Cómo subsidiamos un oligopolio

Por Patricio Ortega

Cuando hablamos de subsidios pensamos en la extrema pobreza, en programas como Juntos, ¿verdad? Pero ¿qué tal si subsidiamos a los más ricos? Eso es precisamente lo que hacemos con el oligopolio financiero que controla los bancos en el Perú. Sepa aquí cómo sucede.

El año pasado, los bancos privados cerraron sus balances con utilidades récord, superiores a los 4,000 millones de soles, mientras que en 2003 la cifra fue de poco más de 670 millones, según datos de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS). La mejora económica del país en estos años explica en parte el crecimiento de los bancos, así como el proceso de bancarización. Sin embargo, hay otro factor que definitivamente tiene influencia en el fenómeno: el spread o diferencial.

Los bancos tienen muchos mecanismos para ganar dinero, pero el más importante es la diferencia entre los intereses cobrados en los préstamos y los intereses pagados en los distintos tipos de depósitos. Ese margen se denomina spread, y en el Perú es altísimo.

De acuerdo al Banco Mundial (BM), a datos de 2010 la tasa de interés activa (créditos o préstamos) en el país tenía un promedio del 19%, y la pasiva (lo que el banco le paga a sus ahorristas), del 1,5%. La diferencia entre ambas cifras es del 17.5%, y explica a grandes rasgos el margen que le queda a los bancos entre lo que pagan por los depósitos y cobran por los créditos.

Si se toman los datos del BM y se realiza una especie de deprimente tabla de posiciones entre los países con mayor spread del mundo, el Perú se situaría en la décima posición. Países como Haití, Honduras, Venezuela, Sierra Leona y otros tantos con serios problemas económicos e inestabilidad política y social tienen un spread más bajo que el nuestro.

Si algún escéptico piensa que esos datos carecen de validez porque son de 2010, lamentablemente estará equivocado, pues la razón no varió sustancialmente. Al 11 de abril de este año, la SBS informaba que la tasa de interés pasiva promedio era del 2.40%, mientras que la tasa de interés activa promedio se sitúa en el 19.18%.

Si el promedio se traslada a la realidad, siempre de acuerdo a la información de la SBS, una persona que deposita 10,000 soles a plazo en un banco privado puede recibir, a lo sumo, un 8% de intereses en un año. Si esa misma persona solicita un crédito de 10,000 soles, pagaría tasas que pueden trepar hasta el 98%, dependiendo de las condiciones que el banco le imponga.

Desde la teoría, un spread alto implica riesgo económico. Es decir, los bancos no tienen confianza en que los ciudadanos cumplan con sus obligaciones, y por ello suben los intereses de los créditos y bajan el de los depósitos, porque esperan un alto nivel de morosidad. Sin embargo, el crecimiento reciente y las perspectivas indican que el Perú no es un país riesgoso, sino todo lo contrario, se ha transformado en un país previsible, que proyecta confianza y atrae inversiones. Entonces, si no da indicio de riesgo y las ganancias son récord, ¿por qué el spread es tan alto?

Poder financiero

Si determinas la tasa de interés, determinas prácticamente toda la actividad económica, dijo el economista peruano radicado en México, Óscar Ugarteche, a IDL-Reporteros. El economista se refirió al hecho de que el crédito es una herramienta fundamental para apuntalar el consumo, base de cualquier sistema capitalista, pero además sienta las bases para la inversión local. Si las tasas son altas, las posibilidades de los empresarios –sobre todo, como veremos, de los medianos y pequeños– de financiarse mediante créditos para invertir en proyectos productivos, son escasas por lo oneroso y poco competitivo del crédito.

De acuerdo al espíritu de la ley peruana, las tasas deberían autorregularse, en base a las leyes de oferta y demanda. Sin embargo, la casi inexistente regulación, ha llevado a una concentración oligopólica del sector financiero que distorsiona la libre competencia que dice defender el sistema. Los balances de 2011 difundidos por la SBS explican no sólo las utilidades netas, sino a quiénes pertenecen esas ganancias. De los 4,332 millones de soles de ganancias netas que generaron todos los bancos privados, cuatro empresas se llevaron el 89.96%. El Banco de Crédito del Perú (BCP) fue el que más utilidades netas acumuló, con 1,438 millones, y luego el BBVA Continental, con 1,128 millones. Scotiabank ganó 788 millones e Interbank 540 millones.

