Herbert Mujica Rojas

En Perú la influencia enorme que ejercen los así llamados “grandes estudios” de abogados, carecen de base en las leyes. Estas, miles en nuestro país, poseen importancia relativa. El billete tuerce leyes, dicta o corrige sentencias, santifica a delincuentes y regala negocios al por mayor.

 

estafador

 

¿No son los grandes estudios los que promueven prescripciones tributarias para que los pagantes (empresas mañosas), eludan su obligación con el Estado peruano?

En las privatizaciones de muchas empresas del Estado y a precios viles ¿no figuran como columna legal los estudios de abogados que más parecen bandas?

Los dueños de grandes estudios delegan en sus colegas, las visitas a jueces, las relaciones públicas en los tribunales y son capaces de legalizar que llueva para arriba.

¿Quién no ha visto desfilar a los personeros de los grandes estudios en todas las dependencias donde supuestamente se debe administrar justicia?

Años atrás, en un informe oral, el abogado (de estudio grande), de la parte acusadora llegó a la sala con un bulto a la cintura que delataba claramente un arma de fuego. Nadie le tuvo miedo y mi defensor, el prestigioso penalista Guillermo Olivera Díaz, barrió el piso con aquel sujeto.

¿En qué se basa el éxito de los grandes estudios?

La respuesta es sencilla: a más dinero con qué pagar, más cerca de una sentencia favorable.

No hablamos de justicia. El dinero compra resultados, no pocas veces aberrantes, pero es la ley no escrita que trata con guante de seda a genuinos criminales, estafadores, cacos despreciables pero que poseen y practican la regla de oro.

Como recordará el lector: quien tiene el oro impone la regla.

El tramado de influencias se ha tejido durante años y generaciones.

Importante sí la red de amigos que comparten asistencia a clubes exclusivos, lugares en que exhibir patrimonio es obligatorio, amén de haber pertenecido a colegios de élite y veraneo en playas con casas lujosas.

Hay abuelos, hijos y nietos en la fiesta de hacer su propia justicia. Mejor dicho, la que compra el dinero.

Verbi gracia: a roba-gallinas los sepultan por años en la cárcel. Pero a los parlamentarios, exjueces, funcionarios de alto nivel, el billete les compra la libertad y desvergüenza con que se expiden y con insolencia manifiesta.

Cuando los abogángsteres o pillos, se adueñan de la cosa pública y privada, no hay justicia posible sino aquella que fabrican los dólares, euros o cualquier otra moneda fuerte que compra a jueces adecuados, periodistas venales, políticos sucios y autoridades metidas hasta el tuétano en el reino de la corrupción que es el Perú, de sur a norte, de este a oeste.

El cogollo de estos grandes estudios casi nunca es cuestionado. Es al revés: se cita su intervención, a veces exitosa, como referencia del caso tal o cual.

Si llegan a perder, tampoco devuelven el dinero del cliente. Y como conocen los entresijos privados de los pagantes, tienen armas poderosas para atajar en seco a los muy reclamones.

Como suele ocurrir en Perú, hay grandes estudios con trabazones intensas en los altos niveles de la sociedad.

¿Querría decir esto que los trabajos sucios (cautelares, descerrajes, violencia telefónica, postal o virtual contra los clientes), no los hacen los grandes estudios?

No es exacto. Hay subcontrata de otros bufetes más pequeños, con menos figuración frívola pero que cuentan con hampones y matones que deberían estar en la cárcel. Pero no, se los “necesita” para “garantizar” que se paguen las deudas.

Los grandes estudios tienen la tarifa de jueces y secretarios y saben cómo exigir los resultados apetecidos. Las autoridades corruptas ingresan a círculos viciosos sin importar lo que digan o preceptúen las leyes.

La antiley o la antinomia de ésta, es creada, administrada y regulada por los grandes estudios a quienes no importa la historia, la tradición, la decencia o cualquier comportamiento que no se adecúe a las “exigencias” del cliente.

¿Cómo se explica el lector que rateros, estafadores, criminales impúdicos que se exhiben con boato, estén libres y no presos tras las rejas?

La sociedad corrupta permite que todo esto suceda porque el imperio del billete sucio compra a granel y a fondo. Espectáculo que comprueba espantada la juventud.

Y van algo más de 200 años de independencia. Aunque la corrupción, hasta hoy, sea invencible.

Muy difícil refutar a González Prada: “El Perú es un organismo enfermo, donde se aplica el dedo, brota el pus”.

 

16.06.2023
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