El bombardeo de Chorrillos

por Juan Carlos Flórez Granda(*); Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En la historia de la pasada guerra declarada por Chile en 1879 existen varias acciones que merecen siempre ser recordadas, sobre todo cuando éstas, por más pequeñas que sean, se engrandecen frente a la superioridad bélica del enemigo. Es el caso del bombardeo que sufrió el pueblo de Chorrillos el 22 de setiembre de 1880 por parte del blindado chileno “Cochrane” armado con 6 cañones de 250 libras y de unos cuantos cañones de campaña peruanos de bajo calibre que hicieron retroceder al enemigo para ponerse a buen recaudo e intentar infructuosamente lograr su objetivo.

Historia.-

 

 

El 13 de setiembre de 1880 la goleta chilena “Covadonga” se fue a pique en el intento de subir una barcaza que estaba anclada frente a la costa de Chancay. El móvil fue atraer la atención del comandante de este buque, Pablo de Ferrari, como efectivamente se logró, e ignorando este una orden general emitida a toda la escuadra enemiga donde se indicaba que “el buque de guardia no reconocerá ninguna embarcación sin permiso del buque insignia, i si encontrase alguna sospechosa la traerá, sin aclararla, al costado del buque Almirante i a distancia de dos cumplidos de buque”[i][1], acercó la presa después de varios intentos fallidos por destruirla, ordenando subirla después de hacerla revisar.

 

 

 

El resultado de esta acción fue la activación de un mecanismo explosivo ideado por los peruanos Manuel Cuadros y Constantino Negreiros, abriendo un forado en la nave chilena hundiéndola casi instantáneamente, ahogándose su comandante y parte de la tripulación.

 

 

 

A raíz de este incidente, en comunicado de fecha 21 de setiembre de 1880, el comandante en jefe de la Escuadra chilena, Galvariño Riveros, emitió un ultimátum al jefe político y militar del Callao:

 

 

 

“…Con motivo de la alevosa celada que ha ocasionado la pérdida de la goleta Covadonga en el puerto de Chancai, he recibido instrucciones de mi gobierno para bombardear los puertos de Chorrillos, Ancon i Chancai, si en el término de veinticuatro horas el gobierno del Perú no ha entregado a esta Escuadra la corbeta Unión i el transporte Rimac.

 

Lo que pido a US. Para los fines consiguientes, previniéndole que si mañana 22 del corriente, a las 12m. no me han sido entregados los citados buques Union i Rimac, se llevará a cabo el bombardeo de los puertos arriba mencionados, sin otra prevención…”[ii][2]

 

 

La respuesta peruana fue contundente:

 

 

“…Callao, setiembre 21 de 1880.[iii][3]

 

 

 

Señor jefe de las fuerzas navales de Chile,

 

presentes en este puerto.

 

 

Señor:

 

 

Acuso a V.S. recibo de su nota de la fecha.

 

 

Mi gobierno, en cuyo conocimiento puse el contenido de su citada comunicación, es de sentir, que teniendo V.S. al frente i en las mismas aguas a los buques peruanos Union i Rimac, puede V.S. venir a tomarlos, si le acomoda; i que el bombardeo de poblaciones indefensas como Chorrillos, Ancon i Chancai, es digno de la manera como Chile hace la guerra; sin que esto pueda tomarle al Perú de nuevo, pues se ha hecho ya fuego sobre Ancon, i Chancay fue bombardeado diariamente, antes de la destrucción de la Covadonga.

 

 

El hundimiento de esta nave, llamado por V.S., alevosa celada, no ha sido mas que la condigna pena que reciben los salteadores en mar i en tierra: ser castigado por su propio crimen.

 

 

Queda de esta manera contestada la vergonzosa intimación de V.S., estrañando de mi parte, que debiendo conocer los quilates del noble corazón peruano, se haya avanzado a suponer que pudiera pasar por tan indigna propuesta.

 

 

De las naciones civilizadas i grandes en carácter, es luchar con lealtad, i no ensayar su saña con poblaciones desarmadas.

