Detrás del ataque de Israel a la flotilla de auxilio a Gaza


Como si no fuera suficiente someter a bloqueo económico a la población de Gaza, como si no hubiesen saciado instintos sanguinarios durante la operación Plomo Fundido que mató 1500 palestinos de Gaza, ahora el gobierno de Israel, con absoluto desprecio de la ley internacional y violando el derecho a la vida, ha matado 19 personas de uno de los barcos de la flotilla.


Los hechos
Desde días atrás se anunciaba la salida de una flotilla civil de seis barcos de varias nacionalidades, que tenía la finalidad de llevar ayuda humanitaria a Gaza: alimentos, material quirúrgico, medicinas, cemento1, entre otras cosas. Han estado en la flotilla personas humanitarias, políticos, un judío sobreviviente de la matanza nazi, entre otros. ¿Por qué se organizó esta flotilla? Porque Israel deja pasar muy pocas cosas a Gaza, donde un millón y medio de personas vive en condiciones infrahumanas, ya que por un lado Israel tiene la zona cercada y por otro lado el gobierno judaizado de Egipto (que limita con Gaza) pone todas las restricciones posibles a los abastecimientos dirigidos a Gaza.

Para evitar calumnias e inventos propagandísticos, el gobierno turco tuvo la precaución de inspeccionar los barcos de la flotilla antes de que zarparan, y dieron el visto bueno cuando se comprobó que la carga constituía, en verdad, ayuda humanitaria. Y ha sido justamente un barco turco, el Mavi Marmara, el que fue atacado por militares israelíes. En un video difundido por los mismos israelíes se ve que la tripulación del barco abordado se enfrenta a los judíos que responden matando a 19 personas.

¿Es correcto que esos tripulantes hayan ofrecido resistencia a los militares judíos que descendían de helicópteros? Claro que era correcto oponerse y resistir, porque el barco atacado estaba en aguas internacionales, no había entrado al mar territorial de Israel, donde los israelíes sí estaban en el derecho de abordar cualquier barco. Esas personas que murieron en su afán de llevar ayuda a un pueblo estrangulado como el de Gaza son un ejemplo de dignidad, porque ante un acto de piratería internacional que cometía Israel, opusieron resistencia al asalto y fueron asesinados. Sólo el gran cinismo de las autoridades israelíes les hace decir que los asesinatos se produjeron “porque los soldados israelíes fueron agredidos”. ¡Es el colmo: los israelíes cometen un delito de piratería y se quejan de la gente que se defendió del asalto!

Mostrando una soberbia que sólo se explica por el incondicional apoyo del gobierno de los EE. UU., los israelíes han declarado un bloqueo naval en las aguas litorales de Gaza, que no pertenecen a Israel. ¿Con qué derecho este país impone un bloqueo a la costa de Gaza?, ¿no les basta con tener completamente cercado ese territorio palestino?, ¿no están contentos con que la población de Gaza tenga que beber agua no apta para el consumo humano?, ¿no les satisface saber que la gente de Gaza tiene que hacer túneles y moverse como ratas para contrabandear de Egipto lo que Israel les impide entrar?, ¿no les llena de placer a los judíos saber que la gente de Gaza vive en hacinamiento, como en una ratonera?

El Perú e Israel

Siguiendo un designio milenario, de ocupar una tierra prometida que no estaba deshabitada, el disperso pueblo de Israel, recurriendo a toda forma de lucha, incluyendo el terrorismo, alcanzó su independencia en mayo de 1948 y el Perú estuvo entre los países que en las Naciones Unidas votaron a favor del establecimiento de un estado para el pueblo judío. El Perú votó por la libertad del pueblo judío, por la autodeterminación de un pueblo que venía de sufrir en la Segunda Guerra Mundial una gran matanza por parte de los nazis; no votó para que ese estado se convirtiera en opresor del pueblo palestino, no votó para que los palestinos quedasen permanentemente pisoteados por Israel. Por ser nuestro país uno de los que votó reconociendo la independencia del estado de Israel, el Perú tiene la autoridad moral para exigir a Israel que cese la opresión del pueblo palestino, que se retire de los lugares que invadió en 1967.

Cierto es que los países árabes en más de una ocasión (1948, 1967 y 1973) actuaron concertadamente para destruir a Israel, pero fueron derrotados; recibieron su merecido por ineptos y por corruptos. Pero estas victorias de Israel se dieron en un escenario en el cual las Naciones Unidas, mediante la resolución N.o 264 de junio de 1967, ordenan el retorno a las fronteras existentes en 1967 (año de la Guerra de los Seis Días), algo que Israel no ha cumplido (desde esa fecha, por ejemplo, ocupa el territorio del Golán, perteneciente a Siria, y no desea devolverlo).

