III Congreso Internacional de la Lengua Española
 
La pobreza del lenguaje es parte de la tragedia argentina


Por Susana Reinoso


El escritor Mempo Giardinelli participará del encuentro en Rosario

Dice Mempo Giardinelli que "el empobrecimiento de nuestra lengua tiene que ver con la tragedia argentina, porque la alcanzan los problemas que nos afectan en otras cosas: falta de cumplimiento de las reglas e impunidad por ese incumplimiento".


El escritor —que ha creado una fundación que lleva su nombre y que aboga por la difusión de la lectura desde el Chaco y hacia las provincias mesopotámicas— estima: "El nivel del castellano se ha deteriorado mucho en nuestro país, sobre todo con las nuevas generaciones, aunque los chicos son en realidad las víctimas".

Giardinelli participará del III Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), que comenzará en Rosario en dos semanas. El autor de "Santo oficio de la memoria" —que presenta actualmente la reedición de esa obra ganadora del Premio Rómulo Gallegos y su reciente libro "Visitas fuera de hora" (Ediciones B)— formará parte del panel sobre "La comunicación textual en el mundo panhispánico: transversalidad y contrastes".

Giardinelli reconoce como sus maestros a dos grandes "juanes": Juan Rulfo y el poeta argentino Juan Filloy. "Mi amistad con don Juan Filloy tuvo que ver con esa tarea que hay que hacer con el idioma. Sin decírmelo, me enseñó que la literatura es mucho más que una idea, un argumento o un tema. Es el camino inagotable y maravilloso en el cual el trabajo experimental con la palabra es lo central."

—¿Está en condiciones de anticipar algo sobre su ponencia?

—La consigna de trabajo tiene que ver con que el castellano es la segunda lengua más hablada de Occidente y es la primera lengua en una pluralidad de países, a diferencia del inglés. Esto impone una serie de posibilidades que afectan a la comunicación textual. Tengo ya un magma de 40 o 50 páginas de las que extraeré cuatro o cinco que voy a leer en el congreso.

—Ha expresado usted su preocupación por mejorar nuestro idioma y hacerlo más propio. ¿Qué significa eso frente a la propuesta de hacerlo más internacional?

—En lo personal, que el español sea más o menos internacional no me preocupa. Sí me preocupa que tengamos una lengua de la que podamos utilizar todo el guardarropas, como decía Filloy. Si vos tenés buena ropa interior, buenas camisas, un par de buenos trajes, pero andás todo el tiempo en ojotas y calzoncillos, es un desperdicio. El repetía esta imagen, porque de una lengua con 75.000 vocablos, hace 25 años el lenguaje coloquial empleaba 1500 vocablos. Si proyectamos las cifras hoy andaremos por debajo de los 1000. Basta ver lo mal que hablan las nuevas generaciones y lo pésimo que escriben. Esto es parte de la emergencia cultural nacional, que ha pauperizado todas las expresiones, incluida la lengua, esa primera marca de identidad. Pienso que una sociedad que habla mal no puede pensar ni actuar bien. Lo interesante de este congreso es que ha colocado a la lengua como algo esencial en un país que tantas veces se fascina con banalidades y modas. Quiero que la Argentina vuelva a tener los niveles de castellano y de literatura de la escuela de antes. Hoy los chicos tienen en el secundario cinco años de lengua y no sirve. Eso ha convertido a la lectura en un trabajo forzado.

—Fue usted de los pocos que respaldaron a la subsecretaria Magdalena Faillace y expresó su preocupación cuando comenzaron los conflictos con el III CILE. ¿Qué opina hoy?

—Tengo serias diferencias con la gestión de Torcuato [Di Tella] y Magdalena [Faillace], pero también valoro muchas cosas. Por primera vez veo que una secretaría no funciona como segunda de la ciudad de Buenos Aires. En el interior eso se valora. En su momento había que bajarle el tono al conflicto y decir que eso no era central en la cultura argentina. Quise decir: "No hagamos un papelón". Y hoy creo que vamos a tener un congreso en paz.

—Desde la Fundación Mempo Giardinelli aboga desde hace 10 años por el buen uso de la lengua y por la lectura. ¿Cómo ha influido su labor con los nuevos lectores?


—En un sentido, vemos que en algunos sectores como las abuelas cuentacuentos, las bibliotecas escolares, los comedores, hay un crecimiento en cuanto a calidad y cantidad de nuevos jóvenes lectores. Es pequeño, porque somos una fundación chica. Hay que ver que al despeñarse la sociedad argentina arrastró cifras espantosas en lo sociocultural. Creo que estamos malheridos pero de pie.

*De la Redacción de LA NACIÓN