Reconstrucción de Gaza: la comunidad internacional traga y paga

Por Adrián Mac Liman*

La conferencia internacional de donantes para los territorios palestinos finalizó con el compromiso de desembolsar 4.500 millones de dólares para la reconstrucción de la Franja de Gaza.

La Operación “Plomo Fundido” podría resumirse de la siguiente manera: 1.330 víctimas mortales entre la población palestina, cerca de 5.000 heridos, 4.000 viviendas totalmente arrasadas, 14.000 casas derruidas, 1.000 fábricas y pequeñas empresas destruidas, 240 colegios demolidos. Sin tomar en cuenta algunos “desperfectos menores” y del trauma psicológico causado a la población civil.


Los servicios de inteligencia militar hebreos cantan victoria: durante el operativo fueron “eliminados” alrededor de 300 radicales de Hamás. Un verdadero éxito que, a la hora de la verdad, bien vale una conferencia. Se trata, recordémoslo, de la cuarta reunión celebrada en menos de 12 meses. La paciente y excesivamente tolerante comunidad internacional no dudó en brindar su ayuda al pueblo palestino en las anteriores reuniones de París, Londres y Berlín. O, mejor dicho, a los representantes palestinos reconocidos o tolerados por las autoridades israelíes. Se trata del Gobierno de la ANP con sede en Ramalah, presidido por Mahmud Abbas, a la vez artífice de los Acuerdos de Oslo y malogrado heredero de Yasser Arafat.

Una de las peculiaridades de la reunión de Sharm el Sheij habrá sido la decisión de los donantes de encauzar la ayuda internacional a través de la ANP, marginando nuevamente al movimiento islámico Hamás, que se alzó con la victoria en las elecciones generales en 2006 y que controla la Franja de Gaza.

Aunque no tienen fama de corruptos o derrochadores como sus rivales de Al Fatah, los israelíes son muy reacios a la hora de dejarles administrar los fondos de la comunidad internacional, alegando que podrían servir para la compra de equipo bélico o material “estratégico” como el cemento o el acero. Los representes de los Estados que accedieron a la cita de Sharm el Sheih, entre los que figuran varios países árabes productores de crudo, se plegaron a las exigencias de Tel Aviv.

Los 1,5 millones de habitantes de Gaza recibirán, pues, la ayuda humanitaria por intermedio de la ANP aunque no se sabe cómo. Lo que sí se sabe es que los dirigentes de Hamá, calificaron esta resolución de “chantaje destinado a reforzar a Mahmud Abbas”.
A pesar de esto, algunas delegaciones occidentales apuestan por la poco probable reconciliación entre las dos facciones palestinas y la formación de un Gobierno de Unidad Nacional, capaz de reequilibrar el panorama político en los territorios.

Muchos politólogos y analistas internacionales depositaron su confianza en la nueva política estadounidense en la región. Sin embargo… entre las condiciones previas impuestas por la diplomacia norteamericana figura, además del constante aislamiento de Hamas, una postura laxa ante la anunciada construcción de unas 73.000 nuevas viviendas en los territorios ocupados.

La responsable del Departamento de Estado prefirió no tomar cartas en el asunto. Clinton dijo, eso sí, que para Washington la solución de los dos Estados – Israel y Palestina – es “inevitable”. Pero los “inevitables” de la ex primera dama no contemplan, al menos por ahora, una postura más enérgica para con las autoridades de Tel Aviv. Más aún: la Secretaria de Estado manifestó el inquebrantable apoyo de Washington al Estado de Israel, retomando los tópicos del discurso pronunciado en Jerusalén en 2000, durante su último viaje a la zona en calidad de esposa del entonces Presidente de los Estados Unidos.

Entre las escasas novedades de la gira de Hillary Clinton a Oriente Medio figura, sin embargo, un intento de acercamiento a Siria, país que se hallaba, junto con Irán, en la “lista negra” de la Administración Bush y que, según el actual inquilino de la Casa Blanca, está llamado a desempeñar un papel clave para la seguridad de la zona. Cabe preguntarse si los estrategas israelíes comparten el punto de vista de Washington o si nos encontramos, una vez más, ante posturas e intereses divergentes.

De todos modos, en cuanto a la cuestión palestina se refiere, la comunidad internacional se ha visto obligada a pasar, por enésima vez, por el aro de Tel Aviv, que ha impuesto su habitual consigna: traga y paga. Los comentarios sobran.

* Analista político internacional, Centro de Colaboraciones Solidarias