Por Hernán de la Cruz Enciso (*)

“¡Amenaza comunista en el Perú!”, vociferan apristas y fujimoristas en calles y plazas, y apuntan con el índice como presuntos responsables a los partidos políticos financiados por las oenegés transnacionales. ¿Pero es verdad que hay peligro comunista en el Perú? Es cierto, a tal punto que el país va camino a convertirse, paulatinamente, en un protectorado comunista. Pero la otra gran verdad es que la invasión roja fue mayormente gracias al fujiaprismo y a los llamados partidos liberales. Estos grupos políticos, que detentaron el poder en los últimos treinta años, no lograron construir patria y acudieron, en última instancia, al salvataje de los llamados “capitales” comunistas.. Claro, todos ganaban. Sobornos los políticos con poder, a cambio de leyes favorables y protección desde Palacio, el Congreso y el Poder Judicial. ¡Pobre del dirigente que realice alguna manifestación contra los capitales del comunismo internacional! Y la Confiep, un gremio de empresarios con vocación de mayordomos, también salió ganando. Sirvió de bisagra con el país a cambio de algunos cachuelos (proveedores, servicios de tercerización, etcétera). En este escenario los llamados grupos de “izquierda” podían proponer algún camino de dignidad pero solo aportaron con algo de humor negro a la política nacional, pues se convirtieron en esos cojos de la esquina que se arranchan las muletas para que no camine ninguno. Y lo peor es que se han quedado anclados en las ideologías que estaban de moda en los tiempos de Tongolele (y conste que Tongolele no es un gran pensador sino una bailarina del siglo pasado).

Alan Garcia 233 Keiko Fujimori 77

 

Según Cynthia Sanborn, investigadora de la Universidad del Pacífico, China tenía en el Perú solo hasta el 2014 más de 120 empresas en minería, petróleo, energía (la hidroeléctrica de Chaglla, de reciente adquisición, es la tercera más grande de Perú), pesca (los barcos factoría, fábricas pesqueras flotantes), agricultura, comercio, incluso en el sector banca y finanzas. En el sector de la minería, en 1992 Fujimori le vendió a Shougang la mina de hierro de Marcona (https://www.rebelion.org/noticia.php?id=259468) por la minúscula suma de 120 millones de dólares, contra los intereses y los objetivos históricos del país. Fue el primer regalo de Fujimori al Estado comunista chino. Allí comenzó todo. Ahora China tiene casi veinte megaproyectos en el Perú, algunos muy grandes como Toromocho (de Chinalco, que, según Walter Aduviri, ingresó con la ayuda de Vladimir Cerrón), Shougang y Las Bambas. No son empresas privadas chinas, sino empresas del Estado chino, cuyo objetivo es llevarse materias primas baratas para alimentar su gigantesca industria y, de paso, acumular reservas para los próximos doscientos años. Es la única manera de garantizar bienestar a sus más de mil millones de habitantes.

Pero una cosa es que la República Popular China, un Estado unipartidista gobernado por el Partido Comunista, sea socia comercial del Perú dentro del marco de un tratado de libre comercio (cuyo fin es facilitar el intercambio de productos y servicios), y otra cosa, muy distinta y muy grave, que el Estado chino sea propietario –como lo es– de extensos territorios dentro de nuestro país con el aval del Congreso y del gobierno, incluso con la protección de las Fuerzas Armadas. Eso es malinchismo y, peor aún, quintacolumnismo (deslealtad al país y colaboración con potencias extranjeras, que no solo se produce en una situación de confrontación bélica sino también, en los tiempos actuales, en las guerras económicas).

Los apristas, fujimoristas y la Confiep están convencidos de que el Estado peruano es incapaz de administrar las empresas estatales. Eso, desde que las empresas del Estado cayeron en quiebra cuando el aprismo las tomó como botín laboral después de ganar las elecciones de 1985. Y, por eso mismo, ahora que alguien propone que las empresas estratégicas regresen a manos del Estado peruano, claman los quintacolumnistas y sus voceros (Plinio Esquinarila, Víctor Andrés Ponce, Jaime de Althaus) que hay amenaza comunista en el Perú. Con eso los apristas, fujimoristas y la Confiep nos están diciendo –indirectamente– que el Estado comunista chino es mejor administrador de empresas peruanas grandes y rentables que las empresas privadas peruanas o el mismo Estado peruano. Nos están diciendo que el comunismo es mejor que el liberalismo.

China se mantiene dentro de la política diseñada por el reformista chino Deng Xiaoping: “No importa el color del gato; lo que importa es que cace ratones”. En otras palabras, no importa el modelo económico: lo que más importa es que resuelva los problemas del país.. Por eso China aplica el socialismo hacia adentro para la educación y la salud, pero viene utilizando el liberalismo más extremo hacia el exterior, para apoderarse de materias primas y tomar el control del mercado mundial. Para China, el comunismo, el socialismo y el liberalismo no son el norte, como sugieren nuestros pensadores de bolsillo; son apenas atajos hacia el bien común, herramientas económicas que se deben aplicar según las necesidades y los objetivos históricos. Y con esa fórmula se ha convertido en la primera economía del mundo.

