Herbert Mujica Rojas

La duda es una forma del comportamiento nacional. Hesitar sin decidir o esto o aquello, una excusa muy censurable. Ni chicha, ni limonada.

 

dudas

 

En lugar de escoger caminos o rutas, las que fueren, nuestros políticos, empresarios, periodistas, hombres públicos, gobernantes, parlamentarios, se guarecen en la incertidumbre y la apellidan: reflexión.

¿Qué reflexión pueden tener quienes nacieron básicamente negados para sumar dos más dos? El dilema hamletiano de to be or not to be, no pasa siquiera por un momento fértil en la imaginación de estos bobos. ¡Es que that is the question!

Ante la muda observación que esconde actitudes censurables, el ministerio más poderoso del Perú, el de Transportes y Comunicaciones (MTC), guarda silencio vituperable ante la II pista incompleta que entregó, semanas atrás, la concesionaria del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, Lima Airport Partners (LAP).

Otro tanto Ositran, el organismo encargado del fiel cumplimiento del contrato de concesión del AIJCH, que calla frente a una pista incompleta, una torre de control que ahora funciona 3 horas y cuyas lunas presentan un reflejo peligroso para la aeronavegación. Irónicamente: dos silencios indignan más que uno.

El Estado peruano aguanta de todo: que le entreguen una pista de aterrizaje incompleta, que la torre de control funcione apenas 3 horas, que las lunas puedan ser elementos perturbadores en las operaciones aéreas.

Más aún, este gobierno recibió las obras parciales como integrales. Si usted va a un grifo y pide gasolina por S/ 100, deben expenderle combustible por ese monto. ¡Y si le cargan menos, se reclama con justo derecho!

La concesionaria que el 2001 ganó la concesión del AIJCH con una empresita de apenas S/ 10 mil soles de capital social, está feliz y tiene un equipo muy grande de comunicadores que impulsan controles de daños pero que tampoco tienen respuestas salvo que ese lenguaje enrevesado, típico de las burocracias, pretenda hacerse pasar como científico.

¿Y qué hay del seguro contra terrorismo que tampoco ha pagado LAP, por el valor de US$ 200 millones y que es motivo más que suficiente para la rescisión del contrato?

¡Silencio, solo eso y falta de vergüenza de las autoridades! Mudez de los políticos mediocres y profunda ignorancia de las colectividades políticas.

Los días que pasaron dimos información escrita sobre el caso de IMARPE (Instituto del Mar Peruano) que tiene decretada su reorganización hace 3 años y ahora, para demorar la indispensable reforma, se reclama el ROF (Reglamento de Organización y Funciones). ¿Presión de las grandes pesqueras o desde el ámbito militar?

Entrevistamos a un conocedor del tema, Marcos Kisner y nos dio un panorama preocupante sobre esta parálisis en la reorganización radical del IMARPE. Es más y que no es broma, subrayó que hay un artículo que preceptúa que el jefe de IMARPE debe ser un alto oficial en retiro de la más alta graduación de la Marina de Guerra del Perú.

La pregunta es simple y directa: ¿ser marino equivale a ser un conocedor y científico sobre la ciencia que versa sobre el mar? En ninguna parte del mundo se practica este absurdo.

Es un deber, a veces incomprendido y jamás apoyado, comunicar algunas ideas, no sé si las mejores, en torno a fórmulas que alentarían un nuevo modo de ver las cosas y el florecimiento de una actitud distinta y decidida.

Pensando en el país, en su gente, en su historia, en su contexto geopolítico, en los niños, en los que están y en los que se fueron. Sin embargo, más allá de las respuestas que como fórmula cortés he recibido, ¡nada de nada!

No pretendo, con la fatuidad del pavo real, decir que tengo la piedra filosofal, pero sí caminos claros, alamedas de entendimiento y, sobre todo, disposición para un diálogo enriquecedor, valiente y capaz de aprender del yerro y de sostener el ideal de victoria. ¿No es esto acaso lo que se demanda en cualquier propuesta de calidad total humanista?

Escuchar a estúpidos cuyo único afán es ganar dinero sin construir plataformas del más eficiente beneficio para las mayorías, es desperdiciar minutos y horas. Acudir a citas sosas para oír salmodias y discursos de cómo todo va muy bien pero que son incomprendidos, un ejercicio deleznable.

Dudar es cobardía de pusilánimes. Dudar es hacerse el ciego, sordo y mudo, en un país que necesita, acción organizada, militancia política constructiva y un periodismo libre de sueldos corruptores y compradores de conciencia.

Dudar es, en suma, una de las grandes taras cancerosas que padecen muchos peruanos. Y ningún diploma, mención honrosa o presea metálica podrá disimular semejante fiasco por quienes deberían ser sus líderes. Si no están a la altura del cometido, su lugar es la cárcel o cualquier otro sitio.

¡Pero no robándole la esperanza al hombre común de la calle!


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01.07.2023
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