Oportunidad histórica: la refundación de Petroperú

Con integración vertical

Por Jorge Manco Zaconetti (Investigador UNMSM)

Desde el 9 de agosto del presente PetroPerú la principal empresa del país tiene un nuevo directorio presidido por el ing. Humberto Campodónico Sánchez, ex decano de la facultad de Ciencias Económicas de la UNMSM, y conformado por los economistas Fernando Sánchez Alvabera ex ministro de energía y minas, y Germán Alarco Tosoni investigador de Centro de Negocios de la PUC, el ing. José Robles Freire ex director de la DGH, el abogado Ramiro Portocarrero Lanatta y el sindicalista Juan Castillo More. Este directorio será responsable de las principales decisiones que deberá adoptar la petrolera estatal en el próximo quinquenio para hacer realidad su modernización y fortalecimiento.

 

Hemos señalado en un artículo anterior la presencia de distintas petroleras estatales de terceros países que operan eficientemente y rentablemente en el Perú, tales como Petrobras, Ecopetrol, Enap de Chile, Sapet de China, Sonatrach de Argelia, KNOC de Corea del Sur, etc. De allí que constituye una necesidad su modernización para una positiva regulación en el mercado de combustibles, por estrategia nacional de desarrollo, alcanzar la seguridad energética, maximizar su rentabilidad y acumulación interna, más razones ambientales.

El nuevo directorio tiene la obligación histórica de promover la integración vertical de las diversas actividades petroleras que van desde la exploración, explotación, refinación, transporte, distribución mayorista y minorista. Este será un proceso difícil, paulatino que exige la necesaria voluntad política de los gobernantes para capitalizar a la petrolera estatal, fomentando las asociaciones público/privada, los joint ventures, donde el riesgo corresponda al capital privado, pues PetroPerú todavía no tiene las espaldas financieras suficientes para invertir 20 o 50 millones de dólares en la perforación de un pozo exploratorio, actividad que conlleva un alto riesgo.

¿CÓMO SUPERAR LA PRIVATIZACIÓN FRAGMENTADA?

Lamentablemente la privatización fragmentada de PetroPerú iniciada en los primeros años de la década de los noventa del siglo pasado con la entrega de los llamados “campos marginales” al sector privado, no solamente significó la fractura de la unidad técnica material de las diversas operaciones que tenía PetroPerú, transfiriendo filiales rentables como Solgás, Transoceánica, Petromar, Terminales.

Se debe tener presente que no solamente se transfirieron al sector privado lotes petroleros con reservas probadas, las mismas que fueron subvaluadas en su momento por falta de inversiones para convertir las reservas probables y posibles en reservas probadas.

En un proceso privatizador auspiciado por el Banco Mundial y el FMI, con altas dosis de corrupción, el país perdió la capacidad de acceder a la renta petrolera, percibiendo solamente regalias e impuesto a la renta de la actividad; donde los resultados exploratorios estimados en la perforación de pozos exploratorios que conllevan riesgo han sido absolutamente mezquinos.

Así, en la década de los noventa del siglo pasado y en la primera década del presente siglo el promedio de pozos perforados era de casi cinco pozos por año, cuando en la década de los setenta con PetroPerú como contratante se perforaraban en promedio veinticinco pozos por año y en los años ochenta un promedio de diecinueve pozos exploratorios.

Con la privatización también se transfirió la principal refinería del país “La Pampilla” en 1996 a un ridículo precio a la transnacional española Repsol/YPF (185 millones dólares) suma que recuperó en menos de tres años, pues como unidad de Petroperú antes de su privatización generaba utilidades antes de impuestos del orden de 600 millones de dólares.

Al margen de las diversas unidades transferidas al sector privado, se descapitalizó a PetroPerú con la privatización del “capital humano” de decenas de ingenieros y técnicos que fueron a laborar en diversas empresas del país y del mundo petrolero. También constituyó una versión malsana de este proceso, el despido de cientos de trabajadores de la empresa, muchos de los cuales fueron reasorbidos en el mercado laboral mediante políticas de contratación o services con menores salarios.

La descapitalización de capital humano en PetroPerú constituye un aspecto soslayado en los análisis de la privatización y sus efectos. Ello significó que PetroPerú invirtió miles de horas-hombre en la formación de excelentes técnicos que despliegan sus capacidades en empresas petroleras que operan en el país y en el mundo tales como de Venezuela, México, Estados Unidos, Arabia, Argentina, etc.

Esta privatización del “capital humano” debe ser superada mediante las alianzas estratégicas que pueda forjar PetroPerú con la petrolera de la Universidad Nacional de Ingeniería (Unipetro), que dicho sea de paso abona las tasas de regalias equivalentes más elevadas en el mercado, conjuntamente con acuerdos con las facultades de ingeniería de petróleo y geología de las principales universidades del país, para reconstruir la unidad o departamento de exploración-produccción que antes tenía PetroPerú.

Una prueba de la elevada capacidad técnica y productividad de sus trabajadores lo demuestra la ampliación de la capacidad refinera de Conchán efectuada en la década pasada. La partida de nacimiento de esta pequeña refinería data desde los inicios de los años sesenta cuando tenía como principales accionistas al grupo Prado y a la transnacional Chevron. Su capacidad de refino era de 9 mil barriles diarios, y como unidad de PetroPerú desde 1974 resultaba el complemento de La Pampilla, mas desde los años noventa del siglo pasado privilegiaba la producción de asfaltos, que tienen un mercado asegurado en Bolivia y en la construcción de las redes carreteras del Perú.

Por ello, ante la supuesta imposibilidad técnica de ampliar sus operaciones cxon los plqanos originales, fueron los técnicos de PetroPerú los que hicieron posible el aumento de la capacidad de refino a casi 15 mil barriles diarios con una minima inversión que fue rápidamente recuperada. Esta gran obra de ingeniería lamentablemente no ocupa las primeras páginas de la prensa pero expresa la capacidad de una empresa al servicio del país.

En el mismo sentido la refinería de Conchán en el mes de Julio pasado antes del discurso presidencial, se ha conectado al gas natural de Camisea disminuyendo significativamente sus costos de energía en la refinación lo cual representará mayores utilidades para PetroPerú y para el país.

EPÍLOGO

La nueva administración tiene el desafío de alcanzar la integración vertical de PetroPerú mediante una asociación en participación con las diversas empresas privadas en los lotes cuyos contratos están cercanos al vencimiento. También deberá apostar por la continuidad del proceso de modernización de la refinería de Talara que implicará el tratamiento de crudos pesados, la unidad de desulfurización y la ampliación de la capacidad de refino.

En el mismo sentido, la integración vertical supone la participación de PetroPerú en la distribución minorista con estaciones de servicios propios en especial de gaseocentros en provincias si es que de verdad se aspira a la masifiacción del gas natural.

Sin embargo, tan importante como la integración vertical es la limpieza moral que debiera efectuarse en PetroPerú, de allí lo signficativo de restaurar el comité de ética y de las buenas prácticas empresariales donde la transparencia sea una práctica cotidiana. El estigma de los “petroaudios” y la mala imagen de la empresa estatal se supera con resultados: con mayores utilidades, mejores precios y combustibles de calidad al servicio de los consumidores.                       

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