Droga en la política
Omar Quesada


Por: César Lévano


La revista Caretas acaba de revelar que Rolando Quesada, hermano de Omar Quesada (el de Cofopri), estuvo preso por transportar 53 kilos de pasta básica de cocaína y es hoy el mandamás del aprismo en Ayacucho.


Omar Quesada no puede decir: “yo soy su hermano, pero no sé nada”. Porque todo el peso político y criminal de Rolando proviene sin duda de la influencia de Omar, el cuarentón que era la carta brava de Alan García en las pugnas internas del Apra.

Omar, como se sabe, se vio obligado a renunciar a la jefatura del Organismo de Formalización de la Propiedad Informal (Cofopri) cuando se descubrió que éste, en la más informal de las operaciones, había vendido una playa de 300 mil metros cuadrados en menos de cinco mil soles. ¡El beneficiado era otro aprista!

El Apra parece padecer los efectos de una maldición. No sólo es que sus dos secretarios generales estén en el banquillo de los acusados de corrupción. Ambos alegan inocencia, lo cual sólo puede resultar prueba de un cinismo que no se le cocina ni al jefe del partido.

El hecho es que el Apra ostenta el estigma de la corrupción. La mejor prueba es que el propio García no vacila en calificar de “ratas” y “miserables” a quienes, como Quesada y Del Castillo, aprovechan de sus cargos para enriquecerse, abusar del poder y acumular casas y viajes.

La revelación sobre el lazo narco y partidario de Rolando Quesada aparece el mismo día en que se da a conocer un proyecto de ley del Ejecutivo que permitiría disolver partidos que hubieren incluido narcos en sus listas de candidatos al Congreso o los hubieren ubicado en cargos importantes.

La ley, por supuesto, no es retroactiva; pero si estuviera en vigencia, el Apra debería ser disuelta de inmediato. Porque es evidente que Rolando Quesada tiene un cargo importante en Ayacucho. ¿Cómo, si no, puede designar allá empleados de Cofopri y hasta cobrarles cupos?

Rolando Quesada es un búfalo aprista típico y, por lo tanto, peligroso. Ajeno a inquietudes propiamente políticas, su especialidad es la violencia, con ribetes de terrorismo. Denuncias, con pruebas y testigos, revelan cuán peligroso es un poder político que, aparte de injerirse en el narcotráfico, acude a amenazas de muerte, la golpiza y el secuestro.

Por eso hay que colocar el legajo Quesada en el contexto del impulso fascista que desde Palacio asegura que puede decidir quién no será presidente de la República y que ha sido capaz de reclutar a una banda de delincuentes en el vano propósito de destruir a la Federación de Trabajadores en Construcción Civil.

En ese proceso se ubica también la legislación de García y Del Castillo, que otorga impunidad a la fuerza pública que asesine ciudadanos, siempre que lo haga con sus armas de reglamento. La revista Caretas acaba de revelar que Rolando Quesada, hermano de Omar Quesada (el de Cofopri), estuvo preso por transportar 53 kilos de pasta básica de cocaína y es hoy el mandamás del aprismo en Ayacucho.

Omar Quesada no puede decir: “yo soy su hermano, pero no sé nada”. Porque todo el peso político y criminal de Rolando proviene sin duda de la influencia de Omar, el cuarentón que era la carta brava de Alan García en las pugnas internas del Apra.

Omar, como se sabe, se vio obligado a renunciar a la jefatura del Organismo de Formalización de la Propiedad Informal (Cofopri) cuando se descubrió que éste, en la más informal de las operaciones, había vendido una playa de 300 mil metros cuadrados en menos de cinco mil soles. ¡El beneficiado era otro aprista!

El Apra parece padecer los efectos de una maldición. No sólo es que sus dos secretarios generales estén en el banquillo de los acusados de corrupción. Ambos alegan inocencia, lo cual sólo puede resultar prueba de un cinismo que no se le cocina ni al jefe del partido.

El hecho es que el Apra ostenta el estigma de la corrupción. La mejor prueba es que el propio García no vacila en calificar de “ratas” y “miserables” a quienes, como Quesada y Del Castillo, aprovechan de sus cargos para enriquecerse, abusar del poder y acumular casas y viajes.

La revelación sobre el lazo narco y partidario de Rolando Quesada aparece el mismo día en que se da a conocer un proyecto de ley del Ejecutivo que permitiría disolver partidos que hubieren incluido narcos en sus listas de candidatos al Congreso o los hubieren ubicado en cargos importantes.

La ley, por supuesto, no es retroactiva; pero si estuviera en vigencia, el Apra debería ser disuelta de inmediato. Porque es evidente que Rolando Quesada tiene un cargo importante en Ayacucho. ¿Cómo, si no, puede designar allá empleados de Cofopri y hasta cobrarles cupos?

Rolando Quesada es un búfalo aprista típico y, por lo tanto, peligroso. Ajeno a inquietudes propiamente políticas, su especialidad es la violencia, con ribetes de terrorismo. Denuncias, con pruebas y testigos, revelan cuán peligroso es un poder político que, aparte de injerirse en el narcotráfico, acude a amenazas de muerte, la golpiza y el secuestro.

Por eso hay que colocar el legajo Quesada en el contexto del impulso fascista que desde Palacio asegura que puede decidir quién no será presidente de la República y que ha sido capaz de reclutar a una banda de delincuentes en el vano propósito de destruir a la Federación de Trabajadores en Construcción Civil.

En ese proceso se ubica también la legislación de García y Del Castillo, que otorga impunidad a la fuerza pública que asesine ciudadanos, siempre que lo haga con sus armas de reglamento.

La Primera, 29.04.2010