Planteamientos

Inutilidad del 2+2 Perú-Chile


Por Alfredo Palacios Dongo


Cuando en setiembre de 2007 el Perú notificó a Chile sobre la presentación de su demanda fronteriza a la Corte Internacional de Justicia —concretada el 16 de enero de 2008—, este país suspendió su participación en el “Comité Permanente de Consulta y Coordinación Política” (2+2) integrado por los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores. Desde ese entonces el Perú ha insistido en su reanudación pero Chile nunca aceptó. Según el canciller José García Belaunde, los presidentes Alan García y Sebastian Piñera, podrían abordar su restablecimiento durante una reunión “informal” en el marco de la Cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europea (ALC-UE) en Madrid, España, que se inicia este martes 18.


Sin embargo, es necesario aclarar que durante la vigencia del 2+2, creado en setiembre de 2001 por los ex presidentes de Perú y Chile, Alejandro Toledo y Ricardo Lagos, para fortalecer las relaciones bilaterales en los ámbitos de cooperación en política exterior y defensa, sólo se realizaron tres reuniones con resultados absolutamente inútiles e intrascendentes (setiembre de 2001, julio de 2005 y octubre de 2006). Durante la primera reunión, el ex presidente Toledo, en equivocada actitud, expuso a Chile su drástica reducción unilateral de 20% al presupuesto 2002 de Defensa, lo cual no tuvo eco en ese país, pero afectó seriamente la operatividad de nuestras FF AA.

Con la creación del 2+2 se acordó desarrollar una metodología estandarizada de medición de gastos en defensa, pero nunca se inició. Se implementó el Comité de Seguridad y Defensa (Cosede) para evaluar y profundizar medidas de confianza mutua, coordinación y cooperación, y limitación y control de armas, pero Chile simultáneamente iniciaba un proceso sin precedentes de adquisición de armas ofensivas de última tecnología. Asimismo, este país siempre excluyó de la agenda el tema de la delimitación marítima.

Bajo este panorama, con un 2+2 lleno de acuerdos declarativos que no han fortalecido la confianza mutua, que no han logrado activar ninguna metodología de medición de gastos, ni evitar la carrera armamentista chilena, el gobierno debe evaluar su utilidad para definir su reanudación, y no encasillarla ni convertirla en el centro de las relaciones bilaterales. Su fundamento, basado en la convergencia de voluntades políticas de cooperación y transparencia, no tiene sentido tal como está planteado, en entorpecimientos, retóricas, discursos, sin avances, logros, ni definiciones, y donde no existe un mínimo marco de confianza recíproca, especialmente en el ámbito de la defensa. 

Expreso, 15.05.2010