Aurelio García y García y la compra fraudulenta de los monitores que no monitoreaban

Escribe: César Vásquez Bazán

Su rol “técnico” en la adquisición del “Manco Cápac” y el “Atahualpa”, uno de los más sucios negociados de Mariano Ignacio Prado.

García y García: falso valor de la Marina Peruana.

“Concienzudo” informe sobre el Oneoto y el Catawba preparado por el capitán Aurelio García y García, Nueva York, 24 de noviembre de 1867 (García y García 1869, 25-28).

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El 4 de octubre de 1867, el gobierno de Mariano Ignacio Prado firmó en Lima el contrato de compra por dos millones de dólares de los monitores fluviales estadounidenses Oneoto y Catawba, los que en la Marina Peruana pasaron a denominarse Manco Cápac y Atahualpa. Prado sustentó su decisión indicando que Perú aún se encontraba en guerra con España y que el país necesitaba reforzar su escuadra adquiriendo el Oneoto y el Catawba.

 

La compra de ambas naves fue una operación dañina a los intereses nacionales. Dos son las principales razones que sustentan esta afirmación.

La primera de ellas fue que Perú necesitaba monitores blindados que pudiesen asegurar la soberanía del país en el Océano Pacífico, algo que ambas naves no podían hacer debido a que no habían sido diseñadas para la navegación marítima. El Oneoto y Catawba fueron construidas como monitores fluviales para patrullar las aguas del río Misisipi en los Estados Unidos; eran por tanto inútiles para la defensa nacional del Perú.

La segunda causa fue la ostensible sobrevaloración de ambas naves. Como ya se ha indicado, el Perú pagó por cada uno de los blindados fluviales norteamericanos la suma de un millón de pesos (Basadre 1968-70, VI: 61). Para efectos comparativos, cada uno de los monitores fluviales costó más del doble que el Huáscar, que había sido construido en Inglaterra, con diseño y características superiores, y que había sido lanzado al mar dos años antes, en 1865. Perú pagó por el Huáscar 81,247 libras esterlinas, cifra que al tipo de cambio de cinco pesos por libra esterlina, arroja la suma de 406,235 pesos (Basadre 1968-70, VI: 9). (Sobre este caso de corrupción puede usted leer Mariano Ignacio Prado o el ladrón.- Sus servicios a Chile y sus negociados en la compra de armas, el contrato Raphael y los sobornos de Meiggs y Grace).

El rol de Aurelio García y García en la compra del Manco Cápac y Atahualpa

En 1867, la embajada peruana en los Estados Unidos se encontraba confiada al abogado civilista José Antonio García y García, quien cumplía funciones de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario. En un evidente caso de nepotismo, el capitán Aurelio García y García, hermano menor de José Antonio, fue nombrado por Prado como agregado en la misma Legación (Salcedo 1867, 126; García y García 1869, 9).

El 19 de noviembre de 1867, José Antonio García y García presentó sus credenciales al presidente norteamericano (Lanman 1876, 620).  Tras asumir funciones de manera oficial, se dedicó a cumplir uno de los principales encargos del gobierno de Prado, consistente en acelerar la llegada al Perú de los monitores Manco Cápac y Atahualpa.

Es por ello que el agregado Aurelio García y García recibió el 11 de noviembre de 1867 el encargo de su hermano, el embajador, consistente en practicar una “inspección preliminar y facultativa” de los buques adquiridos. Con este fin, se trasladó a Nueva Orleans, donde se encontraban las naves, y preparó un “detenido examen”, desde el punto de vista naval, sobre el Oneoto y Catawba.

Escribió Aurelio García y García en su informe: “El conjunto de trabajos hasta adonde es posible reconocer, están hechos de una manera sólida y esmerada… Las máquinas, calderas, ventiladores, aparatos de las torres y en general todo lo que pertenece a este departamento, es de la mejor calidad… Su construcción es esmerada, la calidad de materiales empleados selectos y su poder militar extraordinario, pudiendo con notable ventaja dar combate hasta a los buques más fuertes hoy conocidos”.

Por supuesto, hubiera sido impensable que el capitán Aurelio García y García no hubiera destacado en su informe la disposición fluvial y no marítima del Oneoto y Catawba. Reconoció que “el sistema especial de estosmonitores, construidos para la defensa de los puertos y ríos de los Estados Unidos durante la última guerra, los hace carecer de toda cualidad marinera y juzgo por lo tanto, que su navegación al Pacífico o cualquier viaje de travesía, ofrece grandes peligros”.

