Fuerza submarina peruana: 99 años operando

Por Alfredo Palacios Dongo


El pasado día 19 nuestra Fuerza de Submarinos cumplió el 99° años desde su incorporación al país. Me cupo el honor de pronunciar el discurso de orden durante la sesión solemne de la Asociación de Oficiales Submarinistas del Perú en homenaje al arma submarina, que el próximo año cumplirá un siglo operando. Esta fecha coincide con el afirmado del pabellón, el 19 de agosto de 1911, de los dos primeros sumergibles, Ferré y Palacios, construidos para la Marina en los astilleros franceses Schneider de Chalons Sur Saone, iniciándose una tradición submarinista, que por el profesionalismo y desempeño de sus tripulaciones, ha alcanzado una importante reputación a nivel continental y mundial.

 


Los primeros sumergibles fueron reemplazados, entre 1926 y 1927, por cuatro submarinos tipo “R”, y éstos a su vez, entre 1954 y 1957, por cuatro tipo “Sierra”, integrándose además en 1975 dos unidades tipo “Guppy”, y entre 1974 y 1983, seis unidades de origen alemán tipo “209” ―los BAP Islay, Arica, Angamos, Antofagasta, Chipana y Pisagua―, considerados en esa época entre los submarinos convencionales más avanzados del mundo y convirtiendo a nuestra arma submarina en la primera de Sudamérica.

Desde su creación, la Fuerza de Submarinos, como parte de nuestro poder naval, ha contribuido a la defensa y seguridad nacional. En todos los conflictos o situaciones de tensión presentados, los submarinos se han desplegado ejerciendo su capacidad disuasiva, y estando listos para ejecutar cualquier operación efectiva.

Sin embargo, de los doce submarinos con que contó la Marina durante 9 años ―entre 1983 y 1991―, éstos se han reducido a seis ―tipo “209”― que vienen operando un promedio de 30 años y bordeando el límite de su vida útil. Este escenario es parte de una situación de falta de decisión política para repotenciar nuestras FF AA, y por los reducidos presupuestos que afectan y menoscaban su capacidad operativa, entrenamiento y capacitación del personal, limitando el mandato constitucional de garantizar la soberanía e integridad de la República.

Bajo este panorama, es importante considerar la repotenciación del arma submarina, la que además de requerir menores costos en operación, mantenimiento, entrenamiento, y en personal, sus características de sorpresa y ocultamiento constituyen un implícito y verosímil poder disuasivo. La flexibilidad operativa del submarino para desplegarse y permanecer oculto por períodos prolongados en cualquier área marítima, obligan a las fuerzas contrarias a un accionar y esfuerzo considerablemente mayor de medios, restringiendo severamente su libertad de acción. Expreso, 21.08.2010.