Raul Wiener

Nunca me he creído eso de que Ollanta y Nadine se estén disputando el poder, o si se quiere expresarlo de otra manera que la primera dama no se esté dando cuenta del daño que le hace a su esposo su excesivo protagonismo. Pienso que la idea de una Nadine intercambiable con el presidente ha sido una consecuencia de una realidad mucho mayor que es que no hay liderazgos de reemplazo para asegurar la cohesión del nacionalismo (empezando por la bancada) y evitar que militantes y simpatizantes dejen de verle futuro a su organización.

La precandidatura no confirmada de la señora Heredia, con los altos índices de aprobación que aún mantiene, implica que el ollantismo todavía puede ser una buena inversión a mediano plazo. Pero para que país y especialmente los que votaron por Gana Perú se tomen en serio  la propuesta había que hacer todo el protagonismo que ahora algunos perdonavidas definen como exagerado, pero comprensible, en el papel de mujer activa y moderna que se imputa a Nadine. Mi hipótesis es que se ha fabricado una lideresa sustituta para dar la idea de un régimen de diez años.

Lo interesante es que esta jugada ha sido secundada por empresarios y tecnócratas que se han encargado de difundir la especie de que Nadine está a la derecha del presidente y que es a ella que se le deben los giros de la campaña, del nombramiento de Castilla y Velarde, y la salida de los ministros y funcionarios progresistas. Curiosamente antes era que la esposa de Humala estaba a su izquierda y lo había ganado a sus antiguas posiciones radicales, de ahí que muchos de los medios que ahora la adulan hayan sido sus peores enemigos del pasado.

El hecho es que Nadine hace presencias y gestos, pero no produce definiciones. Públicamente es la activista de los programas sociales, la creadora del famoso twitter  “¿es tan difícil andar derecho?” y otros por el estilo, la acompañante de los viajes al extranjero del presidente o la que llena el vacío de sus ausencias como ocurrió últimamente. Pero también es el objeto de muchas versiones extraoficiales: que propone ministros, que se aparece en reuniones del presidente y opina sobre cualquier cosa, que llama a las autoridades para pedirles cuentas, etc. Las encuestas reflejan la acumulación de estos datos que el gobierno no ha querido nunca contrarrestar.

Por eso cuando el presidente dice que no hay cogobierno, que las críticas a Nadine vienen de la tradición machista y que ella va a seguir haciendo lo que hace, lo único que importa es la última frase. Y eso se refuerza con la primera dama saliendo poco después diciendo que sabe que está varios pasos atrás del presidente, lo que equivale a confirmar que no hay disputa entre los dos ni error en lo que ya se ha hecho. Ollanta seguirá formalmente como el presidente que habla a nombre del gobierno y su esposa como una política que tiene la ventaja de un lugar en el primer plano.

Pero poder, poder, es lo que tiene Miguel Castilla y el grupo del MEF que se ha apropiado de muchos ministerios e instituciones públicas, y que dan la impresión de estar lejos de sentirse satisfechos. Si poder es capacidad no sólo de decidir sino ejecutar lo que se decide, el único que ha sido capaz de eso en 14 meses de gobierno es el ministro de Economía y nadie más. El punto es que a él lo podría echar el presidente si quisiese. Por eso está tercero en el ranking de los poderosos, detrás de los dos que le entregaron el cargo.     

25.09.12
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