apunta plantasCarta a Bachelet para que no se haga la lesa
 
A través de una carta abierta, organizaciones ecologistas, por el derecho a las semillas y en contra de los transgénicos, manifiestan sus preguntas a la candidata presidencial de la Nueva Mayoría. La misiva surge en medio de la polémica provocada por el candidato Alfredo Sfeir, quien sin pedir permiso al Partido Ecologista que representó en las pasadas elecciones, adhirió a la campaña de Bachelet para la segunda vuelta. Ecologistas, mujeres y campesinos esperan respuesta. Y la carta dice:

En representación de la Alianza por una Mejor Calidad de Vida, compuesta por organizaciones sociales y ambientales, y por la Red de Acción en Plaguicidas RAP-Chile,  y también en nombre de la campaña Yo No quiero Transgénicos en Chile, nos dirigimos a usted en forma pública. No obtuvimos respuesta a nuestra carta  enviada durante su primera campaña, para conocer su posición frente a nuestras propuestas en materia de políticas públicas orientadas al agro, en particular lo relativo al tema de la semilla campesina e indígena,  los cultivos transgénicos, y los plaguicidas.
Nos preocupa su silencio, que es consistente con el hecho que cuando fue presidenta, también se negó a dialogar con 40 organizaciones sociales y ambientales que le solicitaron una reunión para discutir  el proyecto de Ley de Derechos de Obtentores Vegetales que Ud. envió en 2010 a la Cámara de Diputados. También tenemos presente que uno de sus ministros de Agricultura, Alvaro Rojas, en una oportunidad apareció junto al gerente de Monsanto promoviendo los cultivos de soya transgénica como una salida a la crisis del campo. Durante su gobierno algunos de los firmantes hemos participado en mesas de trabajo sobre los determinantes sociales, normativas sobre plaguicidas y convenios internacionales sobre medio ambiente.
Hoy, además de su escueto programa de gobierno, nuestra fuente indirecta sobre su postura, son sólo sus respuestas puntuales en entrevistas o en la negociación con  políticos, respecto de  los temas que nos preocupan y nos han tenido en constante movilización.

LEY MONSANTO – VON BAER
En cuanto a la Ley Monsanto –von Baer,  su programa de gobierno menciona  su disposición a “revisar” este proyecto de Ley,  lo cual reiteró en TVN (El Informante, 3 de diciembre) al sostener que no le gusta la ley porque cuando se envió “tenía otro sentido de lo que ha llegado a ser y  hay evidencia clara que habría elementos que podrían dañar la salud y, más importante, podría afectar la soberanía alimentaria y las semillas tradicionales.” Sin embargo la ley que discute el Senado no ha sufrido ningún cambio respecto del proyecto original que en su esencia entrega nuevas garantías a los obtentores a costa de los derechos de campesinos e indígenas. Deducimos que ese proyecto de ley fue hecho por las empresas semilleras, avalado por el Ministerio de Agricultura  y endosado por Ud. sin analizarlo.  Revisar el proyecto es inconducente, porque los artículos conflictivos son justamente el eje de la iniciativa que permitiría alinear nuestra legislación con las exigencias del convenio UPOV 91, defendido por las citadas empresas.  Por tanto sería coherente de su parte, retirar este proyecto de Ley de Derechos de Obtentores Vegetales y mantener en vigencia la actual Ley de Semillas N º 19.342 y el convenio UPOV 78. Para proteger la biodiversidad es imperativo adoptar medidas tendientes a ratificar el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad de la Tecnología y el Protocolo Suplementario de Nagoya (2010) sobre Acceso a los Recursos Genéticos,  y Participación Justa y Equitativa en los Beneficios Derivados, así como el  Protocolo de Nagoya/Kuala Lampur Sobre Responsabilidad y Compensación, ambos emanados de Naciones Unidas.

