Por Juan Sheput

Con la complicidad de Luis Carranza y sobre todo de Yehude Simon el gobierno de Alan García otorgará 350 millones de dólares para el Tren Eléctrico, ese que nació en medio de escándalos de corrupción (recuerdan el fax atribuido a Alan García donde pedía "un millón") y que el sector privado no desea ejecutar porque requiere cambio de rutas, está mal diseñado (la ruta nació de una inspiración de García) y porque no es sostenible.


Como Alan García no tiene escrúpulos y desea gastar a cómo de lugar (que se la arregle el próximo gobierno) la obra estará a cargo del Ministerio de Transportes y Comunicaciones que, para variar, también está sacudido por casos de corrupción.

El asunto de fondo es cómo se puede disponer de recursos públicos en proyectos antitécnicos. Construir el tren eléctrico es el equivalente a un monumento a la maca pero de 350 millones de dólares y eso porque el gobierno actual, en medio de su lógica simplista de gastar para evitar la recesión , gasta a como de lugar, en su mayoría de casos en proyectos inútiles y con indicios de corrupción. No hay SNIP, Luis Carranza es un funcionario servil con un equipo de prensa encargado de sobredimensionarlo que permite este despilfarro y Yehude Simon ha dejado de ser jeffe del gabinete para convertirse en cómplice de los afanes electoreros de Alan García.

Me pregunto finalmente ¿Qué tipo de sistema es este, que defienden tantos, que es incapaz de contener a un presidente de las características éticas y políticas de Alan García?

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