Nueva amenaza

Por César Lévano

Ayer, en la mañana, la telefonista de nuestro diario recibió un mensaje telefónico con una amenaza de muerte contra mí.

 

El envío de aparatos florales no es, pues, una humorada macabra. Tampoco es, como fabula cierta versión canalla, un invento de LA PRIMERA para opacar las denuncias respecto a un acto hostil, sin agresión física ni amenaza de muerte, contra Jaime de Althaus. Son casos distintos y de distinto calibre.

La amenaza contra nuestro diario ha sido tomada muy en serio por medios nacionales e internacionales. Durante todo el día de ayer hemos recibido llamadas y correos que expresan solidaridad y preocupación. Mañana publicaremos parte de esa correspondencia copiosa.

Ayer, a las 8:30 de la mañana, recibí una llamada telefónica del ministro del Interior, general PNP Miguel Hidalgo, quien me expresó su preocupación por el hecho, su voluntad de combatir atentados contra la libertad de prensa y contra los periodistas y su decisión de investigar a fondo el atentado. “He ordenado a la dirección correspondiente la más completa investigación”, me expresó.

En efecto, a las 10:30 de la mañana se presentaron en nuestras oficinas dos oficiales de la PNP: el mayor Johnny Espinoza Zúñiga y el Técnico Rodolfo Saldaña Reyes, ambos de la División de Criminalística. Durante su labor investigatoria se produjo, hacia las 11:15 horas, la llamada amenazante que incluyó la frase: “el viejo va a morir”. Los oficiales fueron informados de inmediato de ese mensaje. Sin duda que van a averiguar el origen y el autor.

Esperemos resultados.

Quiero destacar un aspecto de las coronas fúnebres. Se trató de encubrirlas, señalando, falsamente, como remitentes al Consejo de la Prensa y al Instituto Prensa y Sociedad. He ahí un indicio importante: los autores del envío conocen de organizaciones periodísticas. Es posible que alguno de ellos sea de esos periodistas mercenarios que abundan en las filas de la derecha.

Por lo demás, tanto el Consejo como IPYS emitieron pronunciamientos más bien tibios. Mucho más enérgico, además de solidario, es el comunicado de Reporteros sin Fronteras, que estamos reproduciendo en esta edición. Esa organización, en la que militan periodistas de todo el mundo, no se limita a una denuncia y una protesta, sino que ha iniciado una campaña contra la amenaza que pesa contra nuestro diario.

Los textos de solidaridad que seguimos recibiendo provienen de los más diversos horizontes políticos. Si lo que pretendían los cobardes agentes de la muerte era amedrentarnos, han errado. Además, no previeron la ola de apoyo y simpatía que, de rebote, ha suscitado su maniobra.

Algo más: el mundo periodístico ha identificado al sector que auspició la maniobra, y va a reaccionar con fuerza en caso de que materialicen sus amenazas.  

La Primera