Los biocombustibles y el hortelano


Por Humberto Campodónico


En el 2008, el Perú importó alimentos por US$ 1,700 millones, siendo los más importantes la soya (para el aceite), el trigo (pan y fideos) y el maíz (para el pollo). De enero a noviembre del 2009 se importaron US$ 1,200 millones. La baja se produjo, sobre todo, porque cayeron los precios en el mercado internacional.


El alza de los precios internacionales de los alimentos en el 2008 (debido a la especulación financiera) provocó un fuerte aumento de la inflación (6.6%), lo que motivó, de un lado, que se opinara que la economía estaba “sobrecalentada” y, de otro, que el presidente García trajera al ministro Valdivieso, leñador del FMI, para que reduzca el presupuesto a hachazos. Lo que hizo a toda viada.

En el 2009 el Perú comenzó a importar biodiesel, porque así lo manda la Ley 28054 de Promoción del Mercado de Biocombustibles, que establece que el 2% del diesel que se vende en el país tiene que ser biodiesel, mientras que el 98% restante sigue siendo petróleo. A partir de este año la gasolina entra a la danza, ya que el 7.8% tendrá que ser etanol (que viene de la caña de azúcar), mientras que el 92.2% restante será petróleo.

Esta política parte de un supuesto teórico: como los biocombustibles contaminan menos que el petróleo, su sustitución implica consumir combustibles más limpios. Pero, ojo, esa es la teoría porque existen estudios científicos que dicen que para producir el etanol o el biodiesel se consume energía contaminante (tractores, ingenios, fertilizantes, entre otros) que hacen que al final el biocombustible  salga tas con tas con el consumo de petróleo, o que solo sea ligeramente positivo.

Lo que sí es seguro es que la Ley 28054 ha creado un mercado obligatorio y cautivo para los biocombustibles, en las proporciones señaladas. Y ese mercado está impulsando importantes negocios. Según Maximixe, en el 2009 se importaron 469,000 galones de biodiesel por US$ 52.4 millones, lo que abasteció el mercado en un 84%. El precio de importación promedio fue US$ 111/barril, lo que resultó más caro que el precio promedio del diesel en el 2009, que fue de US$ 85 por barril.

Así, los usuarios están pagando más. ¿Quién se beneficia? Ni más ni menos que los exportadores norteamericanos que, de un lado, están subsidiados por su gobierno y, de otro, entran al Perú con arancel cero por el TLC con EE. UU.

Pero como este año ya entran los campos de Industria del Espino (Grupo Romero va a producir el 49%), Heaven Petroleum (el 41%) y Pure Biofules (el 10%), el gobierno, vía Indecopi, ya le puso una sobretasa al diesel importado para que puedan hacer frente al subsidio gringo. Asombra la rapidez con la cual los “biodieseleros” locales lograron esta corrección contra la competencia desleal, pedido que los productores nacionales de hilados y confecciones han hecho en múltiples oportunidades (contra el subsidio chino e indio). Pero ellos no son Romero, pues.

¿Y qué pasa con el etanol de la caña de azúcar? Pues hasta el momento hay un solo productor, la Empresa Agrícola del Chira, del Grupo Romero, que en diciembre del 2009 realizó su primera exportación de 6,320 TM a Holanda por US$ 6.2 millones. ¿Es que en el 2010 va a vender en el Perú? No. Dice Maximixe que “la empresa tendría comprometido casi el total de su producción del 2010 para la exportación que generaría ventas por US$ 85 millones” (www.maximixe.com). ¿Se importará etanol, entonces?

Y aquí volvemos al principio. ¿Puede un país importador de alimentos usar la tierra, no para alimentar a su gente, sino para exportar combustibles al extranjero y no producir alimentos sino combustibles más caros que todos pagamos? ¿Es que un país puede darse el lujo de no tener una política de soberanía alimentaria justo cuando las tierras escasean a nivel mundial y los precios de los alimentos pueden volver a subir en cualquier momento? Sí, porque estamos en el Perú, en la tierra del hortelano.

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