 

Honroso sería para V.S. avanzar sobre las fortalezas de esta plaza, i no hacer el simple papel de espectador, en el largo espacio de cinco meses trascurridos desde el establecimiento del bloqueo.

 

 

Dios guarde a V.S.

 

 

L.G. Astete…”

 

 

 

Teniendo la posición peruana, se improvisó artillar el perímetro Morro Solar de Chorrillos con baterías rodantes compuestas de alrededor de 6 cañones, entre ellos cañones Vavasseur. Igualmente en Barranco se hicieron los preparativos.

 

Cabe destacar que en la relación oficial de jefes, oficiales y tropa de la batería de Barranco se puede apreciar la participación oficial de 4 mujeres entre la nómina de artilleros. Sus nombres: Guadalupe Preciado, Mercedes Alegre, Rosario Avalos y Carmen Zapata.[iv][4] Sin duda esto marca un hito en la participación femenina en la historia militar del Perú.

 

 

 

El bombardeo.-

 

 

 

El día 22 de Setiembre el blindado chileno “Lord Cochrane” zarpa del fondeadero de la isla San Lorenzo en dirección al puerto de Chorrillos para proceder al bombardeo pactado por Chile a las 12 de mediodía. El buque iba artillado con 6 cañones de 250 libras, 3 en cada banda y se sitúa frente a la bahía.

 

 

 

Una crónica de lo sucedido escrita por el Sr. Julio Octavio Reyes publicada en “La Opinión Nacional” nos da luces de cómo la población miraba este suceso:

 

 

 

“…Mucha gente principiaba a invadir las alturas, especialmente las inmediaciones del Salto del Fraile.

 

 

Algunos han cometido la imprudencia de quedarse en la ciudad.

 

 

En muchas de las propiedades neutrales se ven sus respectivas banderas.

 

 

La autoridad de policía, el comisario, señor comandante Tirado, recorre a caballo la población.

 

 

El Cochrane, mientras tanto, se aguanta mui afuera i frente a la caleta que se halla al costado del Salto del Fraile, i el Tolten a unos 80 metros de la punta Sur hácia Chorrillos.

 

 

Momentos ántes ambos buques habían cruzado, tanto frente a la población como por el lado Sur, como estudiando el fondeadero i la bahía, pero siempre a una gran distancia.

 

 

Son las 12 m. i se oye un disparo de cañón hecho en el Callao, i es sin duda por el buque almirante chileno, porque el Cochrane y el Tolten principian a moverse, aunque mui lentamente.

 

 

El último se abre hacia el Noroeste i el primero avanza hacia la caleta que se encuentra entre el Salto del Fraile i la punta de Chira.

 

 

Ha pasado un cuarto de hora y el Cochrane, aumentando su andar avanza siempre en la misma dirección.

 

 

Se encuentra ya tan cerca de nosotros, que desde la altura en que nos encontramos vemos a simple vista sus tripulantes sobre cubierta, corriendo de un lado a otro.

 

Parece que su objeto no es otro que virar después para doblar el Salto del Fraile, avanzar al centro del fondeadero hasta colocarse frente a la población i romper desde allí sus fuegos.

 

 

Son las 12.23pm. i el Cochrane ha roto sus fuegos, no sobre la población.

 

 

El proyectil ha caído a unos cinco o seis metros frente a nosotros.

 

 

La nube de tierra que ha levantado nos ha cubierto por completo, lo mismo que a 10 o 12 personas que se encuentran a nuestro lado.

 

 

Unos muchachos empleados de nuestro diario quedan sin vista por el momento por la cantidad de tierra que les ha cubierto los ojos, i nosotros, agazapados i cubiertos por la tierra, aguardábamos el estallido de la bomba, pero por fortuna éste no tuvo lugar.

 

 

 

Como el mogote o lomada en que cayó era de una tierra fofa, de la calidad de la arena, no encontró resistencia el proyectil y no estalló.

 

 

Después de los primeros instantes de tribulación, aquello presentaba un cuadro originalísimo: uno buscaba un bastón, otro el sombrero, una pobre mujer del pueblo su manto, i otros bajaban mientras subían otros, porque no se creían seguros.