Si se tienen en cuenta sólo los primeros tres bancos, el indicador sería de 77.47%. En 2003, los tres primeros absorbían el 79.56% de las utilidades. Evidentemente, la relación no cambió mucho pese al crecimiento económico, aunque hoy Scotiabank se haya posicionado como tercera fuerza, desplazando a Interbank.

El superintendente de la SBS, Daniel Schydlowsky, admitió que “a largo plazo, un sistema monopolizado no es estable”, y por ello el Estado debe trabajar para mejorar la competencia.

Sin embargo, confesó que la premisa de la SBS es “velar por la estabilidad del sistema, para garantizar los depósitos de los ahorristas”, aún si ese sistema es oligopólico. Con algo de resignación, Schydlowsky manifestó que en el Perú no hay leyes regulatorias: “Para bien o para mal, el marco legal del Perú es un mercado en el que las tasas de interés se fijan libremente. No hay marco regulatorio que se limite a fijar las tasas, no hay concepto de usura a nivel de las actividades comerciales”. Ugarteche fue más contundente: el sistema peruano “es un oligopolio concentrado” y por lo tanto “casi no hay competencia”.

Además del spread, la falta de regulaciones y la concentración provocaron otra distorsión en el sistema, que perjudica la competitividad de las pequeñas empresas y plantea inconvenientes a los ciudadanos para acceder al crédito. Hay una discriminación perversa en los hechos, en la cual los grupos con más dinero pagan mucho menos por el crédito que los empresarios medianos y pequeños. La SBS formuló seis grandes conjuntos, e informó sobre las tasas promedio para cada uno de ellos en los últimos 30 días. Al 11 de abril, los créditos al sector corporativo tenían una tasa de interés promedio del 6.11%, mientras que las grandes empresas obtenían préstamos al 7.03%. La relación iba creciendo, a medida que el grupo de análisis era menos poderoso, económicamente hablando: las medianas empresas pagaban tasas del 11.06%; las pequeñas empresas, del 23.18%; las microempresas abonaban un promedio de 32.79% y el sector consumo un 35.84%. Es decir, un pequeño empresario paga casi cuatro veces más por sus créditos que una corporación. Y un microempresario seis veces más. Párrafo aparte para los créditos hipotecarios, con tasas del 9.41%.

Las “Pymes tienen muy poco crédito y muy caro. La falta de crédito las hace menos competitivas. Tienen que autofinanciarse y eso es muy limitante”, consideró Ugarteche.

Una fuente de una entidad estatal, con profundo conocimiento del tema, que pidió mantenerse en el anonimato, explicó a IDL-Reporteros que las diferencias de las tasas entre los distintos grupos económicos se producen debido a un “subsidio” de los más pequeños a los más poderosos. En otras palabras, los pobres subsidian a los ricos: cuanto más pobres, más subsidian y cuanto más ricos, más subsidiados son. Como el sector corporativo tiene la posibilidad de “acudir al mercado de capital y vender bonos en vez de pedir prestado”, los bancos están forzados a reducir sus tasas para atraer a los grandes clientes. Esa concesión hace que las empresas financieras efectúen “una  especie de subsidio, subiendo las tasas de interés de los pequeños clientes, que no tienen otra opción para conseguir dinero”, y así mantener sus márgenes de ganancias.

Ugarteche mencionó otra causa que explica el elevado spread: la urgencia de las empresas trasnacionales para explotar a los mercados emergentes ante la desaceleración en los países centrales. BBVA, banco español dueño de Continental en el Perú, reportó beneficios superiores a los 1,000 millones de euros durante 2011 en América del Sur, un 16.2% más que en 2010. México produjo beneficios por 1,741 millones de euros, un 5.4% más que en 2010. En el mismo período, el mercado español del BBVA, donde se encuentra la casa matriz, se contrajo en un 39.5%.

El economista peruano advirtió además que la tasa activa en el Perú es demasiado elevada. “Si consideras que la inflación estuvo alrededor del 4%”, y la tasa de interés activa promedio supera el 19%, “entonces ahí hay una percepción de riesgo demasiado alta”, estimó. Para el autor de La Arqueología de la modernidad, hay una voracidad desmedida por parte de los bancos, y una ausencia absoluta de control del Estado. Si los bancos obtienen el dinero mediante los créditos del Banco Central e interbancarios, con una tasa alrededor de un 4%, y por los depósitos pagan intereses en algunos casos cercanos al 1%, pero por los créditos exigen tasas altísimas, “entonces lo que tú tienes ahí es un robo a mano armada”, sentenció.

