Latinoamérica. Una metáfora reductora en Perú.

por Raúl Allain (*); Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 (Pre)logo

Revisando mi cuenta de Facebook, uno de mis contactos me pasa un enlace a un blog[1] en el que se critica una fotografía de Mario Testino, para la revista VOGUE de 2008, en una publicación titulada “Lo andino invisible”: la imagen muestra a dos modelos de raza blanca cargando a dos niñas indígenas en medio de una plaza cuzqueña. A mediana distancia, se observan mujeres indígenas poco identificables. ¿La crítica?: el insoslayable e infaltable racismo. Leyendo los comentarios, casi a vuelo de pájaro, leo palabras como: paranoia, racista(ismo), interpretación, legado, cultura hegemónica, cultura andina, inferioridad, nuestra hermandad, contenido. Colonización, marginación. Deshumanizante. Idiotas.

europa mater nostra

Un recuerdo de 2010: en una clase, exponiendo sobre la crisis de paradigmas en nuestra ciencia y el conocimiento de los pueblos originales de América, el profesor a cargo suelta la frase: “… el conocimiento, la ciencia, de los pueblos indígenas…” Antes de la llegada de los europeos, no existían conocimiento (del latin cognoscere) ni ciencia (del lat. scientia). Es equiparable, sí, porque observamos que son equivalentes, son resultados de la mente, incluso efectivos, cada uno a su manera, pero ¿que haya habido ciencia en el incanato, por ejemplo? Ciencia y conocimiento son un producto de Europa, las palabras mismas etimológicamente, valga la redundancia, nacen allá. Son procesos (hasta culturales, diría yo) propios de allá. Recién cuando llegan hay ciencia, hay conocimiento. El término no es de ellos. Apenas terminé de intervenir, extrañas miradas se dirigieron hacia mí… [finaliza en el Epílogo]

  1. 1.La herencia negada 

En diversos ámbitos de expresión, desde el arte hasta la ciencia social, y desde hace ya varios años, se viene haciendo una crítica a nuestra sujeción de los modelos europeos (eurocentrismo, le llaman), a pensar y criticar desde Europa, el sentirnos y sabernos (creernos) europeos. En respuesta, vemos una ola de revalorización de la cultura prehispánica… El saber, las costumbres, creencias y lugares de valor histórico y tradicional son rescatados y convertidos en nuevas fuentes para el desarrollo de AmLat y la consolidación de una identidad ya no subyugada a Europa. De una AmLat más nuestra.

Un punto interesante es el que respecta a la idea de conocimiento, tan caro a la Modernidad. Dentro de este discurso reivindicatorio, el conocimiento de los pueblos tradicionales. Resucitándolo del epìstemicidio de la invasión europea, un primer acercamiento es la valoración práctica, útil (¿pragmática?) de ellos: bien es sabido que muchas técnicas tradicionales son eficientes y amigables con el medio ambiente en comparación con la técnica europea, industrial, capitalista. Se propone incluso su inserción a la ciencia social de AmLat por sus aportes, por construir la historia de la región a pesar de su marginalidad, sin renegar de los aportes europeos, y por una cuestión de “deuda histórica”, a mi ver. Mas este conocimiento pertenece al mundo de las creencias, “mitos”, la tradición, del ‘encantamiento’. El conocimiento nacería, más bien, de un proceso racional, apoyado en la empiria desprejuiciada. La ciencia se erige como el corpus del conocimiento como búsqueda de la verdad, y la experimentación su comprobación y sustento de la liberación del hombre del oscurantismo y los decires populares. Ahora los prehispánicos también tuvieron ciencia sin ser europeos (a menos que se amplíe el termino ciencia, lo que equivale a tergiversarlo pues se debe a un locus y tiempo). Y con los invasores llegaron sus creencias, sus modos y discurso. Posteriormente, ya con la independencia política y, sin ir muy lejos, entrado el S. XX., se “moderniza” AmLat. Infraestructura, riego planificado, y la reciente conexión de los colegios públicos a internet conviven con problemas estructurales, desde la pobreza hasta la idea de una fragmentada identidad latinoamericana.

Se busca romper con el legado de los invasores pero se sigue pensado en clave europea, o bajo formas europeas. Este texto y la crítica que en nuestra región se hace contra el eurocentrismo están escritos en… español, incluso la sola idea d crítica viene de ellos. “Modernizan” pueblos donde ese discurso nunca fue enunciado animados por la universalidad de sus valores. ¿Podremos salir completamente de Europa, por no decir dejar de ser eurocéntricos o europeos? AmLat vive en estos momentos, desde distintos frentes, un discurso reivindicatorio de su pasado, a la par que la democracia y la participación son portaestandarte de las aspiraciones actuales, mientras un país hace de su nombre una marca… Podríamos considerar que continuamos el legado moderno de libertad y uso de la razón (transmodernidad), cuando al final sólo repetiríamos vanas palabras ajenas.


