Regulación o autorregulación

Maria del Pilar Tello (*)

¿Son los medios intocables?


Durante más de dos años, especialmente después del estallido de la crisis financiera global en octubre del 2008, el mundo viene discutiendo la necesidad de la regulación en las distintas actividades económicas. La libertad dentro del capitalismo debe ser regulada para que quienes toman las decisiones esenciales no incurran en libertinaje. Demasiadas veces el exceso de ambición propicia que las trasgresiones a las leyes no establecidas se produzcan. Por eso de un Estado que los neoliberales deseaban mínimo y sin intervención han pasado a otro que ellos mismos han solicitado. Un Estado cuya intervención ha sido necesaria para los rescates bancarios y una regulación explícita para no caer en excesos de riesgo que luego pagamos todos los contribuyentes. Lo ha dejado bien establecido el Premio Nobel Joseph Stiglitz: en estos momentos globalizados la regulación es una necesidad.
Y los medios de comunicación, que son a la vez empresas y servicios de información, también requieren de regulación, de normas que impidan excesos de avasallamiento y de abuso de poder. Porque nadie duda que el poder mediático es un gran poder que compite con el político, cuando ambos no se identifican, como sucede en no pocos países de nuestro convulso continente.

Pero los medios protestan corporativamente cada vez que se habla de regulación alegando riesgo a la libertad de expresión y de prensa. ¿Es que son empresas intocables?. No lo son. Y si no desean la regulación que viene del Estado que asuman la necesidad de autorregulación sobre la base de Códigos éticos que ellos mismos deben proveerse y velar por su real aplicación.

(*) Por eso es importante el reciente proyecto de ley remitido por la Corte Suprema de Justicia al Congreso, mediante el cual se incrementan las penas