Los judíos en Israel y en todo el mundo conmemoran a partir de esta tarde la jornada más solemne de su calendario, el Yom Kipur, o “Día del Perdón” en el que los más devotos expían sus pecados con prolongados rezos en las sinagogas y los laicos inundan las carreteras con sus bicicletas.

Tiendas cerradas, carreteras sin automóviles y fronteras selladas son algunas de las señas más emblemáticas en Israel de una jornada que aparece mencionada en la Biblia como el “Sábado de sábados”, y en la que dios ordena a los judíos “afligir sus almas”, posteriormente interpretada por los exegetas como jornada de ayuno y oración.

“Es el día que ayunamos por todos los pecados que hemos cometido durante el año anterior y en el que tenemos la oportunidad de ser perdonados”, dijeron Nehama y Hana, dos judías estadounidenses de 20 y 21 años.

El proceso de expiación comienza de hecho unos cuarenta días antes con rezos nocturnos en las sinagogas conocidos como “Slijot”, una suerte de plegarias introductorias al Año Nuevo hebreo Rosh Hashaná, que los judíos celebraron la semana pasada.

La introspección es combinada en los principales mercados urbanos con el sacrificio de aves, una costumbre que se remonta a las ofrendas de animales en el templo de Jerusalén.

Cuchillo en mano, el matarife o “shojet” sostiene el ave sobre de la cabeza del devoto y, girándola varias veces, pronuncia la frase: “Esta es mi expiación, este es mi reemplazo, [que] vaya por mí [...] para que yo entre en una vida larga”.

El ritual, conocido en hebreo como “kaparot” —de la misma raíz que “kipur” (expiar)—, es una recreación del acto de sacrificio que se realizaba ese mismo día en el templo con un chivo y que dio origen a la expresión hispana “chivo expiatorio”.

Durante los dos últimos milenios ha tenido numerosos detractores, entre ellos el cordobés Maimónides, máxima autoridad religiosa en el judaísmo después del bíblico Moisés, y el cabalista toledano Yosef Caro.

Actualmente el principal foco de oposición son las organizaciones de defensa de animales —que ven en el sacrificio de aves un acto bárbaro y retrógrado— y devotos, que han preferido adherirse a una versión más moderna del ritual, sencillamente, porque es más higiénico y cómodo.

“Nosotros hace décadas que lo hacemos con dinero, cumple el mismo propósito y es más limpio”, explica con una sonrisa autoexculpatoria Sima Abubtul, una judía oriunda de Marruecos que aún recuerda cómo su padre lo hacía en el patio de su casa en Mequinez.

“Poníamos cartones en el suelo y en las paredes para que no se ensuciaran y el matarife venía temprano y comenzaba a matar ave tras ave, un gallo por cada varón y una gallina por cada mujer. Si la madre estaba embarazada, un ave de cada sexo por lo que fuera la criatura”, precisa.

El objetivo de ambas variantes es la expiación del alma mediante la caridad, por lo que tanto el ave como el dinero deben acabar en manos de los más necesitados antes de comenzar a pedir perdón en las oraciones del Yom Kipur.

Estrechamente relacionada con la Edad de Oro del judaísmo español (s. IX-XIII), la liturgia de esta jornada comienza en las sinagogas al anochecer de hoy con la oración “Kol Nidré”, cuya composición [en España] algunos expertos remontan a tiempos de Recaredo I (586-601).

Se trata de una declaración pública para la anulación de votos, juramentos y promesas, al parecer originada en la necesidad de anular ante Dios la conversión forzosa a la que rey visigodo había sometido a los judíos.

Este tipo de leyendas, mitos y creencias, distintos en cada comunidad judía según su ubicación, adornan el folclor de una jornada que en la práctica se limita a la prohibición de ingerir alimentos y bebidas durante casi 26 horas y a la oración casi ininterrumpida en la sinagoga.

Como muestra de humildad ante su Creador, los creyentes judíos acuden a rezar con sus mejores ropas pero con calzado de lona, y envueltos todo el día en el manto sagrado o “taledo” (talit), en la única ocasión del año que también lo usan por la noche.

La peculiar jornada concluirá mañana por la noche con el sonido del “shofar”, un cuerno pulido que en tiempos bíblicos tenía únicamente fines ceremoniales laicos.

Después de la destrucción del reino de Judea en el siglo I, fue curiosamente el surgimiento del cristianismo el que le confirió un carácter religioso, reforzando su conexión con las jornadas de expiación y súplica.

En Israel el ambiente de recogimiento entre los más devotos y la tradición de no circular por carretera en vehículos motorizados, es aprovechado por los laicos para inundar las calles con sus bicicletas, patines y monopatines, un contraste que aún sorprende a las más tradicionalistas comunidades judías en otros países. EFE

Aurora, Tel Aviv 25-09-2012

 

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