Fujimori-Montesinos: sociedad de capo-mafiosos

por Herbert Mujica Rojas

No son pocos los esfuerzos por disociar una figura de la otra, mejor dicho, un figurón del otro, el delincuente Kenya Fujimori pretende hacer creer que su sociedad criminal, galvanizada por lo avieso y repugnante de sus violaciones contra los derechos humanos y los recurrentes, múltiples e innumerables asaltos al erario nacional vía todas las formas posibles de robos, cometidos al alimón también por el otro capo mafiosi, Vladimiro Montesinos, halló hoy una coincidencia, ante un juzgado que habrá de darles la única sentencia posible y decente: pena perpetua tras las rejas. Ambos hicieron negociados desde la cumbre de sus antiguos poderes y hoy son otros los que aprovechan —¿curioso no?— de esta alianza indisoluble de hampones que los dos protagonizan.


El caballazo que en Perú gracias a abogángsteres se llama concesión con nombre propio, contrato con dedicatoria, préstamo con tácitos recipendiarios, comodatos por 60 años y luego dicen que no son tales, sino tan sólo la mitad ¡30 años!, tuvo durante la era Fujimori-Montesinos uno de sus picos más desvergonzados y letales contra el país. Los empresarios, en su mayoría fenicios y oportunistas mamones de dineros ajenos, otorgaron su respaldo y complicidad a la dupla y hoy se lo dan a quien esté en el gobierno, basta que administre desde Palacio en nombre de sus intereses, casi siempre serviles a las transnacionales, sin pudor ni pizca de construcción de una mentalidad y ejecutoria modernas y nacionalistas.

Importa poco qué diga Montesinos o qué retruque Fujimori. ¿Quién pronunciará la verdad? ¿o será que ambos, cuando se culpen, tengan razón? Reza el dicho que la sartén le dice a la olla: ¡no me tiznes! En esta historia de suciedad sin atenuantes, estos dos delincuentes son parte visible de una estafa contra Perú.

A alguna gente, la más primitiva, aquella que cree que el fin justifica los medios, casi siempre perversos, le conmueve la situación de Kenya Fujimori y le brinda su simpatía. Con ese criterio, no importa ¡cuántos crímenes se cometan, sino los resultados de esas acciones! Entonces disocian, mañosamente, del cuadro rateril a Montesinos y le singularizan. ¡Cómo si fuera posible divorciar al nipón cobarde del ex asesor depresivo, en la comisión de sus monras y exacciones contra el destino histórico del Perú!

Años atrás, desde Liberación, bajo la indiscutible dirección de César Hildebrandt, escribimos no pocos testimonios de repulsa, condena y denuncia contra esta sociedad de mafiosos que fue el tándem Fujimori-Montesinos. Entonces, habían pocos combatientes contra aquél gobierno. Ese diario, es la primera vez que confieso una certeza que tengo desde hace mucho, el bitinto Liberación, tuvo un papel de ariete demoledor y contundente. Tanto que si no hubiera existido el periódico, habríase tenido que inventarlo.

Los capo mafiosi Kenya Fujimori y Vladimiro Montesinos se encontrarán hoy en el hedor que sus almas negras tienen dentro de sí. ¿Aprenderá el Perú, cuánto le costó haber dejado pasar tanta infamia en nombre de la modernización concesiva y la falta de dignidad cívica de partidos débiles, con líderes huidizos, de periodistas venales muy bien rentados y de empresarios y embajadas al servicio de la corrupción, el monumental y gigantesco precio que han tenido que pagar las actuales promociones peruanas por tanto desmán de una década?

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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