ESCAPAR DE LA SARTEN PARA SALTAR AL FUEGO

Escapamos de las garras de Sendero, con tantos muertos de por medio, para caer gracias al fujiaprismo y a la Confiep en las manos de un imperio comunista. Nos ha pasado algo similar que a Venezuela. En Venezuela, Chávez comenzó bien, sacando a Estados Unidos del control de los hidrocarburos y destinó parte importante de sus recursos a la justicia social (salud, educación, infraestructura). Los gringos dejaron de ser los dueños de Venezuela. El siguiente paso era convertirlos en socios comerciales (porque buena parte de la producción de hidrocarburos de Venezuela se comercializaba en Estados Unidos) y trabajar en la consolidación de la soberanía total. En ese escenario, en un mediano plazo Venezuela podía alcanzar la categoría de potencia de Sudamérica. Pero utilizó la otra parte de sus reservas en la exportación del socialismo hacia toda Latinoamérica (el norte es el sur) sin un fin geopolítico propio, solo con el afán antiimperialista. Intentó un nuevo orden en Sudamérica promoviendo la Unasur, sin haber puesto la primera piedra dentro de la casa: la soberanía alimentaria (eso les advertí tempranamente en una entrevista radial en Barquisimeto, Venezuela). Debemos aclarar que Venezuela depende de los alimentos, las armas, las medicinas y la tecnología de otros países, y toda esa importación cuelga de un hilo delgado, de una sola matriz productiva: los hidrocarburos. Invirtió en becas integrales en los jóvenes, los activos de un país, pero todos ellos, a falta de un horizonte mediato que colme sus expectativas, han terminado generando riqueza en otros países (más de la mitad de los venezolanos que han llegado al Perú son profesionales, por la educación gratuita que les dio Chávez). La justicia social es buena, siempre que sea sostenible, pero en el caso de Venezuela no lo fue. Aun así, envalentonado por su musculatura económica (que en sí son músculos de gelatina porque los precios de los hidrocarburos dependen del mercado mundial) Chávez decidió pegarle fuerte al gendarme mundial. Para el gendarme mundial fue simple: le respondió con el bloqueo económico y político, para matarlo de hambre. Al final Venezuela (que no produce comida) se zafó de las garras de Estados Unidos y cayó finalmente, ya por un asunto de supervivencia (solo para cubrir sus necesidades primarias), en las garras de Rusia y China (la petrolera estatal rusa Rosneft se ha convertido en el principal operador de crudo venezolano, enviando hidrocarburos a compradores en China e India). Se liberó de un imperio para caer en manos de otro imperio, sin posibilidades de liberación en el corto plazo. Y en esta película trágica China es el “bueno”, que va a la defensa o al rescate de países que fueron golpeados por Estados Unidos.. Es el gato jugando cariñosamente con el ratón antes de comérselo.Porque no hay imperio bueno.

BRASIL, EL NUEVO PODEROSO DE SUDAMÉRICA

El que sacó mayor provecho en la región fue Brasil, utilizando como aliados a políticos corruptos y a grupos de izquierda. Diseñó su política exterior aprovechando al máximo la teoría de los circuitos para convertirse primero en el centro vial de Sudamérica mediante la IIRSAA (la confluencia de varios ejes en el 97,7% del área total de Sudamérica, más de dieciocho millones de kilómetros cuadrados), y finalmente en el centro económico, energético y político de toda la región.

La Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) no es otra cosa que la paulatina integración de once países sudamericanos alrededor del imperialismo brasileño. Esos once países son Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela, quienes se reunieron en Brasilia en el 2000 y aceptaron ser satélites del Brasil a través de diez Ejes de Integración y Desarrollo (EIDs), que son:

-Eje Amazonas: El 45% de la superficie de Sudamérica, incluyendo las regiones amazónica y nordestina junto a los estados de Goias y Tocantins en Brasil; el área centro sur de Colombia; toda la superficie continental del Ecuador y la porción centro norte del Perú.

-Eje Andino: Representa el 16% de la superficie de América del Sur y abarca los principales nodos de articulación de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela e incorpora a los dos grandes corredores viales norte-sur que vinculan las principales ciudades de los cinco países.

-Eje Capricornio: El 15,3% de Sudamérica, extendiéndose desde la costa del Pacífico en las regiones de Atacama, Antofagasta y Tarapacá en Chile, atravesando la región andina de Bolivia comprendida por las provincias de Potosí y Tarija, avanzando por Argentina, toda la República de Paraguay y Brasil (Mato Grosso do Sul, Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul).

