Bolognesi acciona las minas y éstas no funcionan.

Restos del Héroe Bolognesi son cobardemente ultrajados por los ladrones chilenos, quienes lo despojan del uniforme y distintivos militares.

Genocidas del sur masacran a peruanos siguiendo la consigna "Mueran los cholos". El testimonio del sargento peruano Dionisio Vildoso.

Día memorable el 7 de Junio de 1880.

Escribe: Sargento peruano Dionisio Vildoso

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A la una de la mañana llega el jefe de día, coronel Marcelino Varela, a la primera batería del Este Cerro Gordo a decir a los capitanes que en esta madrugada era el asalto. Él, como jefe del Batallón de Artesanos de Tacna N.o 27, que era el que guarnecía la batería dio órdenes que tres compañías quedaran adentro, 1.o, 2.o, 3.o, y 4.o, 5.o, 6.o salieran afuera, para impedir que se nos encorralara. Una vez afuera las tres compañías nos desplegamos en guerrilla desde la puerta de la batería hasta el primer parapeto que queda entre el fuerte y Cerro Gordo y quedarnos cada uno en su puesto esperando al enemigo.

El enemigo apareció entre oscuro y claro más oscuro. En este momento rompen los fuegos los centinelas perdidos y se generalizó en las dos baterías. A un principio no nos hacían daño porque nosotros quedábamos en altura y nosotros en cambio les hacíamos muchas bajas y en estos momentos se nos viene un jefe chileno a caballo y lo vi desaparecer muy pronto, él y el caballo. Después supe que era el comandante del 4° de línea San Martín. Conforme iba aclarando nos principiaron a hacer muchas bajas en nuestras filas y nosotros principiamos a retirarnos al primer parapeto de la coronación N. del Cerro Gordo, que también había otra trinchera. Aquí nos sostenimos bastante rato. Ya íbamos quedando muy pocos.

En esto llegan los coroneles Manuel C. de la Torre y el Jefe de la plaza coronel Francisco Bolognesi y nos dicen "Hijos un momento más, un momento más", y se dirigieron a una casucha que está al lado del parapeto donde estaban los aparatos de las minas. En esos momentos toman la primera trinchera que habíamos dejado la toman los chilenos y también salen de la casucha los coroneles Francisco Bolognesi y de la Torre y nos dice "Hijos: estamos perdidos, no dan fuego las minas" y nos retirábamos para el morro.

Bajábamos Cerro Gordo cuando subían refuerzos, parte del Batallón Iquique y parte del Batallón Tarapacá. Al mando del jefe de la 7.a División Alfonso Ugarte, y el comandante Sáenz Peña, el comandante Carrego. En este lugar nos unimos y seguimos haciendo fuego en retirada al morro para tomar posesión del parapeto que está a la entrada del morro. Nos reconcentramos todos los jefes y tropa. Aquí se hizo el último esfuerzo y aquí ví de muerto al coronel Ramón Zavala, y herido a mi primer jefe Marcelino Varela. En este grupo estaba el coronel Alfonso Ugarte que llegó momentos antes con su División a protegernos. De ahí nos retirábamos los pocos que quedábamos al centro del morro siempre haciendo fuego. Los chilenos avanzaban por ambos costados de Cerro Gordo y por la coronación del mismo.

Llegamos al plano donde estaban los cañones. Yo llegué al mismo borde del morro y retrocedí inmediatamente al ver el abismo que no se veía mas que el mar. Regresé adonde estaban los estanques de agua. De ahí veía entrar a mis compañeros al cuartel de los artilleros en compactos, porque los chilenos venian muy cerca haciendo descargas cerradas al cuartel. En este momento dice un sargento de mi Batallón, Fabio Corrales, primero Vildoso el mayor Blondell está herido en el asta de la bandera, me fui a verlo y era cierto. Lo ví que estaba abrazado de la asta y herido no pude prestarle auxilio, porque este momento nos cruzaron los chilenos que venían haciendo una tremenda gritería y sigue la carnicería en el cuartel.

En este momento aparece el coronel Alfonso Ugarte en su caballo con una bandera peruana gritando “Muchachos, ¡Viva el Perú!” y echaba las espuelas a su caballo y desaparece en el abismo. Mi compañero ya estaba herido y a mí me dieron un culatazo para hacerme botar el rifle y quedé prisionero desde este momento. Los chilenos seguían matando a los que se adentraron al cuartel y corría sangre por debajo del entablado porque el piso queda en alta.

En esto llega el coronel Manuel C. de la Torre a la plataforma de los cañones y lo veo que hace una maniobra y hace volar uno de los mejores cañones. En eso llega un oficial chileno y habla con el coronel y le dice que ya ha concluido y hasta cuando siguen matando y gritando “Mueran los cholos”. Unos cuantos minutos mas empiezan a juntar los pocos que había por distintas partes y los que quedaban con vida en el cuartel y nos hacen formar en hilera de a dos delante del cuartel. Yo calculo que habríamos entre todos cuarenta oficiales y tropa y nos hacen desfilar para la parte del sur. Ya sabíamos que era para fusilarnos porque sabíamos desde días antes que no teníamos cuartel.

Ya marchábamos por frente del cuartel y llegábamos a los cuartos de los oficiales. Veo con sorpresa a nuestro jefe de la plaza Coronel Francisco Bolognesi muerto y sin ropa exterior, caído de espaldas, con un balazo en el pecho y el cráneo destrozado desde la parte de la ceja. Calculo yo que esta herida ha sido después de caído, con la culata de rifle, porque las dos bolsitas de los sesos estaban a doce pulgadas de distancia del cráneo y estaban enteritas las dos bolsitas. Ahí mismo otra sorpresa: de uno los cuartos de los oficiales sale uno de los soldados chilenos con una caja de cartón bien grande y tira por encima del cadáver del coronel Bolognesi. Se destrozó la caja y se vacía un estandarte peruano nuevo, sin estrenar el estandarte. Después supe que era del Batallón Iquique el estandarte.

En ese momento el sol estaba en su apogeo y llegó a brillar. Yo vertí unas lágrimas muy tristes. Seguíamos la marcha para recibir el último premio por haber cumplido con nuestro deber con nuestra Patria. Nos hacen hacer alto en una pampita y veo que salen a caballo dos jefes, el mayor Salvo del ejército chileno y el comandante Sáenz Peña del ejército Peruano.

A los veinte minutos estaba de regreso trayendo la noticia de que no se nos afectara. Inmediatamente nos hicieron marchar para el pueblo y al pasar por el costado de la iglesia vimos una tendedal de muertos en las gradas de la iglesia que habían fusilado los chilenos. Nosotros quedamos en la Aduana presos para marchar a Chile en calidad de presos de guerra.

Fuente: Centro de Estudios Histórico Militares del Perú

 

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