Por Herbert Mujica Rojas

Si el perfil del comportamiento del Congreso sirve de algo, es fácil prever que otorgará el voto de confianza al Ejecutivo. Luego que el presidente Vizcarra les pusiera contra la pared el domingo pasado, no hay otra forma de supervivencia para los legiferantes. Recuérdese: los parlamentarios cobran no poco, puntualmente, son engreídos por los miedos de comunicación y gozan del soporte de pelotones de secretarias y brigadas de asesores.

De negar la confianza al Ejecutivo, el Congreso será disuelto y ¡patatús incluido! todo el mundo a su casa: sin sueldo, choferes ni ujieres con cargo al Estado. ¿Alguien en su sano juicio pretende creer que estos ciudadanos puedan ofrecer tanta generosidad? ¡A otro perro con ese hueso!

El Congreso es una especie de pararrayos que atrae con suma facilidad la ira popular. Y si es mediocre, en grado sumo como el actual, más malo que muchos anteriores, ¡tanto peor! Parlanchines vendedores de sebo de culebra, arquitectos ingeniosos en la formulación de naderías, sofistas que entienden nada de nada pero quieren explicar todo de todo y unos muy pocos, de repente hasta 10, que posee algún raciocinio que disimula la mayor parte del tiempo.

De otorgar la confianza al Ejecutivo, se quedan hasta el 2021 en sus puestos-curules y viven de lo que pagan los impuestos del pueblo. Pero, ciertamente, no podrán ser reelegidos de inmediato. Lo ideal sería que se fueran a sus casas de forma vitalicia previo juicio de residencia exhaustivo para pescar a los sospechosos de andanzas errabundas. Sus nietos también merecen la contaduría de sus “trayectorias políticas”.

Un balance simple de las alternativas sólo ofrece a los pragmáticos una opción y es claro que harán todos los esfuerzos para permanecer con techo y sueldos hasta el 2021.

Don Manuel González Prada en flamígero texto Nuestros legisladores, Horas de Lucha 1906, escribió lo siguiente de enorme actualidad:

“Entonces ¿de qué nos sirven los Congresos? ¿Por qué, en lugar de discutir la disminución o el aumento de las dietas, no ponen en tela de juicio la necesidad y conveniencia de suprimirse? ¡Qué han de hacerlo! Senadurías y diputaciones dejan de ser cargos temporales y van concluyendo por constituir prebendas inamovibles, feudos hereditarios, bienes propios de ciertas familias, en determinadas circunscripciones. Hay hombres que, habiendo ejercido por treinta o cuarenta años las funciones de representante, legan a sus hijos o nietos la senaduría o la diputación. No han encontrado la manera de llevarse las curules al otro mundo. Haciendo el solo papel de amenes o turiferarios del Gobierno, los honorables resultan carísimos, tanto por los emolumentos de ley y las propinas extras, como por los favores y canonjías que merodean para sus ahijados, sus electores y sus parientes. Comadrejas de bolsas insondables, llevan consigo a toda su larga parentela de hambrones y desarrapados. En cada miembro del Poder Legislativo hay un enorme parásito con su innumerable colonia de subparásitos, una especie de animal colectivo y omnívoro que succiona los jugos vitales de la Nación.” Nuestros legisladores* http://senaldealerta.pe/pol%C3%ADtica/nuestros-legisladores

Reza el dicho: no es tanto el amor al chancho, sino a los chicharrones.

 

18.09.2018