Nagham Salman*

El conflicto sirio lleva meses ocupando las primeras páginas de la sección de internacional de los rotativos de todos los países, además de acaparar los noticieros televisivos y radiofónicos por lo que respecta a la política internacional (concepto que bien podría ser rebautizado como “política de las geoestrategias en conflicto”). En las televisiones árabes, los frecuentes y apasionados debates sobre la cuestión siria, incluso han acabado en alguna ocasión con agresiones verbales e incluso físicas entre los contertulios. Al día de hoy, muchos ciudadanos del mundo y de los países que lo forman, como muchos sirios, se preguntan a diario cómo un pequeño país de Oriente Próximo, con una población inferior a los veinte millones de habitantes y donde las diferentes confesiones religiosas han convivido pacíficamente bajo un gobierno laico, es desde hace más de un año el centro del mundo de forma ininterrumpida. Ese súbito protagonismo en la esfera internacional tiene sin duda una explicación. Muchos expertos y analistas internacionales vienen alertando desde hace meses que Siria es víctima de una guerra mundial localizada, y el concepto “Guerra fría” ha sido rescatado de los anales de la historia. Los dos bloques enfrentados serían, por una parte, Occidente y su núcleo duro anglosajón apoyado por las petromonarquías del Golfo Pérsico, con el sistema institucional de la ONU como brazo político y la OTAN como brazo militar. Y por otra, la mayoría de países pertenecientes a los BRICS y el Consejo de Shanghái, entre los que sobresalen Rusia y China, además de otros países que no se someten a las coacciones imperialistas estadounidenses. Entre estos últimos cabe destacar a Irán, Cuba y Venezuela.

Las últimas reuniones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han dejado huella del profundo e incluso tenso desencuentro entre los dos grandes bloques de países, liderados por Estados Unidos por una parte, y Rusia y China por otra, debido al veto constante de las dos grandes potencias emergentes a una intervención extranjera en Siria.

En el fondo de la cuestión subyace la clave de la política energética del siglo XXI. Los servicios de inteligencia occidentales son conscientes de que la hegemonía mundial y la alta calidad de vida de sus sociedades no podrán ser mantenidas si no se tiene control directo sobre los ingentes recursos naturales que albergan las regiones de Oriente Próximo, el Cáucaso y Asia Central, con lo que se hace imprescindible tomar el máximo de posiciones posibles sobre el terreno, y Siria es la clave para someter a Irán. Por su parte, Rusia y China se resisten a que Occidente controle sus zonas naturales de influencia y los recursos naturales de las mismas, lo que pondría en peligro sus respectivos desarrollos económicos. Sobre el terreno, se han precipitado los acontecimientos desde que se produjera el atentado de la oficina de seguridad nacional y la muerte de cuatro altos cargos de la seguridad siria hace dos semanas, seguida de la entrada masiva de mercenarios desde la frontera jordana el día después en lo que pretendía ser el golpe definitivo al Gobierno sirio. Esta operación lleva la huella de los servicios secretos de varios países, entre ellos Israel y EE. UU, a quienes interesaba eliminar a los líderes militares de Siria desde que Israel fuera derrotado por Hezbollá en julio de 2006. Así lo afirmaron varios medios de comunicación y algunos analistas políticos de prestigio. Y en el mismo sentido pueden interpretarse las declaraciones de Sayyed Hassan Nasralla la semana pasada, cuando afirmó que la mayoría de las armas utilizadas en la guerra de julio 2006 contra Israel fueron sirias y acusó a agentes externos de la preparación del atentado como represalia por el histórico apoyo sirio a Hezbollá y a la causa palestina. A continuación alabó la figura de Asef Shawkat, muerto en dicho atentado, y agradeció su apoyo a la resistencia libanesa y palestina contra la ocupación israelí durante tantos años. La operación bautizada como “Volcán de Damasco” ha significado un duro golpe al Gobierno del presidente Assad, pero no ha conseguido sus objetivos. El presidente, una hora después del atentado, nombró a otro ministro de Defensa que consiguió controlar Damasco en cuestión de días. El foco de la tensión se ha trasladado ahora a la ciudad de Alepo, en el norte de Siria y junto a la frontera turca, donde desde el inicio del conflicto no paran de entrar yihadistas y milicianos de Al Qaeda. Los mismos que queman a los caídos en combate para que no puedan averiguarse sus nacionalidades y que provienen de países musulmanes y de Europa. Estos mercenarios engrosan las filas del Ejercito Sirio Libre, cuyo mayor objetivo es convertir a Siria en una califato islámico donde se aplique la Sharia y no tienen ningún reparo en manifestarlo.

Todos los ojos están puestos ahora en la ciudad de Alepo. Esta importancia no viene solo por ser la capital económica y comercial de Siria, sino porque es la llave estratégica del país y su puerta a Turquía. Toda la oposición siria junto a sus padrinos de los gobiernos árabes y occidentales quieren convertir a Alepo en la “Bengasi siria”1. La contigüidad geográfica entre Alepo y Turquía le otorga una situación estratégica para recibir armas y mercenarios e intentar derrocar al Gobierno. La idea es que, tras una supuesta caída del Gobierno, sea la capital de uno de los nuevos estados independientes según un plan similar al plan que configuró la ocupación francesa en 1934.

Una prueba fehaciente de que “La Guerra Mundial localizada en Siria” puede extenderse en el tiempo es el hecho de que el pasado fin de semana, tras casi seis años de negociaciones, el Tratado de Comercio de Armas ha entrado este fin de semana en una vía muerta. Rusia y EE.UU. se ponen al frente de sus propios gangs y retrasan un acuerdo que ayudaría a poner fin a este negocio miserable, que solo durante el último mes de negociaciones se ha llevado la vida de unos 50.000 seres humanos. Sin duda alguna, el conflicto sirio es una gran fuente de ingresos para ambos países, y sería todavía más lucrativo si el conflicto se extendiera a toda la región. Por otra parte, el Royal United Services Institute (RUSI) (el autor intelectual de la institución militar británica durante décadas) aseguró en un informe que el plan de una intervención militar contra Siria es inevitable y se está preparando en las capitales occidentales, Jordania y Turquía. El profesor Michael Clarke dijo: “Hay guerras que las buscas tú y hay otras que te las buscan, y el caso de Siria está en la segunda”. Los próximos días y semanas son muy importantes, pero lo que es obvio es que un nuevo Oriente Medio se está reorganizando en territorio sirio y en el caso de una eventual intervención militar, que se expandiría a toda la región, los únicos perdedores serían los árabes. El conflicto sirio corre el peligro de “libanizarse”2 y alargarse en el tiempo. Los dos bloques geoestratégicos no están por la labor de pacificar la región, y el pueblo sirio seguirá sufriendo las consecuencias. Del desenlace del conflicto resultará un mundo unipolar con un hegemón reforzado, o un mundo multipolar más igualitario.

* Experta en asuntos de Oriente Medio.


Russia Today en Español, 01-08-2012

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1 Se refiere a la ciudad libia de Bengasi, desde la cual la Unión Europea, con su brazo armado la OTAN, distribuyó armas y reforzó a los opositores a Muammar Qaddafi.

2 Después de varias guerras civiles, en Líbano se ha llegado a una especie de división del país entre cristianos, drusos y musulmanes, que se han repartido el poder en el parlamento. Los planes occidentales prevén dividir a Siria en tres estados, fácilmente controlables por Occidente.

 

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