por Herbert Mujica Rojas

 Cualquiera de los confines, al norte o al sur, al este o al oeste del Perú es patrimonio ineludible, orgulloso y defendible, a todo trance, por cualquiera de los 28 millones de peruanos. No necesitamos pedir permiso ni para transitar o visitor los amplios horizontes del país. Y lo hacemos cada vez que tengamos oportunidad o así nos convenga por razones que NO necesitan mayor explicación que aquella que denota que estamos ¡en nuestro territorio! Si ello coincide con fechas tales o cuales, es un asunto secundario. ¡Por tanto llamar provocación a la visita de un grupo de parlamentarios a Tacna el próximo 5 de abril al sector La Concordia no puede ser llamado provocación ni adefesio que se le parezca! Quien o quienes así piensen son pusilánimes y traidores.
En consecuencia nuestra soberanía es un ejercicio militante tanto sentimental, histórico cuanto que geopolítico y fundamental en un país con cinco fronteras, riquezas inmensas que muchos peruanoides desean regalar o concesionar y un Mar de Grau con sus 200 millas sobre las que el Estado tiene, debe y tendrá que hacerlo, ejercer soberanía y jurisdicción como reza la Carta Magna. Los proditores no tienen lugar en Perú y hay que denunciarlos así sean vacas sagradas fabricadas por los miedos de comunicación.
 Llama un diario provocación a la iniciativa, no original por cierto, del legiferante Juvenal Ordóñez de ir a La Concordia en Tacna el próximo 5 de abril. Podría haber sido mañana 9 de marzo o cualquier otra fecha. ¡No hay más condicionante a la soberanía que ejerce cada quién que su espíritu apegado a principios históricos y defensa de la heredad nacional! Los quintacolumna son sólo eso, miserables enquistados y trabajando para cualquier enemigo.
 No puede ser más abominable el disparate que se esgrime, no tan gratuitamente, para llamar provocación a la visita del 5 de abril. Coincide con el día en que Chile, en 1879, declaró la guerra de invasión que protagonizó contra Perú. ¡Léase bien! El tabloide se llama a escándalo y por razones inconfesables (dignos herederos de aquella sentencia vergonzante: Primero los chilenos que Piérola) pretenden un sacro silencio enmudecido en la vileza de convicciones antiperuanas y que tal acción comporta un reto o un desafío. ¿Y qué? ¿Hasta cuándo derrotados y vendidos tienen que ser tan descarados y socavadores de la nacionalidad?
 Ciertamente, ese mismo matutino es el que brinda loas y espacio enorme a las declaraciones frecuentes en que incurre el peruanoide ministro de Defensa Allan Wagner Tizón, el que habla de una “seguridad cooperativa” que nadie sigue en el resto del continente y que es una ridícula copia de lo elaborado en Washington contra el terrorismo. Ya sabemos cómo y de qué manera considera y aniquila el terrorismo el departamento de Estado norteamericano, pone bombas, mata gente y luego aplica sus negocios multimillonarios. ¡Qué infamia! ¿Podría extrañar que ese mismo funcionario haya nombrado a un traidorzuelo como Fabián Novak Talavera como su segundo de a bordo? ¡Para nada!
 Ocurre que en Perú los blandengues han impuesto su reino hipócrita y de frases y sentencias edulcoradas. Para estas manadas, hablar con voz bronca, diciéndole a los cobardes, cobardes, deviene en falta a la cortesía o a las “buenas costumbres”. Irónico que se considere provocación lo que no es más que una visita que debía concitar una delegación multipartidaria, lógica y de maciza reafirmación que la Patria se defiende y que no se vende. ¡Hay quienes, desde siempre, hasta antes de nacer, viven de espaldas a los grandes designios de un pueblo que tiene que aprender a ser soberano!
 
¿Provocación? ¡Qué majadería tan propia de infiltrados peruanoides!
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