POLÉMICA: DISTRITOS ELECTORALES UNINOMINALES



Por: Carlos Ferrero


Se viene diciendo que los problemas de representatividad del Parlamento se resolverían disminuyendo el tamaño de los distritos o circunscripciones electorales para que los ciudadanos tengan contacto más directo con sus representantes, y además se forme un Congreso de sólida mayoría con únicamente dos o máximo tres partidos.


Grave equivocación. Si se estableciera que en Arequipa, donde se elige a 5, o en Piura, donde se elige a 6, estos departamentos se dividiesen en 5 o 6 distritos, ello significaría que en cada uno de tales distritos electorales se elegiría solo un representante.

Así ocurriría que en Arequipa el partido más votado ganaría todos los distritos. Lo mismo pasaría en Piura, donde el partido más popular ganaría una por una todas las circunscripciones. El resultado sería que ni en Arequipa ni en Piura quedaría sitio alguno para cualquiera de las otras 6 o 10 listas que normalmente compiten.

En el Congreso de hoy los dos grupos más grandes —36 del Apra y 22 del Partido Nacionalista— suman la mitad del Parlamento (58). Los otros seis grupos son prácticamente el 50% restante. Si proyectamos este cuadro a un Congreso uninominal el 2011, resultaría que seis de los ocho grupos ahora en el Parlamento quedarían fuera. Dicho de otra manera, si el total de votantes será 18 millones, entonces 9 millones de peruanos no tendrían ningún representante.

Si hacemos una proyección sobre la base de tres partidos nacionales “grandes”, de todos modos cuando menos un tercio de peruanos se quedaría sin representación.

En un país como el nuestro, heterogéneo y multicultural, resulta contraproducente reducir la representación a solo dos o tres partidos. Porque la democracia se basa en la igualdad y esta se expresa directamente en la proporcionalidad según la cual el tamaño sí cuenta, pero rige tanto para los grandes como para los chicos.

Nunca podrían ser iguales en derechos los 9 millones que sí logran colocar sus representantes, con los otros 9 millones que no consiguen representación alguna.

Por otro lado, aquello de que un congresista en vez de representar a todo un departamento, es mejor que solo represente una zona de esta, carece de justificación porque, por ejemplo, representar a 200 mil en vez de 800 no tiene por qué purificar ni mejorar automáticamente la calidad representativa que no solo se expresa en el peso numérico de la delegación. Tampoco lo hará el hecho de que el Congreso próximo tenga 10 representantes más, ni menos aun si los distritos fuesen binominales, porque aunque en otra dimensión el problema subsistiría.

En el caso singular de Lima, donde sí podrían darse 5 distritos electorales de 7 representantes cada uno, por lo tanto con espacio para minorías, lo que correspondería evaluar es cuál sería exactamente la ganancia en la representatividad del conjunto.

Elevando a 65 o a 130 los distritos electorales no se mejorará la representación del Congreso en el Perú. La solución va por un camino distinto que explicaremos en otra oportunidad. Lo que nunca debe hacerse es eliminar la proporcionalidad que es inseparable de la democracia o pretender concentrar las opciones políticas de manera forzada, en una nación que precisamente por ser heterogénea no debe ser políticamente excluyente, sino al contrario, lo más incluyente posible.

[*] Ex presidente del Congreso

El Comercio, 11.01.2010
http://www.carlosferrero.org/