mario draghi 2Por Xavier Caño Tamayo*

Los fascistas de Amanecer Dorado y grupos o partidos ultraderechistas xenófobos de Holanda, Bélgica y otros países europeos son ciertamente detestables. Son sin duda dignos de todo rechazo; hay que estar alerta, tomar precauciones y procurar aislarlos. Su crecimiento en los últimos años, alimentado por los miedos que suscita la crisis-estafa que azota a Europa, es preocupante.

 

Pero no son el mayor peligro en nuestros días. Es la propia clase dirigente política europea que, al servicio descarado del poder financiero, va hacia el autoritarismo y se carga la democracia. Los Barroso, Draghi, Van Rompuy, Olli Rehn, Merkel, Rajoy, Monti, Samaras, Passos Coelho  y compañía no necesitan a los fascistas tradicionales para formar escuadras de la porra. Por ahora. Ellos desmontan el sistema democrático sin ayuda de fascistas de libro, porque prescinden olímpicamente de la ciudadanía, ni les ocurre escucharla, la ignoran, violan sus derechos y la reprimen con dureza cuando se resiste y protesta. Lo insultante es que, además, pretenden ser defensores de la democracia, cuando lo que hacen es vaciarla de contenido. La reducen a un decorado, a una liturgia, a algo que parece una farsa. A los hechos del último año en Grecia, Portugal, España e Italia me remito. Al aumento de la pobreza y la desigualdad en Europa. A la impunidad de los especuladores responsables de la crisis.

El vaciado de la democracia perpetrado por la clase dirigente política, con la crisis-estafa de la deuda pública como casus belli, acerca a Europa a un autoritarismo real en el que los bárbaros sujetos de organizaciones como Amanecer Dorado en Grecia son por ahora solo una perfomance, mientras los gobiernos ejecutan la violación sistemática de los derechos de la mayoría y convierten la democracia en un chiste.
Algunos medios claman por el auge de la extrema derecha en Europa; tal vez honradamente o acaso agitando el espantajo del fascismo para provocar miedos, Y es verdad que hay que andar con ojo para que no nos sorprendan como en los años treinta del siglo XX. Pero sin perder de vista que los poderes reales (FMI, BCE, Comisión Europea, gran banca...) con la complicidad servil de los gobiernos, asfixian sin piedad a la mayoría ciudadana, sin visos de solución ni salida. Sobre todo en los países del sur de Europa. Ellos son el verdadero adversario y no necesitan camisas pardas o negras para laminar los derechos de la mayoría.

Mientras el memorándum de estabilidad y austeridad, que condena a los estados a la precariedad y a la recesión, se mantenga implacable como objetivo primordial, caiga quien caiga, ¿para qué necesitan a los fascismos la minoría rica y sus cómplices? Ese 1% de ricos privilegiados ya ha desmantelado en su provecho el llamado Estado de Bienestar y ha sacado una gran tajada en plena crisis a costa de cargarse los derechos sociales de la mayoría.

Sigue pues la batalla por ser ciudadanos, no seres desechables, meras cifras o asientos de bancos de datos. Y para ser ciudadanos hay que preocuparse por la república; es decir, preocuparse por lo que es de todos y a todos afecta. Y a quienes tachan de necios y utópicos a quienes defiendan que es posible otro mundo, cabe recordarles que hace un par de siglos quienes estaban contra la esclavitud se consideraban antisociales, locos y peligrosos; y que hace un siglo, las primeras mujeres que reclamaron el voto fueron duramente reprimidas y se burlaron de ellas. Y que hace un siglo y cuarto, miles de trabajadores en Estados Unidos hicieron huelga y salieron a la calle para reivindicar una jornada laboral de ocho horas; fueron reprimidos y cinco, ahorcados. Pero hoy la esclavitud se rechaza universalmente, las mujeres votan y son elegidas y los trabajadores, aunque han de continuar luchando por recuperar todos los derechos que tenían hasta hace unos años, han logrado conquistas irrenunciables. Lo que los interesados o necios consideran hoy utopía irrealizable, de aquí a poco puede tener plena carta de naturaleza.

William Shakespeare dejó escrito que “la hierba crece de noche y, cuando los ricos salen a pasear al día siguiente, ha crecido entre las losas del atrio”. A buen entendedor... Porque el mundo no ha cambiado nunca por la generosidad de quienes han tenido el poder; el mundo ha cambiado por la protesta, la resistencia y la acción de los mandados y explotados: el mundo ha cambiado siempre a pesar de quienes mandaban y tenían el poder. En última instancia, la democracia de verdad no es la meta, es el camino. Mal que les pese.

* Periodista y escritor, Centro de Colaboraciones Solidarias