La mitad de Lima sin energía

La energía más cara es la que no se tiene


Por Jorge Manco Zaconetti (Investigador UNSM y Consultor)


El usuario común y corriente se pregunta qué está pasando con el servicio de electricidad que en este verano, supuestamente un periodo bueno de lluvias, existan cortes intempestivos en buena parte de los distritos de Lima Metropolitana y el país en general. El 6 de de febrero en la tarde, la planta de Ventanilla de la empresa Edegel tuvo problemas en uno de sus generadores que no pudo solucionarse a tiempo por problemas laborales; la consecuencia es que más de 15 distritos de Lima sufrieron la restricción del servicio eléctrico. Durante los días 4, 5, 6, 9 de marzo por problemas en la hidroeléctrica de El Mantaro, se afectó el suministro de energía para Luz del Sur, empresa responsable de la distribución en Lima Sur, y casi a un millón de usuarios se les cortó el servicio de energía.


¿Quién es el responsable ante esta situación? Acaso el ministerio de Energía y Minas con un ministro de formación eléctrica, Osinergmin organismo regulador por excelencia que no haría bien su rol de promover la inversión, las empresas de generación que estarían presionando por mayores incrementos tarifarios, la naturaleza por las excesivas lluvias, acaso los bajos precios del gas natural que desincentivan la construcción de nuevas centrales hídricas, TGP empresa responsable del transporte del gas de Camisea que no ha ampliado a tiempo la capacidad de transporte, ElectroPerú por no dar el mantenimiento debido a las dos centrales hídricas, Edegel por no resolver en trato directo sus problemas laborales. ¿A quién acusar?

Todas estas interrogantes resultan válidas, y tienen algo de cierto. Como diría el economista fisiócrata F. Quesnay (1756) “todo depende de todo”, destacando la interdependencia entre los sectores, y cómo las decisiones de gasto e inversión determinaban los niveles de ingreso, y por tanto del consumo de las clases sociales.

La realidad nos demuestra que no tenemos reserva de energía en calidad ni oportunidad para suplir cualquier emergencia, como lo que está pasando, ante desperfectos, y fallas de la generación a los cuales se sumarían problemas laborales. Es más, la ausencia de la reserva de energía demuestra en el fondo, la falta de planificación en un sector estratégico, como es la generación, transmisión y distribución de la energía eléctrica.

Lamentablemente el Presidente de la República traumatizado por los “errores y horrores” del primer gobierno asume como un A,B,C,D el principio de la subsidiaridad del Estado en la economía, principio central de la Constitución de 1993, y la no intervención de las empresas estatales en la economía. Ello explica el deterioro de PetroPerú, de ElectroPerú, Egasa y Egesur, etc.

La falta de reserva es la expresión contundente que no tenemos planificación, y a esta realidad nos ha conducido el principio ideológico, hoy en bancarrota que el “mercado lo resuelve todo”. Si bien, gracias a las buenas lluvias la reserva de energía se elevó de 1% al 7%, en verdad en las horas punta de las 18 a 23 horas prácticamente no tenemos reserva de energía, ni equipos de generación a diesel disponibles para enfrentar las salidas intempestivas de otra unidad de generación.

Esta reserva de energía que debiera ser superior al 25% en relación a la capacidad de potencia instalada no se levanta de la “noche a la mañana”. Supone la existencia de una política realmente promotora de la inversión en generación, transmisión y distribución, supone una rentabilidad atractiva para el inversionista público o privado. Exige superar las graves distorsiones que se han venido incubando de años atrás y que hoy se están manifestando con toda su fuerza, gracias a la ineptitud e incapacidad de quienes no tomaron las previsiones, recomendaciones y decisiones en el pasado. Hoy pagamos las consecuencias que se agravarán en los meses de julio, agosto cuando empiece el período de estiaje, con las sequías respectivas.

De allí, que las decisiones que se adopten hoy en día, tomaran su tiempo para resolver de manera razonable esta falta de reserva de energía, esta ausencia de importantes inversiones en generación eléctrica especialmente hídrica y eólica, y alcanzar una mayor cobertura eléctrica nacional, pues resulta paradójico que en el siglo XXI millones de peruanos no tengan acceso al servicio eléctrico.

