Por Herbert Mujica Rojas

Cuando pasadas las 4 pm. del 9 de diciembre, vía el tradicional flash informativo, Perú confirme que votó mayoritariamente contra la reelección inmediata de parlamentarios y oponiéndose a la bicameralidad, se habrá anticipado el cese de los legisladores actuales. La vía electoral, referéndum, también censura y repudia.

Es obvio que los reeleccionistas y las vacas sagradas harán cuanto esté a su alcance para boicotear, sabotear o distorsionar la consulta. La delgada y casi imperceptible línea entre la mediocridad y el ridículo se violenta con mucha frecuencia estos días: proyectos de ley que se presentan y son retirados por orfandad de respaldo, les llaman “error”; cambios en la cédula de votación con el descarado fin de confundir al elector. El número de picardías de estos irresponsables irá en aumento.
 
Los congresistas que pomposamente se hacen llamar “de la República” comprobarán que el disgusto que les muestra la ciudadanía por donde caminan no es mera impresión: es realidad lacerante y a no pocos seduce la idea de “cerrar el Congreso” porque lo motejan de ineficaz o de no “servir para nada”.
 
Aunque pagados por los impuestos del pueblo, a partir de esa tarde de 9 de diciembre, Perú tendrá legiferantes cuya voz, si apenas es oída en los días que corren, entonces el asunto será mucho más dramático: ¿quién hará caso a fantasmas?
 
Para muchos el Congreso es su modus vivendi. La puntualidad de los pagos, el exceso cortesano de protocolos, las facilidades de locomoción con chofer incluido, las tropas de secretarias y los pelotones de asesores, constituye un placer que corona sus anémicas aspiraciones.
 
En cambio para otros, es el escenario del sutil y añejo tráfico de influencias en cuyo manejo, relaciones y contactos se han especializado por largos años. La trabazón con la burocracia, obligada a responder rápidamente, los negociados sin huella y con beneficios pingues, representa riqueza en forma de bienes muebles e inmuebles, viajes reiterados a todo el mundo, diplomas inanes urbi et orbi y los miedos de comunicación se unen al convite fabricando figuras y figurones cuya base la constituyen estúpidos genéticos negados para cualquier luz intelectual o creadora. ¿Sorprende la ignorancia que muestran muchos de estos personajes? ¡Para nada!
 
Si las majaderías y contumacias que se presentan cada vez con más frecuencia por parte de los no resignados a su jubilación a casi dos años de ineficiente labor, persisten, habrá que enfilar los cañones desde las redes sociales, las calles y plantear la lucha desde todas las tribunas con calidad superior y deseo democrático de renovación generacional también en el Congreso.
 
Extraordinaria ocasión de dar forata a quienes han demostrado estulticia a secas. Perú no los necesita.

 

19.10.2018