En este contexto, hay que señalar las dos caras de la política de Israel y de los EE, UU., que, por ejemplo, denuncian a los cuatro vientos y con altoparlantes que Irán quiere construir bombas atómicas; pero callan prudentemente cuando se trata de las bombas atómicas que tiene Israel, cuya existencia fue denunciada documentadamente por Mordechai Vanunu, lo cual se ha confirmado con la mostración de documentos de hace más de 30 años, en que Israel y el hoy extinto gobierno racista de África del Sur trataban detalles de la venta de armas atómicas a los racistas.

La continuada ocupación de territorios palestinos ha producido entre los palestinos una resistencia que se ha manifestado en diferentes formas, incluso el terrorismo. En ese sentido, una parte de los palestinos son como los judíos del gueto de Varsovia, a quienes los alemanes llamaron terroristas cuando dignamente se alzaron en armas contra sus opresores; o lo son como los judíos del Irgún, que dinamitaron el hotel King David con gente adentro, para acelerar la retirada de la potencia colonial (Inglaterra) contra la cual luchaban.

Dos pueblos pero la misma gente
Para la formación del estado israelí, de las dos ramas principales del judaísmo, la sefardí2 o sefaradí y la ashkenazí3, fue esta última la que proporcionó el mayor número de combatientes y jefes políticos para la guerra de independencia (alcanzada en 1948), proporción que hasta hoy se refleja en una mayoría ashkenazí en los puestos importantes de gobierno.

Llegando en grandes oleadas en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial y más aún a su término, los israelíes enfrentaron la natural resistencia de los palestinos, que todo el tiempo habían vivido allí. Consumada la independencia de Israel con la derrota que infligió a los países árabes que lo atacaron, los judíos se instalaron en el territorio que reivindicaban desde tiempos bíblicos, expulsaron a todos los palestinos que pudieron y sometieron al rigor de la ocupación a los no expulsados4. Hoy en día un judío nacido en cualquier parte del mundo tiene derecho a ir a vivir en Israel, pero no un palestino de los expulsados.

Los judíos son un pueblo, no una raza: hay personas de diferentes razas convertidas al judaísmo. Incluso hubo un país completo (Jazaria o Khazaria), situado entre lo que hoy es Irán y Rusia, que en el siglo VIII se convirtió al judaísmo. Cuando se disolvió Jazaria, esos judíos pasaron a Rusia, Polonia, Ucrania, Alemania, etc.; con ellos se potenció demográficamente el pueblo judío. Un catedrático judío, Shlomóh Sand, reconoce este hecho y dice: “Los judíos ashkenazíes de Europa Oriental se originaron en Jazaria. Fueron tremendamente exitosos y fundaron una gran ciudad, Kiev5. Podemos alegar haber fundado Kiev pero no Jerusalén […], porque los judíos que vivían en la Tierra Santa permanecieron en la Tierra Santa. Muchas de las personas que ahora llamamos palestinos eran originalmente judíos. Las probabilidades de que alguien que hoy vive en Hebrón6 y habla árabe sea un descendiente directo de un judío de los tiempos antiguos son mil veces mayores que la posibilidad de que yo sea descendiente de un judío”.

Esta sincera y atrevida (ante los ojos de otros israelíes) declaración dirige los reflectores a otro triste y cruel aspecto del conflicto que enfrenta a palestinos e israelíes. Partiendo del hecho poco disputado de que en la época de la dominación romana la mayoría de la población de ese territorio estaba constituida por judíos descendientes de las doce tribus, entonces los actuales palestinos son los judíos que por apego a la tierra prefirieron cristianizarse o islamizarse para no abandonar la tierra en que habían nacido. Y en el siglo XX hemos tenido —y sigue ocurriendo— el triste espectáculo de ver que los judíos que llegaron de Europa y otras partes a fundar el estado de Israel han castigado y oprimido a los judíos que no salieron del territorio (los palestinos).

No se trata, entonces, de que los israelíes muestren curiosidad cuando las pruebas de ADN demuestran que palestinos y judíos sefardíes y orientales7 son genéticamente indistinguibles y que incluso se haya encontrado entre algunos palestinos el marcador genético de los kohanim (‘sacerdotes’, o sea judíos de casta sacerdotal); no se trata de que sean “primos” que tienen un reconocido antecesor común (Abraham); lo trágico es que la mayoría de palestinos son genéticamente judíos, posiblemente —como dice Shlomóh Sand— más judíos que otros; pero son oprimidos por los otros judíos, los que están en el poder.
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1 Aunque parezca mentira, los israelíes no dejan entrar cemento a Gaza, para evitar que los habitantes de esa zona construyan buenas casas y sigan viviendo entre las ruinas que dejó la operación “Plomo fundido”.

2 Originarios de España, Portugal y el norte de África.

3 Procedentes de Europa Oriental y Central (Alemania, Polonia, Ucrania, Rusia).

4 Por ley del estado de Israel, los palestinos expulsados, que hasta ahora viven como refugiados en Líbano y Jordania, están impedidos de regresar a sus hogares y tierras, hoy propiedad de israelíes.

5 Capital de Ucrania, país eslavo de Europa Oriental.

6 Una ciudad palestina.

7 En menor grado los ashkenazíes, descendientes de los jazares.