En tal sentido, todos debemos recordar que en su última presentación ante la Comisión de Energía y Minas del Congreso de la República el ex ministro del sector Juan Valdivia Romero, en agosto del 2008 exponía la versión oficial de la llamada “crisis energética” asegurando que no habrían restricciones de energía ni racionamiento alguno. Allí, se señalaban los antecedentes los desequilibrios indicando que durante el período “2001-2006 la demanda aumentó en 28.2% mientras que la oferta en nueva generación sólo creció 9.4% reduciéndose la reserva de manera significativa (aprox. 500 MW)”.

Lamentablemente el buen ex ministro no está presente en la responsabilidad del sector para explicar actualmente lo que está sucediendo, donde importantes sectores de Lima sufren cortes intempestivos del servicio eléctrico.

Se debe recordar que la pérdida de la reserva eléctrica durante el mismo período 2001-2006 fue de 50 % a 30%, llegando a menos de 7 % en las horas punta en la actualidad, que se suman a las restricciones en el suministro de gas natural a las centrales térmicas en horas punta (18 a 23 horas) por la congestión en el gaseoducto de Ica a Lima, que tiene una capacidad máxima de transporte de 290 millones de pies cúbicos. Esto representaría un equivalente de 200 MW de menor generación a gas natural que se debiera sustituirse con los altos precios del diesel 2 que cuestan entre 20 % a 25 % más caro que el precio internacional del petróleo.

La pregunta central debiera ser: ¿Por qué no se invierte en centrales de generación hidráulica, y sin embargo, existe una cola de empresas que desean generar electricidad con el gas barato de Camisea? Esta es una interrogante válida, pues salvo la Hidroeléctrica de El Platanal en Cañete de 220 MW, todo es ilusión, salvo los proyectos de generación térmica a gas natural.

Creemos que este es el punto de partida para reconocer el problema esencial que resulta en la ausencia de una planificación energética como política de Estado, que desde los inicios de la década de los noventa impuso el sentido común del “libre mercado”, desregulando el mercado eléctrico, debilitando el rol del Estado y privatizando empresas públicas rentables al mejor postor, con mínimos compromisos de inversión.

Según las empresas eléctricas, la responsabilidad de la falta de inversiones en la generación hídrica y la dramática disminución de la reserva que en las horas punta entre las 18 y 23 horas llega ahora al 7% pero el año pasado estuvo en 1 %. Según declaraciones del Presidente del COES, es la extrema discrecionalidad del organismo regulador, que no incentiva la inversión. Es decir, el supuesto modelo de eficiencia eléctrica funciona actualmente sin reserva de energía eléctrica, que teóricamente debiera representar un mínimo del 25 % para asegurar el crecimiento de la economía en los próximos años, los nuevos proyectos mineros intensivos en energía y los tratados de libre comercio (TLC).

En otras palabras, la reserva eléctrica se ha licuado, y esta sería la forma más efectiva de presionar para el incremento tarifario y cuestionar un modelo eléctrico distorsionado gracias a los precios baratos e irracionales del gas natural para la generación eléctrica, viejas prácticas oligopólicas, y presiones de los grupos de poder, etc.

Si el principio de la interdependencia se respeta, donde “todo depende de todo”, sería un avance que el gobierno, congresistas, líderes de opinión y también claro esta, el señor Alfredo Dammert presidente del organismo regulador Osinergmin, reconozcan que el precio del gas natural proveniente del Lote 88 es excesivamente barato, tan barato que el marcador Henry Hub en la economía norteamericana donde el precio promedio estaba en US$ 9 dólares el millón de BTU, sin contar los costos de transporte y distribución, mientras aquí las empresas de generación eléctrica como Edegel (unidad de Ventanilla), Kallpa y Energía del Sur pagaban menos de US$ 1.50 por millón de BTU por el gas de Camisea.

Este enorme e irracional subsidio, con precios políticos del gas natural constituye a mi criterio, el principal obstáculo para la promoción de la inversión en otras fuentes de generación eléctrica alternativas como las hidráulicas y eólicas que tienen un enorme potencial desaprovechado en nuestro país.

Sinceremos el precio del gas natural proveniente del lote 88, para el establecimiento de una política sana de precios relativos, que también, dicho sea de paso, significarán mayores ingresos fiscales pues el 37.24% de regalías se fijarían sobre mayores precios en “boca de pozo”. Esta es la forma más segura e inteligente de alcanzar la autonomía y seguridad energética.


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