EL caso del general Donayre

¡Que Chile pida disculpas!


Siguen siendo noticia las palabras del general peruano Edwin Donayre. La prensa y medios de comunicación pagados por Chile exigen histéricamente la cabeza del general, porque consideran que constituyen ofensa al país enemigo que usurpa Arica y Tarapacá y en pleno siglo XXI comete latrocinio en tierras de Tacna y en casi 38 mil kilómetros de mar. Para esta prensa venal y mercenaria, los peruanos debemos respetar al país que nos roba territorios, y si ese respeto se hace humillando a militares como el general Donayre, mejor.


Recordemos que lo dicho por el general Donayre —que si los chilenos invaden el Perú hay que devolverlos a su tierra en ataúdes o bolsas plásticas— ocurrió en una reunión a puertas cerradas. ¡Lástima que no lo hizo en ceremonia pública, para encender el ánimo patriótico de los soldados!

El gobierno peruano se apresuró a informar al de Chile que lo expresado por el general peruano era algo dicho a título personal y que no representaba la posición oficial del Perú. Escuchada en Chile esta aclaración de los sirvientes de Lima, los chilenos, enemigos del Perú, han exigido más: la obesa mandamás de La Moneda y su círculo quieren que sus mayordomos en Lima destituyan al general Donayre; no les parece suficiente saber que él de todas maneras deja el cargo el 5 de diciembre.

Esta situación abre varias interrogantes. Hoy 27 de noviembre el diario limeño La Razón hace notar que cuando el general chileno Óscar Izurieta dijo “Chile no tiene entre sus planes invadir a Perú porque lo puede comprar”, frase muy ofensiva contra nuestro país, nadie ni en Lima ni en Santiago se alarmó, les pareció lo más natural del mundo, como si autoridades o personajes chilenos tuviesen el “derecho” de hablar cualquier cosa contra el Perú; lo cual estaba y está vedado a personajes políticos o militares del Perú.

En estos momentos Chile, envalentonado por el monumento al hampón  Arturo Prat que sus lacayos han puesto en la Escuela Naval, está ejerciendo fortísimas presiones en sus sirvientes del Perú para que den de baja al general Edwin Donayre antes del 5 de diciembre, fecha en que le corresponde pasar al retiro. Para los chilenos es importantísimo que sus sirvientes peruanos pongan en evidencia con toda claridad que en Lima manda el gobierno chileno.

Lo correcto es que Chile pida disculpas al Perú por los asesinatos, robo y terrorismo que realizó en la guerra de 1879 a 1883 y que nos devuelva Arica y Tarapacá; ellos —no los peruanos— son los que están en falta por el robo territorial, por la permanente usurpación de nuestros territorios y mar.

Ya vemos los resultados de haber dado tanta entrada para que los chilenos ganen control en la economía del Perú, incluyendo aviación comercial, transporte marítimo, grandes almacenes, minas, etc., etc. Toda esa cantidad y diversidad de inversiones chilenas en el Perú va acompañada de la influencia política de ese país enemigo. En este sentido, debemos recordar lo que dicen los delincuentes chilenos: que su fuerza armada llega hasta donde están asentados los intereses económicos de Chile. Hemos permitido la peligrosa intromisión del caballo de Troya de los capitales chilenos y ya se ve que son un peligro; lo correcto es boicotearlos y expulsarlos de nuestro país, son una amenaza para nuestra seguridad.

Desde el punto de vista político, es necesario que se aclaren las cosas de una vez, porque cuando en las elecciones votamos por un candidato presuntamente peruano, en verdad estamos votando por un testaferro chileno; será mejor que de frente los chilenos candidateen en las elecciones peruanas, así podremos entendernos con los patrones, identificarlos y echarlos, lo cual nos evitará el engaño de depositar nuestro voto en favor de un sirviente de Chile, que puede “trabajar” tranquilo cumpliendo los encargos de su mandante de Santiago.

Si los sirvientes que en Lima ocupan cargos de gobierno para servir los intereses de Chile obligan al general Edwin Donayre a pedir disculpas, lo habrán convertido en un personaje maltratado y humillado, y se demostraría clarísimamente que en el Perú manda Chile, país delincuente.