SOBERANÍA ALIMENTARIA Y TRANSGÉNICOS
Si a Ud. realmente le preocupa el tema de la soberanía alimentaria -  entendida como nuestro derecho ciudadano y el  derecho de campesinos y campesinas a decidir qué producen y cómo producen sus alimentos, de acuerdo a su cultura y tradiciones -  su programa de gobierno tendría que haber incluido políticas públicas tendientes a la protección real de la agricultura familiar campesina y la producción agroecológica, en lugar de orientar todo el esfuerzo productivo hacia la exportación, ignorando a los mercados locales y los y las consumidores chilenos.  No existe en su programa ninguna medida de incentivo a la producción con métodos naturales de control de plagas. Tampoco su programa protege a la apicultura de los riesgos que enfrenta debido a los cultivos transgénicos. No hay medida alguna orientada a prohibir los plaguicidas más peligrosos que afectan esa actividad y se utilizan en fumigaciones aéreas y terrestres de la agroindustria, dañando la salud de niños y niñas en aldeas y escuelas rurales, y permaneciendo como residuos en las frutas y verduras que todos consumimos.
A través del canal CNN el 5 de diciembre (anuncio de acuerdo con Sfeir) usted introdujo promesas adicionales: “regular los transgénicos” y promover una política nacional de BioSeguridad para cumplir con los compromisos internacionales. Este es el lenguaje utilizado a nivel internacional para la implementación de los cultivos transgénicos, cuestión contradictoria con su afirmación respecto de la nueva mirada de alerta que se desprende de la evidencia científica del daño provocado por estos cultivos.
Si realmente Ud. ahora sabe, al igual que nosotros y nosotras, que los cultivos transgénicos provocan impactos dañinos en la salud, y está comprometida con la protección de la biodiversidad y la semilla campesina, su programa tendría que incorporar una ley de moratoria a los transgénicos, como la vigente en Perú, país que paralelamente está elaborando una línea de base de su biodiversidad.
 Cuando Ud. fue Ministra de Salud, elaboró y firmó junto al ex Presidente Lagos el decreto 293 del 26 de abril de 2000 sobre etiquetado de los transgénicos. Pero ustedes resolvieron no promulgarlo, cediendo a la presión empresarial. Ahora tampoco su programa incorpora una ley de etiquetado de los alimentos procesados que contienen transgénicos.  En cambio  llama a “mejorar la calidad y lograr diferenciar nuestros productos apoyando a productores o redes de productores, en sus proyectos de mejoramiento de la calidad y diferenciación, poniendo énfasis en el acceso a certificaciones especializadas.” Son generalidades que permiten la continuidad de las políticas de su anterior gobierno y del gobierno de Sebastián Piñera,  nefastas para la agricultura campesina. Ud. apoyará la “formalización”, un proceso en curso que a través de INDAP, PRODESAL y SAG, con la excusa de la trazabilidad, ya está obligando a los productores y productoras rurales a comprar semilla certificada  para poder acceder a mercados, e impide usar la semilla tradicional y producir en forma sana a las mujeres campesinas y a las productoras en general. Este tipo de medidas sólo tiende a favorecer a los productores de semillas híbridas y de plaguicidas, que venden semillas certificadas que son “desinfectadas” con fungicidas o insecticidas. Recomendaríamos analizar las medidas adoptadas recientemente en Brasil para apoyar la agricultura familiar campesina, a través de la no  exigencia de semilla certificada y el apoyo a la certificación participativa.
Las políticas referidas a la producción de alimentos que nosotros apoyamos y que en su momento recibieron el apoyo de los candidatos Marco Enríquez-Ominami, Marcel Claude, Alfredo Sfeir y Franco Parisi son:
•         Rechazo al  proyecto de Ley de Obtentores Vegetales en discusión por el Congreso.
•         Apoyo a la moratoria a los cultivos transgénicos y el etiquetado de los alimentos con transgénicos, proyecto presentado por la senadora Ximena Rincón y otros, en lugar de la “regulación” de los transgénicos.
•         Promulgar un decreto de etiquetado de los alimentos que contienen transgénicos, cumpliendo con el deber del Ministerio de Salud de proteger la salud de la población y acogiendo  las demandas de las organizaciones de consumidores y del conjunto de la sociedad por el derecho a saber qué estamos comiendo.
•         Impulsar un proyecto de ley de Biodiversidad  en lugar de retomar la cuestionada ley de Bioseguridad, que no es otra cosa que la legalización de los cultivos transgénicos, como ha ocurrido en México, y otros países de América Latina.
    Disponer que SERNAC haga los  estudios necesarios sobre presencia de transgénicos en el pan y otros alimentos básicos.
    Impedir la extensión de nuevos semilleros transgénicos a las comunas y regiones aun libres de transgénicos.
    Eliminar del registro de SAG los plaguicidas altamente peligrosos (PAP) y apoyar en cada Región de Chile la creación de ferias locales que comercialicen en forma mensual, alimentos agroecológicos producidos en forma sana y sin agrotóxicos.
    Disponer el abastecimiento de las JUNJI Regionales, Seremis de Salud, hospitales y comedores infantiles,  con verduras producidas agroecológicamente y con miel no contaminada con transgénicos.
    Incentivar con aportes directos la producción limpia, orgánica o agroecológica para asegurar a las comunidades el acceso a alimentos sanos y seguros. Ese aporte puede ser en infraestructura, u otros requerimientos definidos a nivel regional y local.
     Incentivar la creación de tiendas o negocios agroecológicos y/u orgánicos que etiqueten los productos que comercializan y exijan a sus proveedores rotular indicando la calidad de “producto natural, orgánico y libre de OGMs”.
    Generar incentivos especiales para las tiendas de regiones que comercialicen productos agroecológicos locales.
    Establecer que INDAP  y los Prodesal y los PDTI (Programa Territorial de Desarrollo Indígena) inicien programas orientados a la agricultura familiar campesina  que orienten la transición a métodos agroecológicos, evitando los fertilizantes y agrotóxicos, dañinos para el ambiente y las personas.
    Iniciar programas de producción y distribución de semillas campesinas  locales,  y dar acceso a los campesinos a los bancos de semillas del Instituto de Investigación Agropecuaria  INIA.
    Apoyar los intercambios de semillas entre comunidades y organizaciones, reconociendo su rol en la recuperación de semillas tradicionales para el campo y los huertos urbanos.
    Promulgar normas que reconozcan el derecho de los apicultores a ejercer su actividad sin semilleros  transgénicos en el territorio que siempre han utilizado y que limiten la trashumancia desde regiones  ya contaminadas por agrotóxicos y transgénicos, para poder contar con miel libre de transgénicos.
Toda  política  pública  que vaya  en sentido contrario a estas propuestas será  resistida  por los y las ciudadanas conscientes que buscan contar con alimentos sanos y proteger al medio ambiente, y será  rechazada  por los productores que en el campo, en localidades y distintos ámbitos como los huertos urbanos, los agricultores biodinámicos, los permacultores y las cooperativas de productores,  buscan contar con semillas libres de patentes y con alimentos libres de transgénicos y plaguicidas. Nos uniremos a los movimientos sociales en defensa del agua, de la educación pública, y de la salud para coordinar y fortalecer las demandas que protegen a las grandes mayorías hoy postergadas por el modelo  en curso.
 Yo no quiero transgénicos en Chile