Pobreza y gasto social
Ninos pobres


Por Humberto Campodónico


Del 2002 hasta la fecha el Producto Bruto Interno ha aumentado 45%. Pero del 2002 al 2006, la pobreza solo bajó del 54.8% al 44%, es decir, 10.8% (si bien todavía no hay cifras oficiales, habría bajado al 42% en el 2007). ¿Por qué este gran crecimiento del PBI no genera una reducción proporcional de la pobreza?


Algunos economistas dicen que el problema es que "falta eficiencia" en los programas sociales, ya que "no llegan a la población objetiva", tienen "altos costos", "se duplican las funciones", entre otros problemas. En otras palabras, el programa económico está funcionando bien, pero no sucede lo mismo con los programas sociales, que serían los responsables de la escasa disminución de la pobreza.

La cuestión es que, con toda la importancia que tienen los programas sociales -lo que incluye la mejora en su diseño y la búsqueda de mayor eficiencia e impacto-, no se puede afirmar que sean la causa de la escasa rebaja de la pobreza. La cosa es más bien al revés: esta es resultado del tipo de crecimiento económico vigente.

Julio Gamero nos dice: "En Brasil, que tiene una tasa de crecimiento económico menor a la del Perú, la pobreza se ha reducido más porque tiene un crecimiento económico más inclusivo. Brasil no es un país primario exportador, sino, tiene un fuerte arraigo en la manufactura y un dinamismo muy importante en su mercado interno. Uruguay y Costa Rica, por otro lado, son muy buenos ejemplos de que la pobreza disminuye más cuando las sociedad son más equitativas"(*).

Añade Gamero: "Hay dos flujos distributivos en la economía. El primero está determinado por el tipo de crecimiento económico y se reparte entre utilidades, sueldos y salarios e impuestos pagados. Este es el flujo que marca a las sociedades ya que está mediado por el marco institucional vigente. En nuestro país, ese marco no incide favorablemente en la creación de empleos y agrava la existente desigualdad en la distribución del ingreso nacional".

" El segundo flujo distributivo, muchísimo más pequeño, es el gasto social, con el que se busca compensar las inequidades que genera el primero. El problema es que la política social solo pone los decimales de las cifras de pobreza, mientras que la política económica pone los números enteros. Por ello, si bien los programas sociales ayudan, efectivamente, a mejorar las condiciones del capital humano (salud, educación, inserción ocupacional, etc.), actúan sobre el marco que le pone la política económica. Los resultados de los programas sociales, por tanto, no son independientes del tipo de crecimiento económico".

Entonces si el primer flujo alienta la desigualdad, poco puede hacer el segundo para contrarrestar sus efectos. Por tanto, si la lucha contra la pobreza se la asocia solo con los programas sociales, la discusión gira alrededor de temas como la "eficiencia", de las "filtraciones", de la "subcobertura". Y se deja de lado el tema de fondo.

Puesta la discusión en este campo, la responsabilidad del MEF asume toda su dimensión. Pero si el problema son los "programas sociales", entonces las miradas estarán dirigidas al Ministerio de la Mujer, lo que le permite al MEF "mirar desde el balcón" en términos de la responsabilidad sobre la pobreza y el empleo. El empleo debe recuperar centralidad en términos que su calidad y cantidad son clave para bajar la pobreza de manera sostenida. De esa manera, los ingresos de los ciudadanos ya no tendrán que depender del Estado. Ese debe ser el objetivo.

(*) Crecimiento Económico y Desarrollo: un enfoque convergente. Revista del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales Nº 5, UNI. Febrero 2008.

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