García y García indicó que los problemas encontrados “sólo pueden ser vencidos en parte, emprendiendo ciertas ligeras alteraciones, siendo la más indispensable, colocar dos palos pequeños que permitan darles algún velamen, librándose así de quedar a merced de la mar, en caso de parada o cualquier descomposición de la máquina y consiguiendo siempre mayor estabilidad. Una amurada provisional a proa, y una toldilla o puente entre la torre y la chimenea, son obras también urgentes.”

García y García señaló también dos limitaciones de los monitores estadounidenses, relacionadas con su dependencia de otras naves en materia de aprovisionamiento y su dependencia de las estaciones del año en que podría operar: “La compañía o convoy de un transporte que suministre carbón y provisiones, es de todo punto indispensable; así como el escoger las estaciones del año en que deben recorrerse los diferentes paralelos de la travesía”.

Llama la atención que el capitán García no hubiese comentado la crítica lentitud del Oneoto y Catawba, que descalificaba a estas naves para servir como monitores en el Perú. En su mejor momento, la velocidad de ambas fue siempre inferior a los seis nudos.

Sin embargo, para García y García, el Oneoto y Catawba permitirían “presentar en aguas del Perú, los buques más difíciles de navegar que jamás hayan surcado el océano”. Pareciera ser que para el ubicuo capitán, la utilidad de un navío podía juzgarse en razón a la “dificultad” que implicase su conducción, y no en términos de su potencia, armamento, máquinas, velocidad y maniobrabilidad.

El 24 de noviembre de 1867, de vuelta en Nueva York, el agregado Aurelio García y García envió a su hermano, el embajador José Antonio García y García, el informe que éste le había solicitado. En vez de descalificar en su integridad la compra del Oneoto y Catawba, Aurelio García y García defendió el “concienzudo examen que hice de esas formidable máquinas de guerra” y dejó pasar la operación (García y García 1869, 10).

Como era de esperarse, las naves adquiridas a tan elevado precio nunca cumplieron funciones como monitores en razón a que no fueron diseñadas para operaciones en el mar. Tuvieron que ser remolcados “de Nueva Orleans a las Antillas, y a la costa atlántica de la América del Sur, para luego pasar a la del Océano Pacífico. Fue el remolque más largo –quince meses− y el más peligroso hecho hasta entonces en la historia de la marina de guerra en el mundo” (Basadre 1968-70, VI: 61).  

Durante la Guerra del Salitre, el Manco Cápac fue usado como batería flotante en la defensa de Arica, por lo que tuvo que ser remolcado hasta dicho puerto. El Atahualpa permaneció anclado en el Callao y sirvió como “batería flotante” debido a que no podía navegar por el deterioro de sus calderas. Ambos monitores de río fueron hundidos por sus propias tripulaciones para evitar que cayeran en manos enemigas.

Como escribió Basadre (1968-70, VI: 62), “no se llega a comprender cuáles fueron los beneficios aportados al país con la adquisición del Manco Cápac y el Atahualpa”. Con lo que el Perú pagó por ambas naves el país pudo haber comprado cinco monitores como el Huáscar. Sin embargo, Mariano Ignacio Prado no estaba muy interesado en ese tipo de consideraciones. Él lo que quería asegurar era el business de las comisiones y primas que recibían las autoridades del país comprador. La adquisición del Oneoto yCatawba fue uno de los negociados que lo hizo rico y para completarlo contó con la ayuda de los hermanos García y García. De paso, Prado y los García y García grabaron sus nombres de manera indeleble en uno de los más comentados actos de corrupción en la Historia del Perú.

Obras citadas

Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. 6ta. ed. Lima: Editorial Universitaria.

García y García, Aurelio. 1869. Suplemento indispensable a los folletos dados a luz por D. José M. Salcedo, durante su escapada a Europa en 1867 y después de su fuga a Chile en 1869. Lima: Tipografía de “El Nacional”.

Lanman, Charles. 1876. Biographical Annals of the Civil Government of the United States During its First Century. Washington: James Anglim, Publisher.

Salcedo, José M. 1867. Esposición que José M. Salcedo hace a sus amigos, relativa a su conducta observada desde el 14 de abril 1864, día en que tuvo lugar la toma de las Islas de Chincha por la escuadra española. Gante: Imprenta de Eug. Vanderhaegen.