 

Las mismas carillas en que teníamos nuestros apuntes sobre las evoluciones de los buques enemigos, junto con el lápiz, las encontramos cubiertas por la tierra.

 

Los chilenos principiaron, pues, su bombardeo, haciendo fuego sobre un grupo de ciudadanos indefensos.

 

 

I no se crea tampoco que trataron de hacer fuego por elevación, porque en tal caso se hubieran retirado mucho mas i el proyectil habria sido lanzado por mayor altura.

 

No hubo, pues, otra cosa que un acto de refinada perversidad, propio de esa canalla.

 

Minutos después, el blindado continuó haciendo fuego sobre el Morro i otras veces a la ciudad por elevación.

 

 

Después de hacer fuego, jeneralmente enfilado, daba su máquina atrás i otras viraba para descargar las baterías de sus costados, dejando salir a veces hasta dos proyectiles casi simultáneos.

 

 

También se colocó por mucho rato en la punta Norte de Chira, i desde allí hacía fuego sobre el Salto del Fraile.

 

 

El Tolten, después de cada disparo del Cochrane le hacía a este señales, manifestándole sin duda donde caían sus proyectiles, pues se veía que en seguida los rectificaba.

 

 

A las 2:34pm. el Cochrane hizo su último disparo i continuó su viaje al Callao a contarle sin duda a su Almirante que lo de Chorrillos no es tan suave como lo pensaban.

 

 

¡Qué decepcionados van a quedar en Chile cuando sepan que Chorrillos, lejos de estar reducido a cenizas, ha contenido a su poderoso blindado!.

 

 

Concluyamos felicitando a S.E. el Jefe Supremo de la República.

 

 

Nuestras felicitaciones se hacen también estensivas al señor Secretario de Marina, que durante el combate permaneció en el Morro..

 

 

Como seis u ocho proyectiles del Cochrane fueron recojidos hoy aquí.

 

 

Como se sabe, son del calibre de 300 i bastante largos…”[v][5]

 

 

 

Se utilizaron en total 84 granadas disparándose a una distancia variable entre 3500 y 4000 metros de la costa. Según el parte chileno del comandante Juan José Latorre[vi][6], solo 13 proyectiles impactaron en la ciudad sin mayores daños y los restantes se perdieron en el mar, como narra el parte peruano, y/o se activaron en el Morro.

 

 

 

Este combate de costa puede considerarse un triunfo para el Perú porque, a pesar de la superioridad chilena, teniendo cañones de 250 libras, frente a cañones de campaña de mucho menor calibre, fuera de no acertar ni lograr el objetivo deseado por el alto mando chileno, la pequeña fuerza peruana respondió con eficacia logrando impactar al blindado chileno y haciéndolo retroceder. Una semana más tarde, el 30 de setiembre de 1880, se inauguraría en la cima del cerro “Salto del Fraile”, la batería “Mártir Olaya” en honor al prócer chorrillano.

 

 

 

A 130 años, rescatamos del olvido este hecho de armas que sirve de ejemplo a las futuras generaciones, mereciendo ser recordado cada año porque representa el inicio de la defensa chorrillana con la participación conjunta de todos sus habitantes en el marco de la guerra que Chile nos declaró en 1879.

 

 

 

(*) Director del SEHCAP

 

 


[i][1] Orden General del 07 de julio de 1880. Guerra del Pacífico. Pascual Ahumada Moreno. Tomo III pág 447.

[ii][2] Boletín de la Guerra del Pacífico. Página 779a

[iii][3] Boletín de la Guerra del Pacífico. Página 779c

[iv][4] Relación oficial de jefes, oficiales y tropa de las baterías de Barranco. El Peruano, viernes 8 de octubre de 1880. No.82.

[v][5] Ahumada, Op. Cit., T. III, p.480. Detalles completos sobre el bombardeo de Chorrillos, de la “Opinión Nacional”, Lima 22 de septiembre de 1880.


[vi][6] Boletín de la Guerra del Pacífico. Página 806