Por Herbert Mujica Rojas

Todos ven el rumbo de colisión que la desvencijada nave alanista muestra ante el reto del 7 de octubre, tanto en municipales como regionales. La pérdida de legitimidad electoral es inminente. AG y su taifa multicolor dueña del membrete en Alfonso Ugarte exhibe una bancarrota moral impresionante.

Si bien es cierto que el requisito de más del 5% para seguir con la inscripción electoral se aplica para las presidenciales, la competencia edil y para gobiernos regionales, anticipan el descalabro terminal y ruina miserable a que ha conducido AG, su soberbia y con la complicidad de áulicos y supuestos opositores internos.

¿Cómo podrán seguir siendo dirigentes los de AG después del 8 de octubre?

En cartitas de amor-odio que se estuvieron remitiendo, días atrás, los alanistas del cogollo y los alanistas de oposición, los unos les decían a los otros zamba canuta o vela verde. ¿No será que ambas pandillas tienen razón? Además para nadie es un secreto que en los últimos 30 años fueron protagonistas de repartijas en los cargos partidarios y alentaron una coexistencia pacífica con fiesta de aguinaldos, internos y externos, una especie de guerra en que ambos contendores dormían en la misma cama inmoral.

¿Qué dirán las bases sobre esta coyuntura cuasi terminal y que “celebró” formalmente 88 años de fundación pocos días atrás? Manuel Seoane, otro líder olvidado, dijo en 1946 que el Apra:

no es un club de compadres en busca del Presupuesto Nacional, sino una viva y firme fraternidad moral, nacida del rechazo a las injusticias y del amor a la empresa de transformar las bases materiales y espirituales del Perú, para tornarlo hogar de la alegría para todos los peruanos.

Para proporciones gruesas de la sociedad civil peruana los apristas son todos delincuentes capaces de las peores tropelías y actos viles contra el Perú. Los más jóvenes sólo aprendieron a deletrear los insultos y denuestos contra cualquiera de esa colectividad política. No sólo eso: se alejaron y cuidaron muy mucho de militar en sus filas. ¿Cómo podrían hacerlo bajo el “liderazgo” de sospechosos de enriquecimientos ilícitos, coimas, estafas, signos exteriores de riqueza, comenzando con el que vive en Pintor Rosales 66 en Madrid, España?

No fue AG sólo. Hizo cuanto estuvo en su capacidad destructora para pulverizar la colectividad creada por Haya de la Torre quien murió a los 84 años en casa fraterna pero prestada y sin más bienes que sus libros y sus enseñanzas, polémicas o no. Acompañaron a AG los que hoy remiten epístolas con llamados huecos a la democracia que nunca practicaron e invocaciones a la moral de que son huérfanos.

Unos y otros debieran ser expulsados por ineptos y deshonestos a partir del 8 de octubre. Si el Apra –o mejor dicho, los apristas- aún tienen por cometido ser parte del mundo político, necesitan cumplir con el imperativo de echar a latigazos a los mercaderes del templo, esos que muestran largos años en la cosa pública para beneficio propio y de nadie más.

De otro modo, sin pena ni gloria, con recuerdos y añoranzas del pasado, terminará un capítulo de luengas décadas que hoy, gracias a la falta de honradez de muchos bribones, ya no significa absolutamente nada.

 

26.09.2018