Las ‘‘indulgencias ecológicas’’ no son suficientes

Por Humberto Campodónico

El nivel actual de gases del efecto invernadero en la atmósfera equivale a 430 partes por millón (ppm) de carbono atmosférico. Hace solo 150 años, antes de la Revolución Industrial, el nivel de estos gases era de 280 ppm. Este aumento ha causado que las temperaturas en el mundo se eleven en medio grado centígrado, lo que aumentará en medio grado adicional en las próximas décadas, dada la inercia existente en el sistema climático.

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Incluso si el flujo anual de emisiones no aumenta por encima de los niveles actuales, el stock de gases en la atmósfera podría alcanzar, en el 2050, el doble del nivel preRevolución Industrial, esto es 550 ppm. Pero como el flujo anual de emisiones sigue creciendo, ya que las economías más grandes —y los cada vez más importantes mercados emergentes— siguen usando hidrocarburos para cubrir sus necesidades de energía y transporte, es probable que se llegue al nivel de 550 ppm en el 2035.

Con ese stock de carbono atmosférico hay una chance del 77% —y quizá del 99%— de que la temperatura del planeta suba en 2 ºC, que es el nivel en el que los cambios químicos de la atmósfera son poco predecibles, las corrientes marinas sufren fuertes alteraciones, lo que hará que la vida humana y la biogeografía cambien radicalmente.

Los párrafos anteriores no provienen de algún "desquiciado ecologista", sino del informe elaborado para el gobierno británico por el ex jefe de economistas del Banco Mundial, Nicholas Stern, publicado en octubre del 2006 (*). Dice Stern en "La economía del cambio climático" que hemos llegado a un punto en el que ya no se puede dudar acerca de los efectos nocivos del calentamiento global. Es hora de pasar a la acción porque de eso depende el futuro de la humanidad.
La cuestión es que la mayor parte de los esfuerzos realizados no ha logrado, ni de lejos, revertir la tendencia. Por ejemplo, los mecanismos generados por el Protocolo de Kioto llegan a un total acumulado de 40,000 millones de euros (US$ 58,000 millones), de los cuales el 70% es canalizado entre países europeos con el sistema de intercambio de emisiones. El 29% restante (11,600 millones de euros) corresponde al Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) y el 1% restante a otras iniciativas.

El MDL permite a los emisores de gases de los países europeos comprar "indulgencias ecológicas" (lo que les sirve para, en el papel, reducir sus emisiones) mediante el financiamiento de proyectos "limpios" en los países en desarrollo. De esa manera, los países europeos se acercan a la meta de cumplimiento de la reducción de gases de efecto invernadero comprometidos en Kioto. Recordemos también que EE. UU. no firmó el Protocolo y no tiene meta de reducción alguna.

El monto invertido hasta ahora en el MDL es pequeño con respecto a otros flujos. Por ejemplo, la Ayuda Oficial al Desarrollo asciende a US$ 103,000 millones anuales (lo que, sin embargo, no cumple con la meta de 0.7% del PBI de los países industrializados , que es el compromiso). Y si hablamos de los préstamos privados y de la inversión extranjera directa, dichos montos superan los US$ 500,000 millones anuales.

Pero el monto de MDL no solo es pequeño (11,600 millones de euros), sino que está concentrado en los grandes países emergentes, correspondiéndole a China el primer lugar con el 52%, seguido de India y Brasil, con el 13.9 y 8.7%. Así, lo que queda claro es que estos mecanismos, basados en el mercado, son insuficientes, por lo que se hace necesario obtener nuevas fuentes de financiamiento y, también, nuevos enfoques basados en la regulación estatal y un nuevo paradigama de crecimiento que permitan reducir la emisión de gases invernadero.

Esto es lo que se discute en el seminario de la organización "Cooperation Sud", "¿Qué régimen multilateral para después del 2012?", año en que se deben renovar los compromisos asumidos en Kioto. Quizá el ingreso de una nueva administración en Washington, así como el fracaso del neoliberalismo, permitan adoptar nuevos compromisos políticos que disminuyan los riesgos que amenazan a nuestro planeta, como lo explica claramente el Informe Stern. Volveremos sobre el tema.

(*) www.hm-treasury.gov.uk/independent_reviews/stern_review_economics_climate_change/stern_review_Report.cfm
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