“entrambos”

En el diario La República del 14 de diciembre de 2008, en la columna de Jorge Bruce, con el título “Morir por sus ideas”, se lee:

Podría pensarse que la diferencia entrambos es que el chiclayano no es miembro prominente –connotación fálica expresa– del Apra. Si bien esto es parte del reto aceptado por Yehude, es fácil darse cuenta que la ladera de desempoderamiento por la que se está precipitando no es tan solo una cuestión de pertenencia grupal. Se sabía que Del Castillo tenía a sus más enconados opositores en Alfonso Ugarte. Pero más evidente resulta imaginar lo que habría ocurrido si otra persona ajena al ámbito partidario ocupara el cargo. PPK, por ejemplo. O incluso alguien de menor nivel, como el actual ministro de Defensa. Cualquiera de estos personajes habría requerido menos contorsiones humillantes para adaptarse a la prótesis del premierato, la sombra de García. La idea es de Freud: los hombres, decía, somos unos dioses con prótesis, refiriéndose al carácter eminentemente ilusorio de nuestra potencia, basado en la tecnología, pero en donde la maquinaria está vacía, carente de sujeto.

 

Comentario:

1) Es erróneo creer que el adjetivo entrambos equivale al significado de “entre” más “ambos”, entrambos es sinónimo de ambos.

2) En la intercalación “–connotación fálica expresa–” no se ha empleado rayas sino otro símbolo más pequeño (que se utiliza como “signo menos”).

3) El verbo “empoderar” —que significa ‘dar poder’, ‘dar autoridad’, ‘reconocer derechos’—, del cual deriva “desempoderar”, es un neologismo, calco del inglés empower. Se debería evitar su uso.

Con los cambios, tenemos:


Podría pensarse que la diferencia entre ambos es que el chiclayano no es miembro prominente —connotación fálica expresa— del Apra. Si bien esto es parte del reto aceptado por Yehude, es fácil darse cuenta que la ladera de la pérdida de autoridad por la que se está precipitando no es tan solo una cuestión de pertenencia grupal. Se sabía que Del Castillo tenía a sus más enconados opositores en Alfonso Ugarte. Pero más evidente resulta imaginar lo que habría ocurrido si otra persona ajena al ámbito partidario ocupara el cargo. PPK, por ejemplo. O incluso alguien de menor nivel, como el actual ministro de Defensa. Cualquiera de estos personajes habría requerido menos contorsiones humillantes para adaptarse a la prótesis del premierato, la sombra de García. La idea es de Freud: los hombres, decía, somos unos dioses con prótesis, refiriéndose al carácter eminentemente ilusorio de nuestra potencia, basado en la tecnología, pero en donde la maquinaria está vacía, carente de sujeto.