Sudamérica: hacia una zona de paz y cooperación

Por Manuel Rodríguez Cuadros


Juan Jesús Aznàres, en un reportaje publicado ayer en El País de Madrid, titulado Arsenales al sur del río Bravo, señala que “Lejos de avanzar en los procesos de integración regional, América Latina compra armas masivamente desde que las exportaciones de materias primas de años atrás permitieron a sus gobiernos disponer de dinero para modernizar los arsenales. El petróleo venezolano, el cobre chileno y el grano brasileño han financiado, en buena medida, los misiles rusos adquiridos por Hugo Chávez, los F-16 estadounidenses de Chile o los submarinos de guerra encargados por Brasilia a Francia. La renovada asociación militar de Colombia y Estados Unidos, paralela al alineamiento de Venezuela con Irán y Rusia, certifica el naufragio de las políticas de convergencia regional aplicadas en la década de los noventa”.


El dilema que plantea Aznàres es objetivo. Hay en América del Sur, simultáneamente, una tendencia a la integración y el diálogo político con contornos históricos representados por la entidad que empieza a adquirir Unasur; pero, al mismo tiempo, existen focos de tensión, especialmente Colombia-Venezuela y en menor medida Chile- Perú, en los que el armamentismo de algunos está vinculado a escenarios tradicionales de la seguridad nacional. Hay otros casos de rearme no vinculados a tensiones fronterizas, sino a nuevos roles internacionales, como es el caso del Brasil. Pero, más allá de la diversa etiología de su intensidad y alcance, lo cierto es que existe un rearme al sur del río Bravo.

Lo único que no debe hacerse en este contexto es negar la realidad, esgrimiendo la etérea tesis que se trata de simples reposiciones de material obsoleto. Aznàres hace la pregunta clave: ¿Por qué y para qué se están rearmado ciertos países en Sudamérica? Hay que dar una respuesta a esta pregunta. Y esa respuesta debe ser clara y contundente en descartar el rearme para la agresión. La única manera de dar dentro y fuera de la región un mensaje claro que disocie la adquisición de armamentos con la posibilidad de la agresión, es asumiendo una iniciativa regional, sudamericana, que comprometa la voluntad política de los países y establezca garantías jurídicas que excluyan la hipótesis del uso o la amenaza del uso de la fuerza.

Pienso que de manera similar a la Resolución 41/11 (1986) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que estableció una zona de paz en el Atlántico Sur y la iniciativa peruana que el año 2002 obtuvo la aprobación de un acuerdo básico para promover una zona de paz en el Pacífico Sur, habría que asumir la iniciativa para que los países de Unasur promuevan en la próxima Asamblea General la declaratoria de América del Sur como zona de paz.

Se levantarían las suspicacias que están creando un clima enrarecido en la región. Sudamérica es ya una zona libre de armas nucleares y no habría problema -por los compromisos globales existentes- en declararla libre de armas biológicas, químicas y de destrucción en masa. Habría que añadir un nuevo compromiso colectivo de no uso de la fuerza o amenaza de la fuerza y una expresión de voluntad política contra el armamentismo ofensivo. Esto no resolvería los desequilibrios, pero sí deslegitimaría y aislaría moral, ética y políticamente cualquier voluntad de aventura contra el sentido de la historia.

La Primera, 05.01.2010