ruptura de lazos entre “la creación” (Grupo “El Comercio”) con “su creador” (la sociedad peruana), cuando manifiesta que “el concepto de “libertad de empresa” se amalgamó con el de “libertad de prensa”, hasta grabarlo en el inconsciente colectivo; el paso siguiente fue proclamar a la prensa como el “cuarto poder”, un poder del Estado que se eligió a sí mismo, sin votos, pero se impuso con la fuerza del dinero”.
 
Sobre las razones en que se sustentaría el hipotético derecho que se irrogaría el Grupo “El Comercio” para ubicarse por sobre la ciudadanía peruana y manipularla, Carmona explica en el mismo ensayo que, “la teoría y práctica del engaño pretenden hacer creer a los lectores, que los propietarios de periódicos son también los dueños de la verdad; se atribuyen facultades de superioridad sobre la sociedad, que nadie nunca les otorgó y actúan como si hubieran sido elegidos para formar parte del Estado, según el concepto de separación de poderes”.
 
Entender la razón por la cual un grupo empresarial peruano de medios de comunicación, pretendería convertirse en el rector electoral de la ciudadanía peruana, también tiene respuesta de Carmona en “Los Amos de la Prensa en América Latina”, cuando caracteriza a estos grupos mediáticos señalando que, “a la vez, desinforman e idiotizan; desacreditan las ideologías, pero al mismo tiempo desempeñan un rol ideológico con apariencia de “no ideológico”, con la finalidad última de amordazar cualquier cuestionamiento al statu quo establecido”.
 
Y así, después de dos décadas del inicio de los mandatos de Alberto Fujimori, el Perú se encuentra nuevamente frente a la brutal realidad de una herencia dictatorial legada, que consistiría en una presunta “libertad” para la manipulación de los medios de comunicación, en contra la población.


A pesar de la gravedad de los hechos sucedidos durante la década  fujimorista (1990-2000), ahora en pleno proceso presidencial 2011 –que aún no culmina-, estos manejos se vienen reiterando una vez más, de tan idéntica manera, a los que similarmente se llevaron a cabo en el Perú durante la década en mención, y en la siguiente (2001-2011) llamada de “retorno a la democracia”, en los procesos electorales de los años 2006 y 2010.
 
Esta vez, el objetivo es el mismo, es decir demoler a través de los medios de comunicación una candidatura incómoda —Humala y el nacionalismo— y entronar a aquella que favorece intereses económicos foráneos —Fujimori y el neoliberalismo—.
 
Esta nueva manipulación mediática, contaría eso sí, con una saltante y novedosa característica que la hace diferente de las anteriores, pero a la vez, mucho más peligrosa para el Estado de Derecho de una nación que se considere democrática.
 
La peculiaridad se establecería en que la manipulación e intoxicación informativa —según la denuncia—, estaría siendo dirigida, diseñada y conducida, por las propias empresas mediáticas.

Más aún, en forma abierta, desembozada, sin inhibición alguna, sin simulación por medio, con un marcado desprecio a la inteligencia ciudadana, sin respeto a las leyes y la Constitución, y a vista y paciencia de las autoridades gubernamentales, electorales y también judiciales, que aparentan  —extrañamente— no contar con instrumentos ni capacidad legal para detener dichos actos.
 
¿Entonces, cómo podríamos denominar a esta variante de orquestación mediática ?
 
La población peruana, tan frecuentemente embestida por la manipulación montesinista durante la década de Alberto Fujimori, se vio forzada a aprender varios términos a partir de 1991 con los cuales podría ensayar un nombre de aquellos que ahora conforman el argot popular; así tendríamos “operaciones sicológicas”, “sicosociales”, “globos de ensayo”, “campañas”, “bolas”—rumor—, “runrunes” °versión— etc.
 
Sin embargo conociendo perfectamente el concepto y a que se refiere cada uno de ellos, el tipo de manipulación que se estaría ejerciendo al momento, sin lugar a dudas, sólo tiene una denominación por sus características mismas: “Falsimedia”.
 
El neologismo “Falsimedia”  fue acuñado en el año 2002, por el analista político español Antonio Maira, para describir en lenguaje corriente lo que él llamó “una fábrica de mentiras”.
 
“Falsimedia” es el fenómeno foráneo —y criollo a la vez—, consistente en la cuasi-institucionalización de la manipulación mediática goebbeliana —Joseph Goebbels, Alemania Nazi, 1936-1945—, pero proveniente desde “cárteles de prensa” y en beneficio de los propios intereses de esos “cárteles”.
 
Esta es la modalidad con la cual, a partir del inicio del gobierno de Alejandro Toledo —año 2001—, se ha venido realizando la manipulación mediática en el Perú.
 
Intentando Maira darle rigor científico, se refiere académicamente de “Falsimedia”, como “la unidad orgánica y funcional de los más influyentes medios de comunicación social” —“Falsimedia: Cómo se Fabrica una Noticia”, 2009—.

Este sistema, según el analista, “falsea, oculta, e inventa mentiras, actuando de manera coordinada”, señalando también que, “en ocasiones, se trata de aportar informaciones sesgadas”.

Maira refiriéndose al insumo básico del periodismo —la noticia—, señala en relación a la generación de “noticias” por parte de “Falsimedia”, que “en otras —oportunidades— se fabrica de la nada “una noticia” a través de un medio, y luego, comienza a trasmitirse en el resto de engranajes de Falsimedia”, agregando que, “es aquella vieja máxima de una mentira que repetida cien veces se transforma en verdad”.
 
Sin embargo para concluir, es conveniente recordar, que la manipulación e intoxicación informativa, sólo es concebida en regímenes totalitarios y arbitrarios, y que la libertad de expresión, facultativa sólo de los sistemas democráticos la proscribe y pena como acto contrario a la libertad.

Entonces, ¿la “Falsimedia” peruana es parte de la libertad de expresión y de la democracia?
 
Aseguramos que no. Goebbels, quizá la llamaría “fascismo mediático”, por derechos de autor.

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