A diferencia de Ugarteche, un funcionario de la SBS expresó una posición claramente favorable a la situación actual. El superintendente adjunto de Estudios Económicos de la SBS, Javier Poggi, rechazó cualquier relación entre el elevado spread y la concentración bancaria o la falta de regulación, y optó por enumerar las presuntas particularidades del mercado financiero peruano para explicar el fenómeno, en evidente contradicción además con el titular de la SBS.

Poggi sostuvo que la enorme diferencia entre las tasas activas y pasivas encuentra correspondencia en el riesgo y el gasto operativo. Existen, para Poggi, “dos elementos importantes: por una parte, el riesgo que implica prestar a ciertos segmentos” que están entrando al sistema en una economía informal y “un costo administrativo”, porque son los bancos “los que tienen que salir a buscar al cliente”. De tal modo, el funcionario de la Superintendencia concluyó que “la medida comparativa en el Perú no debería ser plata que pagas en el crédito, plata que cobras en el depósito, sino que habría que incorporar riesgos y costo administrativo”, aunque no explicó por qué países similares al nuestro, como Colombia o México, tienen un spread menor.

Desde la perspectiva de los consumidores, IDL-Reporteros consultó a Paúl Castro, presidente del Consejo de Asociaciones de Consumidores y Usuarios del Perú (Conacup), una organización que engloba a 75 asociaciones de defensa del consumidor, que recientemente denunció a seis bancos por publicidad engañosa. Castro mencionó un artículo publicado por la revista América Economía que estima que “el sistema bancario del Perú es uno de los más lucrativos que existen en la región”. Rechazó además el argumento de que el spread es alto porque existe un elevado riesgo de no pago: “la tasa de morosidad llega apenas al 1.25%”. Para el activista, el quid de la cuestión es la concentración. Actualmente hay muchos bancos privados, “pero todos sabemos que de ellos solamente cuatro manejan más de un 80 por ciento del mercado”, y por lo tanto tienen el poder de aplicar las tasas arbitrariamente.

¿Cómo enfrentar el problema?

Las cifras y las declaraciones de los especialistas no dan lugar a dudas: existe una distorsión en el sistema bancario que genera un spread excesivamente alto, con consecuencias sociales negativas, sobre todo en el perjuicio para la competitividad de los emprendedores emergentes, los medianos y pequeños.

Identificado el problema, llega el momento de reconocer las soluciones. En general, los especialistas consultados rechazaron la posibilidad de establecer un interés máximo, para definir qué es usura y qué no lo es, y se inclinaron por aplicar políticas que fomenten la competencia. Schydlowsky afirmó “no tener miedo a los controles” sobre la tasa de interés, pero prefirió evitarlos. “Antes de llegar a eso, es preferible agotar otras instancias. Y si nada ha funcionado y hay una situación intolerable, que no es el caso, se hace”, opinó, pero reconoció su preocupación porque “una economía sana debe tener un mercado de inversión competitivo con tasas reales positivas, pero no tan altas”.

El economista de la Universidad del Pacífico, Carlos Parodi, opinó que “es tarea del Estado generar mayor competencia a través del ingreso de nuevas entidades financieras para que el entorno más competitivo disminuya tasas”. Ugarteche, por su parte, partió desde la refutación de la ausencia de regulaciones estatales: “la autorregulación de este mundo moderno dice: yo soy el dueño de la pelota, yo pongo el árbitro, el arco… ¿con quién juegas? Contigo mismo. Esa fue la reforma del 1992”, opinó Ugarteche, que hizo referencia a la nueva ley orgánica del Banco Central de Reserva del Perú, sancionada por el Decreto Ley 26123 del 30 de diciembre de 1992. El economista  rechazó la posibilidad de establecer una tasa máxima, pero sí de incrementar el control y la regulación sobre los bancos, para crear una competencia más limpia.

Castro también se refirió a la competencia, pero no rehuyó a la posibilidad de que se defina una tasa máxima para determinar la usura. “En  otros países, como Francia o Colombia, se hace y no hay problemas. No veo cuál es el miedo”, indicó.

En resumen, es indiscutible que en el país existe una fuerte concentración del sistema financiero, que establece arbitrariamente las tasas ante la impotencia reguladora de un Estado que no cuenta con herramientas ni la voluntad política para corregir los oligopolios.

Las diferencias en las tasas activas y pasivas, y aún la disparidad de los intereses para los distintos grupos económicos marcan un camino que  profundiza las desigualdades.