Por Wilfredo Pérez Ruiz (*)

Hace unos días partió a la eternidad Francisco Mujica Serelle, abogado, dirigente deportivo, militante del partido de la estrella y comprometido con el bien común. A propósito de tan lamentable pérdida viene a mi mente, en primer término, el apotegma imperecedero de Manuel Seoane Corrales: “La muerte para los caídos apristas es apenas una ausencia transitoria de la vida terrestre”.

Nos conocimos en la Casa del Pueblo, el 27 de enero de 1997, durante una disertación mía en la tradicional celebración por el “Día de la Planta”. Llegó con su padre, mi dilecto amigo y recordado líder histórico, Nicanor Mujica Álvarez Calderón. A partir de allí coincidimos en innumerables ocasiones en el hogar de Nico.

Leal y coherente con la postura intachable de Nicanor, Francisco nunca formó parte de las pródigas sectas, cofradías y facciones antidemocráticas constituidas en maquiavélicas maquinarias conspirativas al interior del aprismo. Se caracterizó por su actitud abierta, transparente y plural. Creyó en la reconciliación de esfuerzos y voluntades para enfrentar los retos del activismo partidario. Repudió usar su apellido para satisfacer apetitos oportunistas y perpetrar maniobras sórdidas.

Entendió la política como un medio altruista para solucionar las demandas sociales de los más pobres y, especialmente, exhibió una limpia trayectoria en su quehacer profesional, familiar y ciudadano. Fue coautor, con su tío Elías Mujica Álvarez Calderón, del libro “Elías Mujica y Trasmonte - Un peruano ejemplar” (2001), que me obsequió con una cordial dedicatoria, en el que hace un versado recuento del aporte patriótico de uno de los fundadores del Partido Civil, parlamentario, ministro y miembro de una burguesía de la que, como afirmó en la introducción, “fue un exponente destacado debido a su temple, decisión y visión”.

Se identificó con la herencia política y moral de su progenitor. Trabajó intensamente y sin desvelos para sacar a la luz la magnífica y pulcra publicación “Nicanor Mujica Álvarez Calderón - Memorias para un país desmemoriado" (2015), que compila cartas, documentos, testimonios y, al mismo tiempo, formula un pormenorizado recuento de los agudos avatares padecidos, durante la persecución, la carcelería y el destierro, por los integrantes de la Federación Aprista Juvenil (FAJ). No desmayó en el afán de hacer pedagogía cívica al editar una obra destinada a transmitir su admirable legado.

La biografía de Nico es una comprobación de coraje, fidelidad y sacrificio. Se afilió al partido en 1931. En los tiempos de clandestinidad se constituyó en uno de los contactos de Víctor Raúl Haya de la Torre. Tuvo la misión de conservar y remitir -con la colaboración de su madre- los originales de la segunda edición de “El antimperialismo y el APRA” a Chile. Formó parte de un contingente de jóvenes que renunciaron a su porvenir y bienestar personal, para convertir sus existencias en un sacerdocio y enarbolar los principios de “pan con libertad”.

Al asumir la presidencia del Patronato del Parque de Las Leyendas - Felipe Benavides Barreda (2006), la primera misiva de congratulación que recibí provenía de puño y letra de Francisco. Aseveró con generosidad: “Pocos nombramientos me han alegrado tanto como el que ha recaído en tu persona. Me consta de tu preocupación y dedicación al tema y, por lo tanto, estoy seguro que esta institución ganará mucho con tu dirección. También estoy seguro que Nicanor estará muy complacido y te dará las fuerzas necesarias para el éxito”. Unos años antes había tenido la deferencia de conferirme una muestra representativa de la prolífera biblioteca de Nico.

Atesoro en la retina de mis vivas remembranzas la conmemoración por los 100 años del natalicio de Nico (2013). Nos acompañaron en la develación de su busto, entre muchos otros, nuestros queridos amigos Carlos Roca Cáceres, Fernando Arias Vera, Otilia Campos de Polay y Charlie Marca Paulet. Compartimos este emotivo suceso con su viuda, la inolvidable y entrañable Gloria Astete de Mujica y su hijo Carlos Lanfranco Astete, para rendir tributo a un ser humano que es fuente permanente de inspiración y peruanidad.

Francisco es un compatriota que trasciende por un sinnúmero de razones: su decencia, discreción, cultura, generosidad, amor al Perú y empeño hacia las causas a las que se adhirió. Perdurará como referente en una nación lacerada por ausentes valores, ideales, sentimientos de pertenencia y, además, dominada por indolencias, conformismos y escasez de entendimientos. Su huella prevalecerá en el tiempo.

Coincido con el reciente tributo expresado por el historiador Daniel Parodi Revoredo, en su sobrio artículo “El hijo del Mensajero”: “…peruano cabal, caballero como pocos, devoto esposo y cariñoso padre, empresario emprendedor, exitoso y honesto, promotor del deporte y personaje clave de los éxitos del Sporting Cristal en la década de los noventa. Aprista devoto de Haya y de su legado, que protegió todo lo que pudo, tanto como su padre al líder y fundador de dicho movimiento político”.

Las banderas del aprismo se inclinan reverentes y afligidas ante la grandeza de su memoria. Mi homenaje a Francisco y mis afectos fraternos a su esposa María Eugenia San Martín de Mujica y a sus hijas María Eugenia, Micaela y Mayte Mujica San Martín. Llevarán siempre orgullosas su reminiscencia impar, íntegra e inmortal.

(*) Docente, conservacionista, consultor, miembro del Instituto Vida y expresidente del Patronato del Parque de Las Leyendas - Felipe Benavides Barreda. http://wperezruiz.blogspot.com/