  1. 2.La promesa incumplida

¿Se puede, entonces, modernizar AmLat? Es como injertar a la fuerza una piel a una herida. Los únicos modernos fueron los europeos mismos, dejaron de serlo cuando su discurso fue criticado, superado y excedido. La Modernidad (con mayúsculas, pues con minúsculas refiere a ese proceso pretendido universal durante tanto tiempo imperante) es un fenómeno propio y exclusivo de Europa, una expresión cultural exclusiva a ellos, y como tal, su etnocentrismo se prestaba para “implantarse” sobre/en otros pueblos, significando incluso su exterminio. Cultura que se formaliza en un discurso “formal”, valga la redundancia, que agita en tanto sus defensores se saben liberados, y constatan empíricamente la verdad de su realidad ante la evidencia de la superioridad (victoria) bélica, cultural, incluso espiritual. Ningún pueblo se moderniza. La modernidad tiene su finitud en ellos, es sólo el nombre que recibió una etapa de su historia. Fuente de categorías, fue la mensura del europeo ante el Nuevo Mundo, asimilando lo extraño como si, per sé, fuera asimilable y negando otros rasgos más cercanos a la universalidad: la comunicación. Y es natural que suceda ello, pues su forma de pensar es LA forma de pensar. No en vano tiene una Lógica que es LA lógica, la forma correcta de pensar. El precio por ser modernos, un pago involuntario, fue reducir su particularidad al proclamarse y realizarse/imponerse como universales. Sí, se realizó una universalidad, pero universalizando su particularidad, traicionando su propia promesa de progreso.

Los indígenas nunca tuvieron ciencia, ni conocimiento, ni fueron hombres. Llamar así a los actos que identificamos como similares con lo que llamamos ciencia, sea por simple intención de denominar o por mostrar respeto y reivindicarlos es negar toda la historia que llevan tras sí y reemplazarla por palabras y una actitud más light. Cuando una verdadera actitud de respeto es dar espacio y revalorar la forma propia y pura d los pueblos de concebirse a si mismos. Ellos tenían un mundo desde le que se enunciaban. Y no es derecho nuestro negárselo bajo nuevos términos.


  1. 3.Los herederos

Europa es Europa, América es América; de eso no hay duda, pero los límites fueron transgredidos quinientos años ha. Sin embargo, quienes se impusieron fueron ellos. Nuestra forma de pensar, LA forma, es impensable sin Europa; es producto del conflicto entre unos por dominar a otros, y otros por resistirse a ese dominio, de encajonar por la fuerza lo impensado en la forma natural ,categórica, de ver el mundo. El encuentro de los dos mundos pudo haber sido de un acercamiento curioso, superado por la comunicación, donde se hubiera logrado igualdad, mas el Otro fue visto como negación del Yo y, como tal, un ataque. Confrontación en la que el miedo a la muerte (exterminio, etnocidio o epistemicidio) lleva a garantizar la seguridad al costo que sea necesario. La definición misma de hombre (homo, anthropos) refiere al que vive en la propia comunidad (de ellos) o polis, como una diferenciación política y cultural;. Si bien desde la antigüedad había contacto con otras civilizaciones, el Nuevo Mundo representó una completa novedad pues los pueblos diversos del Antiguo ya formaban parte del proceso de modernización: ya estaban ahí y se constituyeron en formadores de la identidad europea. Se trata de conservar lo más intactas posibles las tradiciones y visiones de mundo, fortaleciendo la comunicación que se está forjando, pero en nuevos términos. Una conservación que nos invita a preguntarnos: ¿nosotros, de dónde somos?

No somos de Europa. No somos de AmLat. Somos de ambos. No de una armónica fusión cultural, sino de una historia traumática cuyos efectos aún se viven día a día, en la que el una vez vencedor aún ejerce un dominio, más sutil y por ello más poderoso. Dominio que ya empezó a decaer, pero no de la mejor forma, a mi ver. Nuestro origen es una situación conflictiva, a pesar de haberse dado con el tiempo procesos llamados ora de mestizaje, ora de hibridación o integración… A pesar del “sosiego” que pueda haber, sea por falta de crítica o por una aceptación del estado de cosas, es un choque, conflicto, lo que configura la llamada realidad. Así, las diferentes expresiones culturales de AmLat (la tradicional y la llamada “moderna”), incluida la ciencia social, pueden ser vistas bajo esta luz.

