Por Rocío Ferrel

Primero culpó a las ONG de los incendios en la Amazonía, pero conforme transcurren las horas, el presidente de Brasil Jair Bolsonaro y su gobierno se manifiestan por sus propias declaraciones, sumadas a los hechos, como los verdaderos nerones de la Amazonía, que sufre la peor catástrofe de la historia.

 

incendio Amazonia ago 2019

 

1) El primer antecedente son las normas de Bolsonaro incentivando a ampliar la frontera agrícola y ganadera, lo cual ha estimulado a dichos productores a talar y quemar la selva.

2) A la insuficiente acción de Bolsonaro una vez desatados los incendios se suma su desidia al declarar recién al día 18 que no dispone de los recursos para combatir el fuego.

3) Tras reconocer que no puede controlar los incendios, Bolsonaro no pide ayuda internacional.

4) Horas después, una vez que se produjo la primera declaración de intención de acción de ayuda de parte de un mandatario extranjero, Emmanuel Macron, quien dijo ayer que en dos días discutiría en el G7 el incendio de la Amazonía, Bolsonaro fustigó a su par francés al calificarlo de colonialista por sus declaraciones, un calificativo totalmente disparatado, grosero e impertinente para el representante de un país que pretende ayudar.

5) Lo que ha indignado a muchos es lo que hoy informa Radio Francia: el primer ministro brasileño, Onyx Lorenzoni, rechazó ir a las zonas de los incendios diciendo despectivamente “tengo cosas más importantes que hacer”, porque iba a realizar los preparativos para la recepción a refugiados venezolanos, pues para esa recepción basta cualquier funcionario de segundo nivel. Bolivia da el ejemplo, pues el propio Evo Morales fue al lugar de los hechos en una zona cercana ha dejado instalado un equipo de control con y su ministro de Defensa sobrevuela la zona.

Así las cosas, el panorama es sombrío, pues los hechos apuntan a que es el propio gobierno que estaría en complicidad con los incendiarios dilatando el tiempo y atacando las intenciones de ayuda internacional, para que el fuego consuma más la selva y estas áreas puedan ser reclamadas por empresarios ganaderos y agricultores que no respetan a la naturaleza y que probablemente estén inmersos en actos de corrupción de Bolsonaro con ellos, de lo cual hay indicios razonables (ver Corrupción y Bolsonaro en la destrucción de la Amazonía brasileña).

Llama la atención que el pueblo brasileño no se vuelque a protestar reclamando la salida de Bolsonaro.

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