Luis Rivas
 
La Unión Europea se humilla ante Estados Unidos y aplaza la aplicación de su impuesto a las grandes empresas tecnológicas. Mientras Donald Trump amenazaba con represalias, Joe Biden "invita" a sus aliados a dejar de lado uno de sus proyectos estelares.
 
 

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La Unión Europea parece sumida en una espiral de auto humillación en los últimos meses que resta credibilidad a una potencia más fuerte en cifras que en poder político. Pero no se puede hablar de masoquismo; se trata más bien de una impotencia que es difícil de disimular no solo ante sus competidores internacionales sino, sobre todo, ante los millones de ciudadanos que comparten la bandera azul estrellada.
 
Más de dos años llevaba trabajando la UE en su proyecto de tasa para las compañías digitales que venden sus productos y servicios en los 27 países comunitarios y que ven cómo los beneficios no pueden ser tasados ante la inexistencia de sedes instaladas en su territorio. Entre las empresas señaladas, las inevitables protagonistas del acrónimo GAFAM (Google, Amazon, Apple, Facebook y Microsoft), que engloba a las cinco tecnológicas norteamericanas.
 
BIDEN, IGUAL QUE TRUMP
 
Dos años de trabajo bajo la presión y las amenazas de la Administración Trump, que los ingenuos europeístas creyeron que desaparecerían con el advenimiento de su 'amigo', Joe Biden, recibido con alfombra roja en Bruselas, y jubilosos – casi babosos - comunicados de los dirigentes de la UE.
 
El nuevo jefe de la Casa Blanca propuso en campaña electoral un impuesto del 21% a las grandes empresas. Tras la toma de posesión, su "progresismo" se fue debilitando hasta reducir la cifra en un 15% aplicable a nivel mundial. Pero sus aliados transatlánticos, que aplaudieron ese fervor impositivo – casi izquierdista- de Biden, han tenido que envainar su tasa ante las amigables presiones de Washington D.C.
 
VASELINA DIPLOMÁTICA
 
El G7 y el G20 acabaron con las esperanzas europeas. Janet Yellen, la nueva Secretaria del Tesoro (Ministra de Finanzas) de Estados Unidos, aprovechó su bautismo internacional para ir advirtiendo a los europeos. En su visita al corazón de la UE, en Bruselas, fue ya tajante: "Invito a desmantelar las tasas digitales existentes, que Estados Unidos considera discriminatorias, y a abstenerse de aplicar medidas similares en el futuro". Quizá Trump habría utilizado términos todavía más imperativos o más floridos, el caso es que la vaselina diplomática de Biden surtió efecto.
 
La UE decidió aplazar su impuesto ante los argumentos de Yellen, esto es, esperar al acuerdo mundial sobre la tasación de un 15% a las empresas que superen los 20.000 millones de dólares en cifra de negocios y superen una rentabilidad del 10%. El gobierno norteamericano arguye que los dos impuestos son redundantes y que los republicanos norteamericanos podrían soliviantarse y condenar en el Senado la propuesta del 15% global que, por cierto, debería ser aprobada por 138 países, cuando los beneficiados serían muchos menos.
 
La realidad es que, como es lógico, Estados Unidos da prioridad a sus intereses y deja, una vez más al descubierto la debilidad política de la Unión Europea, que renuncia, de momento, a una de las fuentes de ingresos para hacer frente al gasto de 750.000 millones de euros que va a dedicar a la recuperación de sus 27 miembros, afectados por la pandemia de covid-19.
 
De nada sirvieron los intentos de la vicepresidenta de la Comisión Europea, Margrethe Vestager, que insistía en el hecho de que la tasa europea – menor que ese 15% global - no se aplicaría solo a las cinco multinacionales norteamericanas, sino a cientos de empresas digitales en el mundo.
 
OPOSICIÓN DENTRO DE LA UE
 
Yellen, además, movía el puñal verbal en la llaga europea señalando que dentro de la UE hay países en contra de la tasa europea, como Irlanda, Hungría y Estonia, que practican 'dumping' fiscal para atraer empresas extranjeras a su territorio. Se abstuvo de mencionar - sería ya demasiado - que dentro de la UE existen otros paraísos que practican la 'optimización fiscal', en claro, beneficios fiscales para empresas de países vecinos que quieran escapar de los impuestos de sus propios gobiernos, como Holanda, Luxemburgo o Malta, además de la ya mencionada Irlanda.
 
El responsable de las finanzas de Francia, Bruno Le Maire, se había referido a la tasa europea como "el impuesto del siglo". Una declaración que sigue siendo válida para dentro de cien años. La vejación de Joe Biden a la UE fue tan clamorosa que ninguno de los comisarios (ministros) europeos quiso comunicar personalmente la decisión ante la prensa y enviaron a un vocero.
 
Eso sí, en ese ridículo ejercicio de la nueva comunicación a través de las redes sociales, el comisario europeo de Economía, Paolo Gentiloni, tuiteaba una foto con Janet Yellen con el tílular obligado cuando es mejor no profundizar en el fracaso: "Excellent meeting with Janet Yellen". No merece ni ser traducido. 
 
 
Con información de Sputnik