Los auténticos piratas de los mares



Por José Carlos García Fajardo*

La FAO alerta de que el 80% de los caladeros mundiales están sobreexplotados. El 30% de las especies marinas están por debajo del límite biológico de seguridad. Cada día crece el temor de que no puedan regenerarse. En pocos años, los mares quedarán esquilmados y desaparecerá el sector pesquero como agente económico. Como ya ha sucedido con los caladeros europeos. Desde los mares del Norte, al golfo de Vizcaya, Cantábrico y el Mediterráneo han agotado y destrozado el hábitat de la mayoría de especies. Este agotamiento se debe a la pesca de arrastre con redes kilométricas, los cercos que atrapan hasta a las crías, uso de luces potentes, del sonar, del radar y del servicio de los satélites que buscan vida en los mares para destruirla. De niño, yo oía hablar de la pesca con dinamita en las rías gallegas, con luces y con artes prohibidas.


Por eso nuestras flotas europeas se fueron en busca de ricos caladeros de África, Latinoamérica y Asia. En muchos países se sirvieron de gobernantes sin escrúpulos, de la falta de medios para defender la pesca en sus aguas, o de falsas empresas mixtas que esquilmaban sus riquezas y se servían de una mano de obra explotada y que viven como exiliados en sus propios mares.

¿Acaso no hemos esquilmado los caladeros del Gran Sol, mar de Barents y otros muchos? ¿No es cierto que el 93% del bacalao del mar del Norte es capturado antes de desovar y que, desde 2005, no hay pesca de anchoa en el Cantábrico en un intento desesperado de devolver la especie a niveles de explotación viables?

No se han respetado las vedas, ni los tamaños, ni sus migraciones, ni la regeneración de sus espacios naturales. Hemos arrasado allá por donde hemos pasado, no sólo europeos, sino rusos, norteamericanos, chinos y japoneses, junto a empresas de otros países que pescan, preparan y envasan con sus marcas propias.

Hemos visto el exterminio de gran parte de ballenas y otros cetáceos, aunque el 90% de su carne sirviera para fabricar piensos para cerdos, aves y otros animales. Japón se escuda en la “investigación científica” para cazar millares de ejemplares cada año, aunque sólo utilicen para sus exquisiteces gastronómicas, como sucede con las aletas de tiburón. Los científicos alertaban, organizaciones de la sociedad civil denunciaban y se arriesgaban en la defensa de esos espacios marinos. Pero los gobiernos y los medios cerraban los ojos porque se trataba de los intereses económicos de los más “desarrollados”.

Ahora todos se echan las manos a la cabeza mientras las grandes potencias, España incluida, envían sus flotas de guerra con decenas de miles de marinos y de soldados, aviones, helicópteros, armas y las más modernas tecnologías espaciales para proteger a los corsarios de nuestro tiempo: las flotas pesqueras que esquilman desde hace décadas las aguas de Somalia bajo la farsa de que están en “aguas internacionales”. No hay que olvidar que, en Djibuti, Estados Unidos tiene una de sus mayores bases militares y que el Golfo de Adén es crucial en la estrategia occidental.

Hay pruebas de que han faenado en las cercanías del litoral africano. Los modernos piratas han invadido y esquilmado aprovechándose de la falta de gobiernos y de administraciones eficaces en esos países. La Unión Europea, el G8 y la ONU tienen graves responsabilidades por no ayudar a restaurar la convivencia cívica y política en esos países. Sucede como en países con reservas de petróleo, gas, bauxita, coltan, oro, diamantes y ricas maderas. Les interesa la corrupción de los políticos para seguir actuando como durante las conquistas y las colonias, pero ahora sin la responsabilidad de “Cristianizarlos, Civilizarlos y abrirlos al Comercio”, las tres Ces de la Conferencia de Berlín.

La Comisión Europea pretende atajar un problema derivado de una flota pesquera con exceso de capacidad, unos recursos pesqueros cada vez más reducidos y una enorme demanda. Y no se les ocurre más que crear un sistema de derechos de pesca transferibles, como ha sucedido con la contaminación, como si existiera un derecho a contaminar y a mercadear con esas cuotas de muerte.

Ahora pretenden potenciar la acuicultura para mantener el ecosistema marino y una actividad de la que dependen millones de empleos en la Unión Europea. ¿Acaso los naturales de esos países esquilmados no tienen derechos? Nadie justifica los crímenes de esos piratas actuales que se aprovechan del desastre. Pero es preciso buscar las causas de esa situación antes de anatematizarlos. Enviamos a los soldados para combatir a los piratas de turno, olvidando a los auténticos corsarios al servicio de los intereses de siempre. ¿No habría otro destino más justo y seguro para ese ingente dinero empleado en la custodia de unos buques? Los romanos no tenían ejércitos en todo el limes sino a otros pueblos con los que se habían hecho amigos.

* Profesor Emérito de la UCM. Director del CCS
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