Sin comer-cio internacional con justicia

Por Xavier Caño Tamayo (*)

La Ronda de Doha comenzó en 2001. Reciben tal nombre las prolongadas negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para liberalizar el comercio mundial en beneficio de los países empobrecidos, según lo que se dijo al iniciarla. Un comercio más justo y libre que podría generar unos 100.000 millones de dólares anuales, según la OMC. En la última fase, 35 países han discutido durante nueve días para acordar los recortes de subsidios agrícolas aceptables por parte de los países ricos y los aranceles a la importación admisibles. Tras siete años de negociaciones, el resultado es un fracaso. Los principales motivos de desacuerdo han sido cuánto deben recortar sus subsidios agrícolas Estados Unidos y la Unión Europea (UE), y hasta donde hay que liberalizar los servicios comerciales bancarios. Según los corresponsales de la BBC en Ginebra, el asunto más polémico fue la discusión sobre el ‘mecanismo de salvaguarda’ que proponían India y China, al que Estados Unidos se opuso. Este mecanismo hubiera supuesto que los países empobrecidos hubieran podido incrementar sus aranceles de modo inmediato en caso de importación masiva de productos agrícolas extranjeros.


Estados Unidos dijo estar dispuesto a recortar sus subsidios agrícolas para lograr un acuerdo sobre comercio mundial, pero China, India y Brasil (las llamadas potencias emergentes) debían abrir sus mercados a productos industriales y agrícolas de los países ricos, prácticamente sin límite. Según la ONG Intermón Oxfam, dedicada al desarrollo y al comercio con justicia, los pretendidos recortes de subsidios agrícolas no hubieran supuesto casi nada en el caso de Estados Unidos y para la UE sólo hubieran supuesto una reducción de 2.600 millones de euros de un total de 30.000 millones.

“Los países ricos deberían haber mostrado mayor liderazgo político para reformas comerciales que redujeran la pobreza, pero han defendido sólo sus intereses y han sometido a los países pobres a gran presión para que hicieran concesiones que no tienen cabida en una ronda cuyo objetivo es el desarrollo de los países pobres”, ha denunciado Intermón Oxfam.

Que las propuestas de reducir subsidios agrícolas no eran serias lo demuestra la reciente aprobación en Estados Unidos de una ley que regula las ayudas agrícolas. Esa ley impide la reducción de subsidios en aras de un comercio internacional justo. Aunque los agricultores de Estados Unidos se benefician de elevados precios y tienen ingresos agrícolasPor  considerables (una media de casi 90.000 dólares anuales por granja), el Congreso estadounidense ha aumentado los subsidios agrícolas y ha permitido volver a subvencionar el algodón, subsidio ilegal según la OMC.

Por su parte, Europa insistió en exenciones para su azúcar, carne y leche, al tiempo que negaba de hecho a los países pobres que el comercio internacional pudiera ser medio de lucha contra la pobreza. La UE también pedía concesiones en sus exportaciones a mercados no agrícolas, concesiones que hubieran supuesto consecuencias negativas para los sectores industriales de los países en desarrollo y, por tanto, para sus ciudadanos.

Tras conocerse el fracaso de la Ronda de Doha, Intermón Oxfam indicó que “sería escandaloso sugerir siquiera que los países pobres son de alguna manera culpables de que haya sido imposible llegar a un acuerdo. Si la UE y los Estados Unidos hubieran presentado propuestas a la altura de sus promesas, habría habido acuerdo. Pero han exigido concesiones muy duras de los países en desarrollo como contrapartida por unas reformas bastante ilusorias (...). Las ofertas de los países ricos han sido insuficientes, condicionadas a la concesión de contrapartidas en el comercio de bienes industriales por parte de los países empobrecidos. En situación de precios al alza, como la actual, los países en desarrollo han hecho bien en defender a sus pequeños productores”.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, se preguntaba en un escrito reciente si en el centro de las negociaciones de la Ronda de Doha estaban el desarrollo económico, el alivio de la pobreza, las necesidades de los pueblos y el aumento de oportunidades para los países empobrecidos para lograr un acuerdo de comercio internacional justo.

Por supuesto que no. Una vez más, los países ricos han mostrado su bajeza moral. O cambia la conciencia de los países ricos o nunca habrá comercio internacional con justicia. Ni justicia.

(*) Periodista y escritor