-Eje del Sur: El 3,8% de Sudamérica, desde la costa del Pacífico en las regiones chilenas de Araucanía, Bío-Bío, Los Ríos y Los Lagos, el extremo sur de Buenos Aires.

-Eje Escudo Guayanés: Comprende el 9% de Sudamérica. La totalidad de Guyana y Suriname; una porción de Venezuela; la totalidad de los estados brasileños de Roraima y Amapá y una porción menor de los estados de Amazonas y Pará.

-Eje Hidrovía Paraguay-Paraná: El 23% de Sudamérica. Se estructura en torno a las cuencas de los ríos Paraguay, Paraná, y Uruguay, todas tributarias de la gran Cuenca del Río de la Plata.

-Eje Interoceánico: Representa el 14,8% de la superficie de Sudamérica. Comprende una amplia franja continental desde la costa del Pacífico en Antofagasta, Tarapacá y Arica y Parinacota en el extremo norte de Chile, los departamentos de Arequipa, Puno, Moquegua y Tacna en el Sur de Perú, casi la totalidad de Bolivia, toda Paraguay, concluyendo en Brasil con los estados de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Paraná, Sao Paulo y Río de Janeiro.

-Eje Mercosur-Chile: Representa el 18% de la superficie de América del Sur, se extiende de norte a sur desde el Centro Oeste de Brasil (Estado de Minas Gerais), comprendiendo la costa del Atlántico en Brasil, Uruguay y Argentina, hasta la provincia de Buenos Aires para internarse hacia Paraguay, la zona central de Argentina y Chile hasta el Pacífico.

-Eje Perú-Brasil-Bolivia: El Eje representa el 6,5% de la superficie de América del Sur, se extiende desde el Pacífico, en los departamentos peruanos de Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna, hacia las serranías y macizos andinos que involucran la vertiente occidental y oriental de la Cordillera de los Andes en el mismo Perú y Bolivia, para avanzar hasta los departamentos amazónicos de Madre de Dios, Pando y El Beni en Bolivia, y ya en plena cuenca amazónica en los estados del Acre y Rondonia en Brasil.

            Brasil surge con la IIRSA como la nueva potencia de Sudamérica utilizando un instrumento de construcción como lo es Odebrecht, donde el Perú decide hacer suyo el expansionismo brasileño financiando las redes viales con sobrecostos. En el fondo, nuestros presidentes fueron juguetes de la nueva geopolítica brasileña a cambio de sobornos. Y fue Estados Unidos, acaso celoso del surgimiento de un imperio en su patio trasero, el que descubrió la corrupción de Odebrecht (el 21 de diciembre de 2016, el Departamento de Justicia de Estados Unidos de América informó a la comunidad internacional el alcance de entramados de actos de corrupción encabezados por Odebrecht, principalmente involucrando a países de América Latina). Y es la embajada de Estados Unidos la que está detrás de las investigaciones en el Perú.

PERÚ Y LA POLITICA EXTERIOR

La geopolítica nos dice que hay países que pelean su supervivencia, por imposición o por elección propia, y otros que forjan su supremacía regional o mundial potenciando sus capacidades internas. Hay países despensa de materias primas (los latinoamericanos), países burdeles (Cuba lo era antes de Castro) y países industria (Japón, China). Y en el concierto mundial no hay países amigos o hermanos: todos juegan su propio partido. Las alianzas se tejen en función de intereses económicos y políticos. Es decir, o son socios comerciales y políticos de los países pequeños, o son los patrones que se han maquillado con el eslogan de “inversionistas”. Y la verdad es que en el Perú el problema no es el liberalismo (que existe a medias), sino el saqueo, promovida por mafias, empresas y potencias extranjeras. En conclusión, los eventos geopolíticos no están regidos por la casualidad. País que no planifica su destino, país que desaparece, o termina siendo un protectorado.

Más allá de asuntos comerciales, el Perú no tiene política exterior. La ubicación de Perú es estratégica. Se encuentra en el balcón de ese océano que baña tres continentes: Oceanía, Asia y América. Nos corresponde, por historia y por derecho, gobernar desde las costas de Australia hasta las del Japón: es el mar que los Mochicas y Chimúes navegaron por siglos. Pero, ¿cómo anda nuestra Marina de Guerra y nuestra Marina Mercante? ¿Tenemos buques y submarinos? ¿Cuántos destructores, guardacostas, acorazados, goletas, anfibios, tal vez sumergibles nucleares? ¿Ya fabricamos portaaviones o solo caballitos de totora? ¿Cómo anda nuestra Infantería de Marina? La realidad es para llorar. Los países asiáticos se encuentran en la era de la industria, los países europeos ya hablan de la sociedad posindustrial pero nosotros nos hemos estancado en la era preindustrial. Somos contemporáneos de los hombres primitivos gracias al fujiaprismo y a la Confiep.

(*) Escritor y periodista.

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