Evo Morales y su intromisión en asuntos peruanos

Por Alfredo Palacios Dongo           


Las relaciones entre Perú y Bolivia, dos pueblos de historia y cultura comunes que formaron parte del Virreinato de Lima entre los siglos XV y XVIII y que participaron juntos en la Guerra del Pacífico a fines del siglo XIX, se han presentado tradicionalmente positivas y basadas en marcos de integración binacional y vinculados a relaciones y acuerdos de visión estratégica para el fortalecimiento de nuestro mutuo desarrollo político, económico y social.


Sin embargo, desde que Evo Morales asumió el gobierno en enero de 2006 ha ido descartando las políticas de integración y sustituyéndolas por políticas de poder fuertemente influenciadas por Venezuela y Cuba, incluyendo la suscripción en La Habana de “acuerdos populares” como de la Alternativa Bolivariana para América (ALBA), que con la careta de programas sociales y humanitarios han adoctrinado e incitado a la subversión y violencia en Puno.

Desde junio de 2007, durante la XVII Cumbre de la Comunidad Andina (CAN) en Tarija, el presidente boliviano patentizó sus profundas diferencias ideológicas y sobre temas comerciales y de mercado con nuestro país, y días antes de su visita oficial al Perú, el 1 de agosto de dicho año, demostrando su falta de tacto político, criticó públicamente al presidente peruano por su posición neoliberal en la CAN y la negociación del TLC con la Unión Europea.

La intromisión de Morales se intensifica en mayo de 2008, al procesar el Perú una extradición de su asesor Walter Chávez por pertenecer al grupo terrorista del MRTA, acusando al presidente García de liderar junto con la CIA un complot contra Bolivia. Luego arremetió contra el TLC Perú-EE. UU. por, según él, violar normas jurídicas andinas y dar un golpe más a la integración. Inclusive en junio de 2008 llegó al colmo de instar a los peruanos a revelarse contra la presencia de supuestas bases militares de EE. UU. en nuestro territorio, motivando la presentación de un informe de nuestra Cancillería a la OEA.

En mayo pasado, al otorgar el Perú asilo político a tres ex ministros bolivianos requeridos por la justicia de su país, la respuesta de Morales contra su par peruano fue furibunda, acusándolo de “proteger delincuentes” y que “su actitud es una abierta provocación a nuestro país”. Su impertinencia e intromisión en nuestros asuntos internos llegó al extremo de acusar al Perú de haber presentado a La Haya su demanda marítima contra Chile con el fin de obstaculizar acuerdos entre Chile y su país para lograr su salida al mar. Por último, en el cenit de su entrometimiento ha calificado de “genocidio” a los hechos ocurridos el 5 de junio en la Amazonía, en la provincia de Bagua.

Las intromisiones del presidente Morales en nuestros asuntos internos que han incluido burlas e insultos al presidente García, y por ende a nuestro país, han sobrepasado todo límite diplomático permisible y han llevado las relaciones Perú-Bolivia a su peor momento histórico. Se ha llamado a consulta a nuestro embajador en Bolivia por dos veces en menos de un año; hemos presentado varias protestas formales; se ha determinado que Morales ha estado incitando la violencia en la Amazonía y se le ha identificado como “enemigo del Perú”.

En este panorama, en defensa de los intereses, soberanía y dignidad nacional, es obligación del gobierno repensar seriamente en el endurecimiento de nuestras relaciones diplomáticas, o en su ruptura en caso que el gobierno boliviano mantenga sus intolerables formas de intromisión contra nuestro país.

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