Madrid, 29 abr (Sputnik). – La Comunidad de Madrid lleva 26 años gobernada por el conservador Partido Popular. Las encuestas apuntan a que lo más probable es que continúe así tras las elecciones del próximo 4 de mayo. Sin embargo, las izquierdas se afanan en buscar un milagroso vuelco de última hora, algo que todavía no se puede descartar del todo tras una campaña electoral llena de sobresaltos.
 
 

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La izquierda acude a las elecciones regionales de Madrid con tres grandes candidaturas: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), la formación progresista Más Madrid (MM) y la coalición izquierdista de Unidas Podemos (UP).
 
LOS CANDIDATOS
 
El candidato del PSOE es Ángel Gabilondo (72 años), un profesor de filosofía que fue ministro de Educación con José Luis Rodríguez Zapatero. Destaca por su perfil moderado, algo que él mismo trata de explotar para distanciarse de la crispación y la política espectáculo. En uno de sus spots de campaña más virales se definió como "soso, serio y formal", una frase tras la que asoma su debilidad: la falta de carisma.
 
La cabeza de lista por Más Madrid es Mónica García (47 años), una doctora llegada a la política de la mano de las movilizaciones contra la privatización de la sanidad. Ahora comanda la primera fuerza de la izquierda alternativa en Madrid, nacida como una escisión de Podemos. Su condición le médico le hizo ganar notoriedad como el verdadero rostro de la oposición a la gestión de la pandemia en Madrid.
 
Por UP concurre Pablo Iglesias (42 años), una de las figuras más relevantes de la política española en la última década, que dejó su cargo como vicepresidente del Gobierno para ser candidato en Madrid. Con ello busca un doble objetivo: propiciar un cambio de liderazgo en su partido tras el desgaste de su popularidad y rescatar a Podemos de la irrelevancia en unas elecciones con resonancias a nivel nacional.
 
Este bloque compite con el Partido Popular (PP), cuya candidata, Isabel Díaz Ayuso, lleva dos años usando la presidencia de Madrid como trampolín para ganar relevancia a nivel nacional gracias a sus constantes rifirrafes con el Gobierno de coalición entre PSOE y UP que dirige Pedro Sánchez.
 
Una victoria de Ayuso sería un trauma para la izquierda: daría argumentos para un giro populista en el Partido Popular a nivel nacional y, además, llevaría a Vox al poder por primera vez desde su fundación, ya que los conservadores solo pueden gobernar en la región si se coaligan con los ultraderechistas.
 
FRENTE COMÚN
 
La amenaza del enemigo común, unida a las circunstancias excepcionales que envolvieron la campaña, hacen que la izquierda haya dejado atrás sus diferencias discursivas para centrarse en un único asunto: tratar de movilizar a su electorado bajo la premisa de que la democracia está en peligro.
 
La campaña arrancó en un clima de gran polarización política, pero tardó poco en calentarse más todavía. Primero fueron los disturbios en el barrio obrero de Vallecas después de que Vox utilizara este feudo de la izquierda para presentar su candidatura. Después, la aparición de carteles xenófobos contra niños migrantes y, finalmente, la entrada en escena de las amenazas de muerte.
 
Pablo Iglesias recibió el pasado jueves un sobre con cuatro balas y un mensaje con amenazas de muerte para él y su familia. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, recibió un sobre similar, al igual que la directora de la Guardia Civil. Después de eso también se interceptaron cartas amenazantes contra la ministra de Turismo, el expresidente Zapatero y la propia Isabel Díaz Ayuso.
 
Justo a la mañana siguiente de recibir la carta, Iglesias tenía previsto participar en un debate electoral con otros candidatos en la Cadena SER, pero decidió abandonar el estudio radiofónico tras un tenso enfrentamiento con Rocío Monasterio, la candidata de Vox, que puso en duda la veracidad de esas amenazas.
 
El debate prosiguió sin Iglesias hasta que, en un momento dado, Gabilondo y García se solidarizaron con él y abandonaron el debate, dejando claro que los tres comparten enemigo. La vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, lo sintetizó de la siguiente manera: "Esto ya va de democracia o fascismo".
 
