Herbert Mujica Rojas

Un proceso de ascensos cuestionado, con claros signos de amiguismo y preferencias, con la chance, luego de superadas las dos primeras etapas, de elevar a 12 las vacantes para embajadores, cuando el número inicial era de 8.

 

Torre Tagle

Una cantidad enorme que no se condice con las necesidades actuales del servicio diplomático. En la actualidad hay más de 100 embajadores en actividad, muchos de los cuales no tienen puesto. Las embajadas en el exterior deben ser peleadas a muerte entre ellos. Hay que pasar por las horcas caudinas de congraciarse con el poder de turno para que les den una embajada o un puesto en Lima.

Muchos de ellos se encuentran como “asesores”. Además, no todos los puestos en el exterior son cubiertos por ellos.

Podría configurarse una emisión inorgánica de embajadores. ¿Sorprende que en Torre Tagle quieran ascender a tan alto número de embajadores? Surgen las preguntas directas: ¿Será para favorecer a los protegidos de la actual argolla? ¿Y qué harán con los que no tienen ubicación?

Como se sabe, un grupo de misiones diplomáticas está a cargo de embajadores políticos y otras son asignadas a diplomáticos de rango menor, como es el caso de las embajadas en Cuba, Argelia, Noruega, Trinidad y Tobago, entre otras.

Relaciones Exteriores es un ministerio que, de un modo u otro, ha logrado marcar distancia del resto de carteras. Inventaron sus propios mitos (después de Ytamaratí, Torre Tagle) y aunque sólo ellos se lo crean, gestionaron un aura de secretismo y discreción al que sólo podían ingresar los de casa y los amigos de las sucesivas argollas al mando.

En la comisión de ascensos que tiene algo menos de 7 integrantes, por lo menos 4 de aquellos son hijos o parientes de embajadores. Si la lógica vale, es aquí donde se demuestra: aquellos que tengan parentela de “alto” nivel, tienen alfombra roja. El resto es del proletariado.

Hasta hoy nadie sabe qué hizo la misión diplomática peruana que estuvo en China cuando la génesis del covid. ¿Transmitió información, fue eficaz en la prevención para cuando llegara al Perú la pandemia?, ¿hay documentos que prueben acción real, dinámica y de gran urgencia entonces?

El pretexto de asuntos reservados con que se designa a los temas álgidos en la Cancillería, hace largos años que ha perdido su eficacia, si es que alguna vez la tuvo. Complots, zancadillas, trampas han sido moneda común en este ministerio del amiguismo y simpatías colaterales.

Las relaciones exteriores han sido zarandeadas por decisiones que nos aislaron del resto de países latinoamericanos y tampoco se tiene mayor conocimiento qué hace este portafolio ante la invasión china. Sí se sabe que cuando debió haberse puesto firme y apoyar las salvaguardas contra las baratijas textiles de ese país, Torre Tagle claudicó y no hizo nada.

El jefe del Gabinete y la misma presidenta asistieron a eventos y cumbres y las fotos e imágenes dan cuenta de la soledad impresionante, de uno y otra. A la hora de los apretones de manos, tan solo se agarraba aire y un desdén más que evidente del resto de jefes de Estado.

¿No pudo Cancillería prever el festival de hielo con que se gratificó a ambos miembros del Ejecutivo? Esta clase de asuntos son imperdonables.

Cancillería es un ministerio que, como todos los demás, recibe recursos del tributo que pagan los millones de peruanos. La ciudadanía tiene derecho a ser bien atendida con sensatez, cortesía, equilibrio de los funcionarios que no son más que simples empleados: de Embajador a portero.

Por tanto, también hay derecho a reclamar una acción dinámica, creadora, valiente de Relaciones Exteriores en defensa de la soberanía del Perú. Los representantes diplomáticos no sólo deben ser eximios catadores de vino, sino activísimos gestores de oportunidades de negocios para el Perú. Piezas presentes en todos los foros, declinando el ocio y la falta de producción.

Cualquier reingeniería en Torre Tagle deberá contemplar el examen exhaustivo de quienes fueron sus titulares, funcionarios más importantes y el cese de las viejas dinastías que protegen a sus miembros, hijitos y nietos, junta votos favorables para cualquier coyuntura, con los ascensos y a los que no son amigos, los tiene 8, 10, 15 años con la puerta cerrada. ¿O no es así?

Las argollas cuando sus integrantes son peones grises, sin mayor inteligencia, nulos de cualquier brillo, hacen de todo para persistir en los mandos. En este caso, sin mayor justificación con un gobierno que tiene sobre sí el estigma de casi 70 muertos a balazos.

 

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