Venimos de Europa, tenemos su legado y estamos disociados (fuimos separados, por decirlo de alguna manera) de “nuestro origen”. La invasión europea cortó la continuidad cultural entre los prehispánicos y nosotros. No somos ellos. Estamos fragmentados. Se nos vende la idea de identidad en base a una región, a haber sido colonia, es decir, reproduciendo las fronteras y status establecidos por ellos. ¿Por qué? Porque nuestro origen conflictivo se configura desde la invasión y el nuevo orden que imponen al llegar nuestra región, no desde la visión de los pobladores originales, los vencidos. Superponen su mundo, difunden su idioma, expanden su pensamiento y enseñan su historia. Separados desde el inicio, ahora se nos propone “retomar nuestros orígenes”, como si una línea estuviera latente entre los prehispánicos y nosotros, de la misma forma en que, desde la crítica de Dussel, Europa se considera heredera de Grecia y Roma, resultando ella más bien bárbara y configurada por civilizaciones extranjeras.

Conclusión

Con Europa o sin Europa, estamos arrojados a una tierra que es nuestra sin habérnosla ganado. El ser en un lugar nos mueve a buscar identificarnos con el, desde el juego de poder, el más cercano: los vencidos.

No hay que dejarse seducir por la identificación, la tentación de nombrar sólo por la semejanza, la equivalencia, el deseo de encasillar en nuestras categorías. No “son”. Incluso con un espíritu reivindicatorio por terminar equiparando lo autóctono a lo europeo, es necesario mantener la distancia, pues en ella está la diferencia y se obtiene la identidad, tanto de ellos como la nuestra. En caso no, se corre el riesgo de caer en le discurso único, homogenizante y total. Es peligroso soslayar, olvidar, el origen foráneo de la nuestra forma de pensar, incluso la crítica misma lleva la impronta de Europa, no sólo en el lenguaje, sino todo lo que construye el pensamiento, el sólo hablar de epistemología y ciencia es propio de un lenguaje no autóctono, y por tanto, de un mundo ajeno. Negar a Europa, además, significaría negar nuestra forma de conocimiento.

Si es ajeno a lo autóctono en AmLat, ¿por qué la necesidad de que nosotros marquemos esa diferencia? Por un lado, hemos heredado una estructura de poder que no se corresponde con los valores tradicionales, sino al modelo europeo. Por otro, porque vivimos en el reciente bombardeo propagandístico-publicitario de una identidad latina, peruana; se nos habla de orgullo nacional, y nosotros los receptores tenemos una conexión fragmentada con los portadores de la tradición, nuestra historia esta marcada por la ruptura y la heterogeneidad. Reconocer al vencedor, no sólo en lo bélico y político sino también en el cognoscitivo, no es sinónimo de agachar la cabeza sino de saber quién detentó el poder para conocer y afrontar mejor nuestro panorama.

No se trata de regresar o retornar a las formas prehispánicas de vivir, sino de ser conscientes de la diferencia, de la fragmentación, y así respetar la diferencia que otorga identidad. Desde esa aceptación, construir un pensamiento considerado latinoamericano, consciente de que se mueve gracias a un origen europeo y se nutre de los verdaderos dueños de la región.

Podemos rescatar un aparente valor humano universal: lo que en Europa se denomina comunicación, sea en la perspectiva comunitaria o societal, bajo un cuidadoso ejercicio de equivalencia, podemos encontrarlo en diversas culturas; de hecho, no hay cultura que no tenga comunicación, dejando en claro que ellas tendrán su propia forma de enunciar lo que nosotros identificamos y llamamos “comunicación”. No se trata de dar la primacía a Europa, de preferirla, sino de saber de dónde venimos para poder decidir a dónde vamos.  

Epílogo

La fotografía de Testino pertenece a un conjunto de fotos que narran la compenetración de dos turistas europeas a la cultura local. La sensación que dejan es de una visita fascinante, pero poco compenetrada. Trunca. Por otro lado, después de mi intervención en clase, la expresión de mis compañeros oscilaba entre la extrañeza y los deseos de lapidarme… 

 

(*) Presidente del Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y codirector del sello independiente Río Negro.

[1] Gustavo Faverón Patriau: “Lo andino invisible” En: http://gustavofaveron.blogspot.com/2012/06/lo-andino-invisible.html Publicado: 26/06/2012 Consultado: 28/06/2012 16:57 hrs.

 

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