"Se acabó la campaña tal como la conocíamos. Debemos cerrar el paso a la ultraderecha por Madrid y por la democracia. Hago un llamamiento a los progresistas (...) Estamos ante una emergencia democrática", dijo Gabilondo en un acto electoral el pasado fin de semana.
 
Ya incluso antes de eso el PSOE dejó clara su intención de enterrar cualquier vía de enfrentamiento con otros actores de izquierda. Gabilondo arrancó su campaña diciendo "con este Iglesias no" a la posibilidad de un pacto para gobernar junto a Podemos.
 
Sin embargo, el pasado miércoles –quizás tras constatar que la mayoría de los antiguos votantes de la formación liberal Ciudadanos se irán al PP– protagonizó un cambio de estrategia al cerrar un debate en la tele pública lanzando guiños a Iglesias. "Pablo, tenemos doce días para ganar las elecciones", dijo.
 
¿HAY PARTIDO?
 
Una encuesta de Metroscopia para el diario El País –uno de los últimos estudios demoscópicos publicados– otorga al PP de Ayuso una clara victoria: 41,3 por ciento de voto, muy por delante de PSOE (19,7 por ciento), Más Madrid (17,6 por ciento), Vox (9,3 por ciento) y UP (7,8 por ciento).
 
En tierra de nadie quedaría la formación liberal Ciudadanos, que tras formar parte del gobierno regional en la pasada legislatura ni siquiera obtendría representación al no superar el 5 por ciento de votos.
 
Según las simulaciones de Metroscopia en base a estos resultados, la probabilidad de que PP y Vox sumen mayoría absoluta es del 87 por ciento, mientras que las opciones de una mayoría de izquierdas es del 9 por ciento y las de un empate son del 4 por ciento.
 
La mayor parte de las encuestas privadas apuntan a un escenario similar. La excepción es el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el mayor ente demoscópico de España, de titularidad pública, cuyas encuestas sí dan opciones de victoria a la izquierda.
 
La mayoría absoluta en la Asamblea de Madrid se sitúa en los 69 escaños. En su último barómetro, publicado el pasado jueves, el CIS pronostica que las fuerzas de derecha pueden sacar entre 65 y 69 escaños, mientras que las de izquierda obtendrían entre 67 y 73.
 
Aunque pequeña, las encuestas dejan abierta una ventana de oportunidad para la victoria de la izquierda, que se agarra a ella como clavo ardiendo para tratar de dar un impulso final a su campaña con la vista puesta en un objetivo: movilizar a los barrios del sur de Madrid.
 
NO PERDER EL SUR
 
Los 26 años de mandato ininterrumpido del Partido Popular en Madrid se sustentan en una realidad incontestable: el norte rico vota mientras la abstención campa en el sur, de población más humilde.
 
En las elecciones de 2019 el Partido Popular se alzó como la fuerza más votada en distritos adinerados como Chamartín o Salamanca, donde más del 70 por ciento del censo acudió a las urnas.
 
En cambio, en distritos de renta más baja como Usera o Puente de Vallecas –donde ganó el PSOE– la participación no llegó al 60 por ciento. Por ello, la izquierda cree que sus opciones de victoria pasan sí o sí por movilizar a estos barrios.
 
"El 4 de mayo hay que ir a votar y es fundamental que los barrios del sur hagamos de cada voto un voto decente y un voto de cambio", dijo este mismo jueves Mónica García, la candidata de Más Madrid.
 
"Que los barrios, ciudades y pueblos de la clase obrera salgan ordenadamente a votar (…) Frente a su violencia, frente a su desorden, el orden digno de la clase trabajadora para votar masivamente el día 4 y dar una lección democrática al fascismo", dijo Iglesias el pasado sábado, en un tono similar.
 
El histórico activista vecinal Félix López Rey, que cierra la lista de Más Madrid, lo resumió de forma más clara en un discurso que se volvió viral en redes: "Coño, seamos conscientes de nuestra fuerza, dejemos de llorar (…) La solución a nuestros problemas es yendo a votar".
 
"La gente de izquierdas siempre nos peleamos por una coma, pero en estos momentos tenemos a una izquierda que en sola una noche se pondrá de acuerdo para echar a los fascistas. De vosotros depende, no os quedéis en vuestras casas", zanjó. (Sputnik)