Los sirvientes de Chile evitan resaltarla

Hoy recordamos un nuevo aniversario de la victoriosa batalla de Tarapacá, que tuvo lugar el 27 de noviembre de 1879. Para apreciar el significado de esta acción de armas debe tenerse en cuenta que tras el revés de San Francisco y ya sin la ayuda del ejército boliviano, las fuerzas del ejército peruano no tenían ni caballería ni artillería; eran puramente hombres de a pie que literalmente habían estado perdidos en el desierto.

La vanguardia del ejército peruano y su primera división, al mando de Alejandro Herrera, estaban a unos 15 kilómetros de Tarapacá, en Pachica, lugar donde acamparon.

En Tarapacá sólo estaban las divisiones de Andrés A. Cáceres, la de Francisco Bolognesi y una tercera que agrupaba a restos de unidades heterogéneas1. Las bien organizadas tropas de ladrones y asesinos chilenos asomaron por las alturas de Tarapacá aproximadamente a las 8 y 30 de la mañana, de manera que iniciaban la batalla teniendo a las fuerzas peruanas casi rodeadas y en parte baja.

Apenas notaron la presencia de los delincuentes chilenos, las tropas peruanas tomaron la ofensiva, ¡cuesta arriba! Tras horas de intenso combate los peruanos ocuparon las alturas y, además, oportunamente llegaron de Pachica la vanguardia y la primera división, que contribuyeron a sellar la victoria a las 5 y 30 de la tarde. Del lado peruano hubo 236 muertos y 261 heridos; mientras que los hampones chilenos tuvieron que lamentar 516 muertos, 176 heridos y 60 prisioneros.

Los peruanos derrotaron de manera contundente a los homicidas chilenos invasores, pero tal como estaba la situación de la guerra y los recursos económicos del país, nuestro ejército no estaba en condiciones de sacar provecho de esta victoria. La misma noche del 27 emprendió la marcha hacia Arica, al norte, y ni siquiera pudieron llevarse los cañones capturados a los chilenos puesto que, como se ha señalado, los peruanos no teníamos caballería ni animales de tiro. Destacaron en esta jornada victoriosa los coroneles Francisco Bolognesi, Andrés A. Cáceres y Belisario Suárez y el soldado cusqueño Mariano de los Santos, que capturó el estandarte del 2.o de línea del ejército agresor.

Esta gloriosa victoria de las armas peruanas, lograda en batalla cuesta arriba con tropas cansadas de caminatas, mal armadas, mal vestidas y calzadas, fue motivo de orgullo para los militares peruanos hasta aproximadamente la década de los treinta del siglo pasado. Después, hasta el día de hoy, la coima chilena y la amenaza militar han neutralizado el patriotismo de los peruanos y ya nadie celebra esta victoria; prácticamente es un recuerdo incómodo que estorba la “amistad” con los vencedores militares chilenos. Consecuentemente, en esta atmósfera de sentimientos prochilenos, mejor que recordar a los héroes de Tarapacá y rendirles público homenaje es tributar homenaje al hampón chileno Arturo Prat en instalaciones militares peruanas3.

Es muy importante que prestemos atención a lecciones que nos deja la guerra que nos enfrentó a los terroristas chilenos. Si pasó lo que pasó, si sufrimos las ya conocidas derrotas, fue porque en su momento —al menos unos diez años antes de la invasión chilena— los gobernantes del Perú —por ignorancia o por corrupción— no tenían claro que Chile era país enemigo; sólo unos pocos entendían esta realidad y clamaban por la necesidad de prepararse para la guerra, pero más pudo la influencia de traidores prochilenos como Mariano Ignacio Prado y Nicolás de Piérola que en cada momento dejaron de hacer o hicieron justo lo necesario y conveniente a los intereses chilenos. Por eso, a la luz de la historia y de los hechos actuales, es necesario saber si quienes dirigen los destinos del Perú y quienes están encargados de su defensa son patriotas verdaderos o son peruanos al servicio de Chile, país delincuente y enemigo del Perú. ¿Cómo saberlo? Muy simple: si son patriotas verdaderos dirán públicamente que Chile ha sido y es enemigo del Perú; si están vendidos a Chile evitarán dar una respuesta clara.

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1 En esta división participó la columna Loa, de civiles bolivianos que con refuerzos peruanos llegaron de Iquique. Días antes el ejército boliviano ya se había retirado en desbandada a su tierra tras la batalla de San Francisco.


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