Andrés Townsend Ezcurra: a quince años de su partida

por Herbert Mujica Rojas


Olvidado, más bien borrado, de la historia oficial de su partido, el Apra, un político, decente y creativo, Andrés Townsend Ezcurra, amante fidelísimo de su “Tierra Santa”, Chiclayo, partió a la eternidad un día como hoy de 1994. Siguiendo la peruanísima como execrable costumbre de obliterar antes que interpretar y analizar y superar los yerros pasados, tirios y troyanos se hacen los bobos y silencian cuanto se refiera a uno de los fundadores de la FAJ en 1934. Lucir ignorancia solo envilece y enaniza y ni siquiera los que han “ganado” lauros con libracos o con su memoria, tienen arrestos reivindicadores con aquél. El miedo y el temor no producen, más bien idiotizan.


La limpieza en la cosa pública fue blasón y signo distintivo de Townsend. La política tiene que ser digna, no hay otra forma de concebirla y practicarla. De lo contrario se vuelve vil negociado culpable. ¿Cómo entender hoy la posible privatización de los penales con un pobre diablo sospechoso de crímenes a cargo de la cartera? ¿no es un escándalo que se pretendan negociados con los hospitales y por décadas de contratos non sanctos? ¿por causa de qué y de quiénes se ha dado marcha atrás en el magnífico proyecto del megapuerto en la Isla San Lorenzo? ¿que, hay que esperar la dádiva minera que sigue contaminando, tierras y comprando conciencias de mercenarios con asiento en el gabinete ministerial

Escucho, cada día más, y por parte de ayer enconadísimos adversarios de Townsend, que ellos y no don Andrés, fueron los equivocados. Hoy confiesan haber creído  una mentira masiva que produjo lo que hoy es la extinción cuasi virtual de lo que fuera esperanza y por momentos gloria del movimiento popular de protesta en calles y plazas. Doyme cuenta entonces de cómo y por dónde va el sentimiento: pesar pero impotencia. Hacer y organizar son, en política, virtudes infaltables y para ello la limpieza y la bona fide, amén de las ganas incansables de ganar en buena lid, son pasaportes ¡indispensables! ¿Cuántos hoy pueden exhibir diáfana hoja de vida y no prontuarios?

Los atisbos admonizadores que emitiera públicamente Townsend a partir de la controvertida asamblea que eligió como candidato a Armando Villanueva en 1979, resultaron verdad maciza e innegable a posteriori. En 1980 Fernando Belaunde ganó los comicios por un margen de más de 700 mil votos. Por lo menos eso confirmó que el Apra, que tenía todo para ganar, de modo nacional y luego de la muerte de Haya de la Torre el 2 de agosto de 1979, se había equivocado. ¡Y de qué manera!

En el 2003 escribí:

ATE: a nueve años de su partida

Se me ocurrió una noche de 1974 pedirle a Víctor Raúl Haya de la Torre que fuera a mi colegio a dar una charla. El Viejo sonrió y me dijo: “voy y luego te botan y la dictadura tiene el pretexto que necesita para decir que estoy soliviantando a los escolares, vamos a hablar con Andrés Townsend que es un excelente orador.” Contesté: “pero si yo no lo conozco”, “no te preocupes, dijo Haya, yo te lo presento”. Y así fue y don Andrés llegó por mi querido Colegio América y salió luego de un rico diálogo entre aplausos atronadores. Hoy, hace 9 años que partió como polvo en viaje a las estrellas ese peso pesado de la política nacional que fue Andrés Townsend Ezcurra.

Los recuerdos se agolpan, la emoción asciende y los años, sin perdonar a nadie, siguen pasando. Puedo decir, desde la atalaya de más de 40 años, que tuve la suerte de conocer a políticos limpios, integérrimos y batalladores por sus verdades y por lo que ellos consideraban la lucha por un Perú madre y no madrastra de sus compungidos hijos. Entre estos centelleaba ¡qué duda cabe! don Andrés Townsend.

Debo confesar que fui uno de sus alumnos, el peor de todos. ¡Cuántas calaveradas, de esas que desquician al más templado, debió soportarme don Andrés! Siempre con paciencia y tino pedagógico me enseñaba y corregía. Por lo menos aprendí a redactar con alguna fortuna y él es responsable, al igual que el genial Crose (Carlos Roose Silva), que esté metido en estas avenidas peligrosas peleando centímetro a centímetro contra la incomprensión y la mentecatería de los delincuentes o de quienes, por tener dinero y poder real, se creen en el derecho de dictar el guión de la vida del resto de los peruanos.

Injustamente olvidado por su partido, el Apra, don Andrés fue un hombre valioso y un fiel colaborador de Víctor Raúl. Hay piezas maestras que traslucen su estilo, de belleza buida (como alguna vez dijera otro ilustre recientemente desaparecido, Nicanor Mujica) y que interpretan momentos cenitales de la política peruana, como aquel profundo mensaje que leyó Haya de la Torre al inaugurarse la Asamblea Constituyente de 1978. O cuando las exequias del viejo león trujillano frente a las puertas del Congreso el 5 de agosto de 1979 y fue entonces que Townsend le decía al dínamo Víctor Raúl: “fuiste más presidente que muchos presidentes y te fuiste en olor de multitud como transcurrió toda tu vida”.

Hoy se habla de la integración latinoamericana como un deber ineluctable de la política continental. Y los jóvenes, sobre todo, ignoran que en la Constitución de 1933 hubo un artículo que prohibía a los partidos de “organización internacional” y que uno de ellos fue proscrito, sus militantes zaheridos o asesinados, por creer en la unión latinoamericana. Uno de los gonfaloneros más entusiastas y lúcidos de este fenómeno fue Andrés Townsend. A su concurso fundacional se debe la creación del Parlamento Latinoamericano y una placa conmemora su recuerdo en 1964 en el Congreso del Perú.

Hoy cuando el 95% de los políticos son bufones de muy poca especialización, barruntos torpes de cualquier zafarrancho que no de arte o negociación, las estrellas lejanas pero presentes de hombres como Andrés Townsend, brillan con luz incenescente. Vivo con su recuerdo y en el cariño que prodigué a sus enseñanzas fraternales múltiples. He olvidado las desavenencias y los baches.

¡A tal señor, tal honor!